Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
April 15, 2021 4:31 am
Cosas de Barrio

Los bicirobadores

El hurto de bicicletas, uno de los delitos que más creció en Liniers durante la pandemia

“El viernes 27 de noviembre tenía que ir al psicólogo y dejé la bici atada en el poste que está en la puerta del edificio, en Rivadavia al 10800. Serían las 5 de la tarde. Cuando salí una hora después, la bici ya no estaba, apenas había un eslabón de la cadena tirado en la vereda”, describe su infortunado episodio Mathías Rusciano, vecino de Liniers, uno más de los tantos que se identifican como víctimas de esta modalidad delictiva que se repite a diario en las zonas más calientes y transitadas del barrio. Tendencia en las redes sociales locales, aunque presenta bajos números oficiales en materia de denuncias formales, el robo y hurto de bicicletas es un fenómeno constante que en el barrio de Liniers parece no tener freno.

Según las estadísticas que maneja la Comisaría Vecinal 9B, de Barragán y la autopista, al cierre de esta edición en lo que va de este tumultuoso 2020, apenas se llevaban contabilizadas tres denuncias por robo y otras cuatro por hurto de bicicletas. Las cifras se equiparan con las de 2019, cuando se denunciaron dos robos y siete hurtos, del vehículo cuyo uso más se incrementó durante esta prolongada cuarentena. Un número significativamente menor al que establece el termómetro de los usuarios. La clave parece estar dada en un punto central: más del 90% de las bicicletas que circulan en la Ciudad de Buenos Aires no están aseguradas, por lo que muy pocos usuarios deciden radicar la denuncia en una dependencia policial.

En ese sentido, cuando a Mathías, de 22 años, le fue hurtada su mountain bike, modelo SPX rodado 26, a plena luz del día, tampoco optó por acercarse a la comisaría. “La verdad no tenía ganas de hacer todo el trámite, además no sirve de nada denunciarla, nadie me va a devolver la bicicleta, es más que nada para las estadísticas”, argumenta. Por su parte, Mercedes Pereira, también vecina linierense y víctima de los “robabicis”, justifica su decisión de no radicar la denuncia al manifestar “es un poco inútil ¿para qué iba a perder tiempo presentando una denuncia cuando ya sabía de antemano que no iba a recuperar mi bicicleta?”. No obstante, lo que sí hizo, casi a modo de catarsis, fue publicar el hecho en las redes.

La preocupación, sin embargo, es una realidad palpable en la Comisaría de Liniers. “Durante todo este año hemos impulsado distintos operativos en plazas, parques y zonas de bicisenda, para intentar disminuir este tipo de delitos”, aseguran las autoridades policiales locales, quienes además sostienen que “en ocasiones, las personas prefieren exponer el hecho en redes sociales, con el fin de tratar de dar con el objeto sustraído, evitando así que se activen los resortes policiales y judiciales, que abren una investigación al respecto por tratarse de un hecho ilícito”.

Es que el índice delictivo parece haber crecido tanto como la venta de rodados. Según datos aportados por la bicicletería Canaglia, de Rivadavia y Tuyú, durante el 2020 la venta de bicicletas se incrementó en un 30%: mientras que el año pasado el histórico comercio de Liniers vendió cerca de dos mil unidades, hasta mediados de diciembre llevaba vendidas más de 2.600 bicicletas, número que podría ampliarse aún más con las fiestas navideñas.

Así las cosas, si bien el número oficial de denuncias se mantiene cerca del suelo, en las redes sociales, y especialmente en el grupo de Facebook “Gente de Liniers”, las quejas de los usuarios generan revuelo entre los vecinos.

Zonas calientes

Como al recordado Antonio Ricci –mítico personaje del film “Ladrón de bicicletas”, clásico del neorrealismo italiano que retrató con maestría la cruda realidad de la Italia de la posguerra- a Mathías, en plena crisis económica y sanitaria, también le robaron el medio de transporte que, según cuenta, “usaba más que nada para ir todos los días al laburo”. Trabajo con cuyo salario aún sigue “pagando en 18 cuotas de 1.200 pesos” la bicicleta que ya no tiene y que no estaba asegurada porque “me cobraban como 400 pesos por mes”. En otras palabras, el costo del seguro de la bicicleta le significaba el tercio del valor del rodado.

A Mathías le robaron la bici en Rivadavia entre Oliden y Fonrouge, no muy lejos de donde se la robaron a Mercedes. A la mujer de 50 años, recepcionista de un colegio privado de la zona, le hurtaron la bicicleta a mediados de noviembre, en la cuadra de Ventura Bosch y Lisandro de la Torre. Se trataba de una “bici playera con canastito con portaequipaje, frenos contrapedal, que estaba súper equipada”. Según Mercedes, la había dejado “atada a un palo de la luz con una cadena muy reforzada y hasta con clave personal, o sea que era muy difícil que la alguien se la llevara”. Sin embargo, como decía Tu Sam, los cálculos pueden fallar. Quedarse sin bicicleta fue para ella “una pérdida más que importante, porque la usaba todos los días para ir a trabajar”. Incluso su lamento va más allá de lo económico. “Me provoca un gran dolor no tener la bici –asegura- no sólo en lo material sino también en lo sentimental, porque me había aferrado mucho a ella, la tenía desde que mis hijos eran chiquitos y los traía al cole”. Hoy, Ariel y Celeste, sus hijos, tienen 18 y 24 años, respectivamente.

Palo, poste. Trabajo, laburo. Diferentes expresiones que reconstruyen un mismo hecho: el hurto de bicicletas con valores muy difíciles de desembolsar en los tiempos que corren. A Mathías, su SPX le costó alrededor de 21.500 pesos, mientras que, según Mercedes, la suya “hoy debe estar arriba de los 50 mil”.

Se sabe, la bicicleta –a diferencia del resto- fue el medio de transporte cuyo uso más creció durante la pandemia. Y así como ocurre con los celulares, ese incremento en el uso potenció el mercado negro, que se encarga de reacondicionar y revender los rodados sustraídos. Un circuito aceitado y sin control, que deja a los usuarios pedaleando en el aire.

Santiago Rodríguez

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