Manta corta, reclamo prolongado
“Cuando llego a casa te mensajeo así arreglamos para el partido de mañana”, le dice Agustín a uno de sus amigos mientras sale del colegio y se dispone a emprender el camino de regreso a su casa. Está en sexto grado, pero desde que la semana pasada cumplió los 11, sus padres finalmente accedieron al insistente reclamo de volverse solo, como varios de sus compañeros. “Son siete cuadras má. Papá me lleva a la mañana y yo al mediodía me vuelvo caminando ¿Dale?”. El sí surgió a regañadientes y lo habían demorado tanto como habían podido. “Después de tu cumple vemos”, había sido la promesa ambigua, hasta que el “vemos” se convirtió en “bueno, dale”.