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Temporada de promesas

Las campañas electorales, se sabe, conforman el escenario ideal sobre el que los candidatos –de cualquier grupo y factor- desgranan su inacabable rosario de promesas, con una mecánica tan básica y elemental como la que suelen emplear los niños cuando se comprometen a terminar la tarea a cambio de una cajita feliz. Claro que, tanto en el acuerdo hogareño como en el político, siempre el premio se entrega antes que el esfuerzo que lo merezca.

El patrón de la vereda

Lo despiertan los golpes que vienen de la calle. Son mazazos pesados y rítmicos que lo sacuden en el cochón y lo obligan a volver a replantearse aquella decisión testaruda. “Tendría que haberle hecho caso a Marta y mudar la habitación a la piecita del fondo…”, se dice.

Manta corta, reclamo prolongado

“Cuando llego a casa te mensajeo así arreglamos para el partido de mañana”, le dice Agustín a uno de sus amigos mientras sale del colegio y se dispone a emprender el camino de regreso a su casa. Está en sexto grado, pero desde que la semana pasada cumplió los 11, sus padres finalmente accedieron al insistente reclamo de volverse solo, como varios de sus compañeros. “Son siete cuadras má. Papá me lleva a la mañana y yo al mediodía me vuelvo caminando ¿Dale?”. El sí surgió a regañadientes y lo habían demorado tanto como habían podido. “Después de tu cumple vemos”, había sido la promesa ambigua, hasta que el “vemos” se convirtió en “bueno, dale”.

Techo de cielo

Su mirada apagada se pierde en el enorme paredón de la vereda de enfrente. Allí no hay nada que le llame la atención. Ni los graffitis de letras desparejas, ni la pintura descascarada, ni el… Techo de cielo

A la luz de la oscuridad

“Edesur buenas tardes, mi nombre es Florencia ¿Número de cliente por favor?” Eso es lo primero que escucha -con la variación del nombre del operador- aquel usuario que se comunica al 0800-333-3787 para reclamarle a… A la luz de la oscuridad

Insomnio artificial

Camina balanceándose en la penumbra. Su silueta maciza y retacona y el aspecto desalineado que arrastra a su paso, recién se advierten cuando se aleja de la oscuridad que generan las copas de los árboles… Insomnio artificial

El presidente fortinero que no pudo ser

“¿Por qué no me pregunta nadie por Provita? No me preguntan porque no les interesa el proyecto”, expresó frente al micrófono Guillermo Armentano y el gesto del rostro se le endureció. El exdirigente fortinero que secundó a Héctor Gaudio en la etapa más gloriosa del club de Liniers (1993-1996) -y que fuera jefe de la custodia presidencial de Carlos Menem- solía ponerse enfático cada vez que se disponía a hablar de su querido Vélez, y su carácter sanguíneo y visceral florecía por encima de sus 74 años.

Al calor de la transa

omo tantas otras veces, inicia su derrotero por Ventura Bosch hasta José León Suárez. Al llegar a la palta, se acerca al árbol, se agacha, y casi sin detenerse deja junto al pasto que rodea al tronco, la lata vacía y una pequeña bolsa anudada, según lo pactado. Ahora la mano derecha se hunde en el bolsillo delantero del jean y la izquierda vuelve a hacer el trabajo sucio, sobre la frente bañada en sudor.