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Manta corta, reclamo prolongado

“Cuando llego a casa te mensajeo así arreglamos para el partido de mañana”, le dice Agustín a uno de sus amigos mientras sale del colegio y se dispone a emprender el camino de regreso a su casa. Está en sexto grado, pero desde que la semana pasada cumplió los 11, sus padres finalmente accedieron al insistente reclamo de volverse solo, como varios de sus compañeros. “Son siete cuadras má. Papá me lleva a la mañana y yo al mediodía me vuelvo caminando ¿Dale?”. El sí surgió a regañadientes y lo habían demorado tanto como habían podido. “Después de tu cumple vemos”, había sido la promesa ambigua, hasta que el “vemos” se convirtió en “bueno, dale”.

Techo de cielo

Su mirada apagada se pierde en el enorme paredón de la vereda de enfrente. Allí no hay nada que le llame la atención. Ni los graffitis de letras desparejas, ni la pintura descascarada, ni el… Techo de cielo

A la luz de la oscuridad

“Edesur buenas tardes, mi nombre es Florencia ¿Número de cliente por favor?” Eso es lo primero que escucha -con la variación del nombre del operador- aquel usuario que se comunica al 0800-333-3787 para reclamarle a… A la luz de la oscuridad

Insomnio artificial

Camina balanceándose en la penumbra. Su silueta maciza y retacona y el aspecto desalineado que arrastra a su paso, recién se advierten cuando se aleja de la oscuridad que generan las copas de los árboles… Insomnio artificial

El presidente fortinero que no pudo ser

“¿Por qué no me pregunta nadie por Provita? No me preguntan porque no les interesa el proyecto”, expresó frente al micrófono Guillermo Armentano y el gesto del rostro se le endureció. El exdirigente fortinero que secundó a Héctor Gaudio en la etapa más gloriosa del club de Liniers (1993-1996) -y que fuera jefe de la custodia presidencial de Carlos Menem- solía ponerse enfático cada vez que se disponía a hablar de su querido Vélez, y su carácter sanguíneo y visceral florecía por encima de sus 74 años.

Al calor de la transa

omo tantas otras veces, inicia su derrotero por Ventura Bosch hasta José León Suárez. Al llegar a la palta, se acerca al árbol, se agacha, y casi sin detenerse deja junto al pasto que rodea al tronco, la lata vacía y una pequeña bolsa anudada, según lo pactado. Ahora la mano derecha se hunde en el bolsillo delantero del jean y la izquierda vuelve a hacer el trabajo sucio, sobre la frente bañada en sudor.

Adiós al flequillo de la nostalgia

Desde siempre. este espacio suele estar dedicado a algún tema o problemática barrial que tenga una injerencia directa sobre la comunidad local, en la que Cosas de Barrio toma partido y fija su posición al respecto. Lo que comúnmente se conoce como nota editorial. Sin embargo, en esta oportunidad, la opinión -la mía y la de quienes componemos este medio- estará teñida de nostalgia y se apoyará en la figura de alguien que en su larga y fecunda vida no tuvo un vínculo directo con ninguno de los tres barrios que integran la Comuna 9, a los que habitualmente se dirigen las páginas de Cosas de Barrio. Ni siquiera tangencialmente. Así y todo, logró forjar desde la pantalla chica y desde los escenarios en los que se presentaba, toda una batería de gestos, expresiones y modismos, que muchos de nosotros -que lo disfrutamos desde nuestra más tierna infancia- aún hoy replicamos naturalmente.

Tortugas a pedal en la jungla urbana

En tiempos donde las protestas y los piquetes son capaces de transformar la Ciudad en una trampa insalvable, donde autos y colectivos se enredan en una cinta de moebius en la que el tiempo es lo único que avanza, las bicicletas, sin embargo, no paran. No hay nada que las detenga.
Y mientras los noticieros de televisión inundan la pantalla con hechos de inseguridad, el miedo parece dominarlo todo. Para muchos, salir a la calle se transforma en un riesgo evitable, y más allá de la comodidad, optan por recibir en su domicilio aquello que antes salían a buscar. Esta dinámica le abrió la puerta a un oficio urbano, que en los últimos años se afianzó y más allá de haber llegado para quedarse, durante el apogeo de la pandemia creció a un ritmo vertiginoso.