Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
April 24, 2024 11:28 pm
Cosas de Barrio

Cartas de la basura

El rescate de tres cartas emblemáticas de Elías Castelnuovo de un contenedor de residuos

Por Gabriel O. Turone (*)

Corría una calurosa tarde de marzo de 2022 cuando, al finalizar una jornada laboral, me predispuse a caminar algunos kilómetros desde el barrio porteño de San Cristóbal –donde trabajo- hasta Flores, para, una vez allí, tomarme el 113 que me dejaría en Liniers, donde viví hasta hace casi un año.

Los trayectos solía hacerlos pateando distintas calles, y esa vez opté por hacer algunas cuadras por la avenida Juan Bautista Alberdi hasta llegar a Carabobo, para luego dirigirme hasta Rivadavia y allí tomar el colectivo. Así, mientras transitaba por Alberdi al 1600 se me dio por observar un contenedor de color gris a cuyo costado se veían unos cuantos objetos entremezclados con residuos. Al agudizar la vista distinguí entre el desorden, un pequeño cuadro vidriado que contenía lo que, en principio, parecían ser tres tarjetas.

Mi pasión por la historia y el hurgar de archivos, papeles y viejos documentos, me hicieron pensar que, si esas “tarjetas” estaban enmarcadas, quería decir que alguna importancia debían tener, porque ¿quién se toma la delicadeza de encuadrar un simple papel para que esté colgado y exhibido en una pared? Ese menester está reservado para documentos trascendentes. Cuando me acercaba con algo de pudor hacia esa madeja de cosas tiradas advertí, para mi sorpresa, que aquellas “tarjetas” eran, en verdad, tres cartas mecanografiadas y con firmas manuscritas del distinguido escritor linierense Elías Castelnuovo.

Sin perder tiempo, y en una primera indagación visual, noté que al cuadro con las cartas le faltaba uno de los vidrios, que, quizás, se había roto o tal vez alguien se lo habría llevado. Ante el hallazgo, saqué algunas fotos con el celular dando cuenta de cierta incultura que mis ojos registraban en medio de una populosa avenida porteña en donde nadie, salvo el que suscribe, supuso que esas cartas estuvieron a punto de perderse para siempre, sepultadas en algún vertedero municipal.

Luego de las fotografías manipulé con cuidado el cuadro roto, saqué las cartas con delicadeza y las guardé dentro de unas carpetas que llevaba en la mochila. Después seguí camino hacia mi hogar, deseoso de saber el contenido de las misivas, a quién iban dirigidas, en qué año las había escrito Castelnuovo y mil detalles más.

Análisis de las cartas

Las tres cartas de marras tienen un único destinatario de quien solo aparece el nombre de pila: Rubén. Fueron escritas a máquina los días 29 de abril, 10 de mayo y 19 de julio de 1967, y al pie de cada una aparece la firma autógrafa de Elías Castelnuovo. Por su contenido, se infiere que se trata de comunicaciones llenas de intimismo, de fraterna amistad que, sin embargo, no están exentas en algunos pasajes del compromiso literario y de inquietudes sociales que ambos –emisor y receptor- compartían en proporciones similares.

En la primera de las cartas (del 29 de abril de 1967), Castelnuovo esgrime conceptos de valía hacia su amigo Rubén, de quien sabe le espera “un plausible futuro literario” por “su talento y su sensibilidad”, cualidades suficientes para augurar “su triunfo en el terreno de las letras”. Más adelante, se observa la primera pista para descifrar de quién se trata el destinatario de las cartas de Castelnuovo, cuando éste le dice que “respecto al grupo Barrilete, sigo encantado de su composición, de su orientación y de su obra”.

El Grupo Barrilete, que se consolidó con la aparición de la Revista Literaria Barrilete en 1963, fue un nucleamiento de intelectuales que estribaban entre el socialismo y la izquierda nacional, los cuales abrevaban en cuestiones de índole política, social, artística y filosófica. Allí estaban Horacio Salas, Elías Castelnuovo, Isidoro Blaistein, Miguel de Unamuno, Francisco Paco Urondo, Julio Cortázar, Esteban Peicovich y un tal Rubén Cáccamo, entre otros.

Rubén Cáccamo se distinguió justamente como poeta, escritor y periodista, alcanzando, bajo este último oficio, un lugar destacado en la redacción del diario Clarín -donde compartió staff con Marcelo Bonelli- y en las transmisiones de radio Rivadavia. Falleció en noviembre de 2012 a los 69 años. Pero mejor continuemos con las cartas halladas tiradas en la vía pública.

En la segunda de ellas, fechada el 10 de mayo de 1967, Castelnuovo continúa floreando la actuación literaria de Rubén, pero centrándose ahora en el embarazo de su cónyuge. Le dice Castelnuovo al futuro padre de familia que, en una visita que hizo a su hogar “quedé impresionado del estado, no físico, sino espiritual de su mujer”, porque “ella se encuentra al borde de un acontecimiento fantástico. Se está por partir en dos. Mire lo que le pasa. Está por arrancar de las tinieblas y dar a luz un hijo. Póngase en su lugar ¿Sabe usted lo que significa gestar un hijo? Piense que es un trabajo más duro que gestar una obra literaria. Piense, además, que lo maravilloso de la mujer es que gracias a ella se perpetúa la especie. Que tiene un poder realmente divino. El poder de crear la vida. Usted tendría que colocarse en la posición de quien espera, no cualquier cosa, sino una cosa prodigiosa. Una maravilla”.

La prosa de Castelnuovo nos vislumbra, aparte de una estupenda erudición, otra pista para establecer quién era Rubén. Cuando buscamos datos de Rubén Cáccamo en cualquier navegador de Internet, enseguida nos aparecen referencias de una tal Valeria Paula Cáccamo, que, en los meses aciagos del COVID-19, fue noticia por tratarse de una de las primeras ciudadanas argentinas que, por hallarse en los Estados Unidos y sufrir varias enfermedades oncológicas, tenía que regresar a nuestro país y guardar un burocrático protocolo que en Migraciones no se lo querían aceptar por temor a que ella propagara el virus. Tuvo que anteponer un hábeas corpus que, finalmente, en septiembre de 2021, le permitió retornar a la Argentina. Valeria Paula Cáccamo, según las notas, tenía entonces 54 años, o sea que había nacido en 1967… Sin dudas, es la niña por nacer a la que Castelnuovo hacía referencia en la misiva del 10 de mayo de aquel año.

Precisamente, cuando fue escrita la tercera carta en julio de 1967, don Elías le dice a Rubén que se enteró “que su señora dio a luz una nena, cosa que festejamos todos aquí, particularmente mi mujer”. Unas líneas más adelante, le dice que “un hijo es un poema vivo, que no necesita ser recitado ni ser impreso en disco, porque se recita a sí mismo y es una música funcional permanente”. Extraordinaria conjunción de palabras y situaciones las que vuelca Castelnuovo para ennoblecer el nacimiento de una criatura, que no es cualquier retoño sino el de una pareja de amigos entrañables. Tan poética y tierna expresión opaca, desde luego, la mención que hace del pintor Abraham Vigo, con quien Elías Castelnuovo colaboró en el mítico Grupo de Boedo, mojón literario de fuste de la década de 1920.

Un triste epílogo y una revalorización

Estas valiosas cartas o testimonios de la intelectualidad vernácula al ser halladas a la altura de la avenida Alberdi al 1600, también nos aportan más información para cerciorarnos de su real origen. Frente al contenedor de basura donde las encontré se yergue, imperturbable, un enorme complejo de torres con departamentos que lleva el número 1645. Resulta que, como última voluntad de Rubén Cáccamo, ya viéndose afectado por una grave enfermedad, en 2011 hace una testamentaria donde le deja a sus hijos algunos bienes, y la primera mencionada es su hija Valeria Paula, a quien anotan el domicilio legal en avenida Juan Bautista Alberdi 1645, Torre A, Piso 19, departamento “D”, Capital Federal.

Cuando ocurre el fallecimiento de Valeria Caccamo por las enfermedades oncológicas que padecía, se me ocurre pensar que, o bien hayan sido sus descendientes o los nuevos dueños del departamento, quienes no tuvieron sino la triste y lamentable opción de tirar toda la papelería y recuerdos familiares a la basura. Triste epílogo que, sin embargo, abrió las puertas a este hallazgo casual que ahora revalorizamos en su justa medida y ponemos en conocimiento de los vecinos de Liniers, barrio en cuya nomenclatura del pasaje El Rastreador 404, viviera hasta el final de sus días el inolvidable Elías Castelnuovo.

(*) Turone es historiador, presidente de la agrupación Jóvenes Revisionistas, vicepresidente de Patricios de Vuelta de Obligado y vecino de Liniers.

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