La supervivencia del más piola
Pisa el freno, saca el cambio y apaga el motor. Se inclina sobre el asiento del acompañante y saca una franela de la guantera. Ahora abre la puerta, desciende del auto y lo cierra. Lo que sigue es una escena que se repite a diario en distintos puntos de la ciudad: el conductor se agacha y cubre la chapa trasera de su vehículo para eludir las polémicas fotomultas, en una versión renovada de la máxima “hecha la ley, hecha la trampa”.