Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
April 13, 2024 7:40 am
Cosas de Barrio

Un paseo sensorial por Mataderos, a través de sus olores

En las entrañas de Buenos Aires, un rincón de la ciudad se destaca por su singularidad: Mataderos. Más allá de su rica historia y su minucioso entramado cultural, este barrio del sudoeste porteño es conocido por los aromas que lo rodean y lo definen, desde los menos atractivos hasta los más más tentadores. En esta nota, una recorrida para disfrutar con la nariz, puesta al servicio de la memoria emotiva.

El barrio de Mataderos lleva su nombre por la actividad económica que dominó su paisaje durante décadas: el matadero. Esta historia industrial ha dejado una huella profunda en su geografía, y aunque la actividad ganadera ha disminuido y el histórico mercado se trasladó a Cañuelas, su espíritu todavía se ve reflejado en la arquitectura y la cultura local.

Uno de los aspectos más notables de Mataderos es su atmósfera aromática. Durante años, el olor a sebo y descomposición de materias orgánicas en los criaderos locales llenaba el aire, especialmente en los días calurosos y de humedad elevada. Para los residentes de toda la vida, este olor era inconfundible y, en cierto modo, un lazo con sus raíces del lugar. Quizá muchos vecinos se tapaban la nariz con asco, pero para Bettina Sánchez, quien creció y vive actualmente en la zona, ese aroma le sigue trayendo recuerdos de su niñez en Mataderos. Afirmó que “ese era el perfume del barrio, y que quien no lo soportara, seguramente no sería de la zona”.

Como ya sabemos, algunos olores en Mataderos pueden no ser del todo agradables, pero hay uno que se alza como el favorito de todos: el aroma dulce y tentador de la fábrica de alfajores es un verdadero mimo al alma. Durante las tardes, este perfume inunda el aire como una gran nube de dulzura. Lucila Rollano, una joven de 18 años que vive a dos cuadras de la fábrica (sita en Martiniano Leguizamón y Pizarro, casi al límite con Liniers), comentó: “halagos no me faltan, el olor a vainilla por las tardes me fascina”. Y hasta aseguró que, por momentos, se siente como en una caricatura donde el personaje huele algo delicioso y se va flotando felizmente tras el aroma. Y eso parece ocurrirle al resto de a los residentes de esa porción del barrio. Caminar por esas calles se convierte en una experiencia irresistible, ya que este aroma es una tentación constante a comprar una caja de estas delicias. “Quizás, hasta sea una táctica de marketing de la empresa. No me consta, pero si fuera el caso, está operando de manera impecable”, concluyó Lucila.

En Mataderos, los aromas no son simples olores; son como pedacitos de la historia que flotan en el aire. Es una fusión del pasado industrial y de placeres culinarios, que va creando una atmósfera única que cautiva, incluso, a quienes lo visitan por primera vez. Estos aromas variados son una muestra auténtica de la diversidad y autenticidad de este barrio porteño.  Para algunos, pueden ser un tanto fuertes, pero para otros, son la esencia del barrio. Pasear por sus calles es como explorar un museo viviente de la memoria olfativa. Los recuerdos se mezclan con los aromas únicos que ofrece este rincón de la ciudad.

Abril Silverio

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