Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
February 21, 2024 7:05 pm
Cosas de Barrio

Insomnio artificial

Camina balanceándose en la penumbra. Su silueta maciza y retacona y el aspecto desalineado que arrastra a su paso, recién se advierten cuando se aleja de la oscuridad que generan las copas de los árboles y el haz de luz de la lámpara de la calle lo alcanza de lleno. Javier lo observa desde la ventana de su departamento del segundo piso. Se sonríe y se convence de que fue acertada la decisión de alquilar el que daba a la calle, y no la pocilga que le ofrecían sobre el contrafrente, por unos pesos menos. Por lo menos desde allí, la singularidad de la fauna urbana linierense lo ayuda a distenderse.

El hombre de edad indescifrable continúa su marcha. Cuando llega a la esquina del pasaje El Mirasol, no advierte la presencia de la rampa y se desploma contra el asfalto. El paisaje hostil de la madrugada de viernes parece absorberlo en sus fauces hambrientas. Pese a lo indisimulable de su borrachera, el tipo logra incorporarse y retomar su andar con destino tan incierto como inexorable.

Javier baja una vez más la mirada y retoma la lectura de “Las formaciones del inconsciente”, de Lacán. En pocas horas más estará rindiendo Psicopatología y sabe que no puede darse el lujo de volverse a Liniers con otro aplazo. La psicología lo apasiona y no imagina otra profesión para su futuro inmediato. Tal vez por eso no puede dejar de enfocarse en lo que ocurre allí afuera, apenas unos metros debajo de su departamento.

Ahora es un silbido muy agudo el que lo distrae. Lo suficiente como para romper el silencio monocorde de la calle, que de vez en cuando apenas se altera con el paso de algún vehículo. Dos jóvenes cruzan de vereda y van al encuentro de otro. Se saludan como si se conocieran, y el que los recibe les entrega un pequeño envoltorio, que uno de los dos guarda en el bolsillo de su bermuda a cambio de unos billetes. Vuelven a chocar sus manos y siguen la marcha en direcciones opuestas. Los dos que enfilan hacia Montiel fijan la vista en una mujer que viene hacia ellos. Se la nota exuberante, y unos tacos altísimos -que hacen aún más llamativa su minifalda lila- la obligan a sortear con destreza las baldosas desparejas, sin por ello desatender el contoneo de sus abultadas caderas.

El joven estudiante sigue la escena con fruición. Aún le quedan más de cincuenta páginas por leer, pero la intensidad de la calle es lo único que lo mantiene despierto. Ni siquiera el termo de café preparado para la ocasión, ha sido capaz de cumplir ese cometido. O tal vez sí, quién sabe. Y mientras vuelca en el pocillo las últimas gotas tibias, la escena crece en intensidad. Las risas de los jóvenes suenan lejanas y sus figuras ya se perdieron al doblar la esquina. Ahora es la mujer la única protagonista de la cuadra.

Javier mira el reloj. Son las cuatro y media. En menos de cinco horas deberá estar diciendo todo lo que sepa sobre Psicopatología, si es que quiere regresar con un modesto 4 a Liniers. Intenta volver a posar la vista en el libro, pero algo allí enfrente lo obliga a mirar. La mujer, parada en el zaguán de la casa, se deshace de los tacos y trepa con agilidad hasta lograr aflojar la bombita que iluminaba el ingreso a la vivienda. Ahora la calle se torna aún más oscura. La ¿mujer? enciende un cigarrillo y la penumbra se desvanece por un instante.

“El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Se trata de un saber que el sujeto no sabe saber”, resalta Javier con un celeste flúo sobre el libro. Y cuando intenta retener aquella frase, un hombre ¿de dónde salió? se acerca al zaguán y sin mediar palabra se entrevera con ese monumento de mujer artificial, en un feroz intercambio de caricias que se confunden y se apresuran hasta concluir en un acto carnal express a cielo (semi)abierto, entre jadeos mudos y pasión voraz.

Un par de billetes pasan de mano a modo de despedida y ambos se alejan a distancia prudente. La luz del zaguán continúa apagada, como la atención de Javier por Lacán. Vencido por el sueño y ya sin café, cae rendido sobre el libro, justo cuando los primeros brillos del alba se preparan para anunciar el nuevo día.

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

(cosasdebarrio@hotmail.com)

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