Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
April 13, 2024 7:39 am
Cosas de Barrio

Mil Casitas, mil historias

Una recorrida por el singular entramado de los pasajes linierenses, con sus encantos y sus secretos 

El número se queda corto. Los registros dicen que las entrañables Mil Casitas de Liniers, son, en realidad, más de 1.800. Como sea, este singular reducto del oeste porteño fue construido hace más de cien años -en 1922 comenzaron a edificarse las primeras viviendas- con una clara finalidad social: brindar una solución al problema habitacional de aquellos tiempos, una realidad que, sin embargo, se repite en la actualidad.

“Las callecitas de Buenos Aires tienen ese no sé qué…”, aseguró Horario Ferrer en “Balada para un loco”, y el vecindario de Liniers no es ajeno a esa semblanza. En medio de la vorágine porteña se alza un enclave de casas idénticas, construidas sobre un lote de 8,66 por 8,66. Esas generosas dimensiones son las que les dan amplitud, luminosidad y comodidad a los ambientes, cualidades que aún perduran en el tiempo, aunque varias hayan sido remodeladas, sin desestimar su estructura original.

El barrio se planificó usando como modelo las edificaciones de estilo holandés y se desarrolló en dos etapas. La primera fue el denominado “Ramon Falcón”, delimitado por las calles Timoteo Gordillo, Ventura Bosch, Carhué y Ramón Falcón; y la segunda le dio forma al “Tellier”, circunscripto por la actual Lisandro de la Torre, Boquerón, Montiel y un sector hasta José León Suárez y otro desde Timoteo Gordillo hasta Tellier, como se llamó antiguamente Lisandro de la Torre.

Las primeras viviendas fueron entregadas por sorteo en 1928, y les fueron ofrecidas a los empleados del ferrocarril, a partir de un crédito extremadamente favorable para que pudieran adquirirlas sin mayores sobresaltos.

Pero la zona de las Mil Casitas tiene otra particularidad y es que el diseño de su geografía la convierte en un lugar llamativo: sus veredas angostas, decoradas con maceteros multicolores impregnados de malvones, santa Rita y alegría del hogar, le otorgan un singular encanto al paisaje barrial, que se dibuja en la tranquilidad de los pasajes, cuyas particulares denominaciones no hacen más que engalanarlos: El Cardenal, La Madreselva, Amalia, El Carpintero, Facundo…

El universo se confabula para crear un paraíso terrenal y así lo vislumbró un hijo dilecto de la península ibérica. “¡Pero qué lugar tan pintoresco y maravilloso que tenéis aquí, en medio de la Capital! No existe nada parecido en Madrid”, expresó alguna vez el mismísimo José Sacristán, en un alto de la grabación de “El muerto y ser feliz”, que se rodó en 2011 en el pasaje El Cardenal, y se estrenó al año siguiente.

Claro que aquella no fue la única película filmada en el entramado de los pasajes linierenses. El encanto del barrio atrajo a muchas productoras cinematográficas, y se convirtió en una locación apetecible para la ambientación de series y largometrajes, como “Mirta de Liniers a Estambul” (1987) o “Los Pibes del puente” (2012), entre otras.

El arte, el deporte, la danza y todas las expresiones culturales también tienen un lugar preponderante en la zona. Por eso es común encontrarse con oferta de talleres de comedia musical, fotografía o actuación, que se congregan en centros culturales gratuitos, como el Elías Castelnuovo, que lleva el nombre del escritor que viviera en el pasaje el Rastreador 404 y fuera uno de los primeros adjudicatarios de las viviendas económicas. El origen socialista de su hogar estaba íntimamente ligado a los ideales políticos y personales del literato autodidacta (1893-1982), tal vez por eso lo convirtió en su lugar en el mundo, no tan lejos de su Montevideo natal.

Pero el célebre escritor uruguayo no fue el único ciudadano ilustre de las Mil Casitas, también lo fue el recordado Alfredo Alcón. Amelia fue su vecina y así lo recuerda: “mi abuelo compró la casa cuando se empezaron a entregar. El pasaje El Zorzal no era lo que es hoy. No estaba asfaltado, no había luz, ni gas, era la prehistoria. Mis tíos abuelos lo trataban de loco, porque ellos vivían en la calle Mansilla, en Palermo. El abuelo escrituró recién en 1951, cuando yo nací, hace 72 años. Desde entonces vivo acá y siempre cuento la misma historia. Alfredo Alcón vivía en mi misma cuadra, casi llegando a Cosquín. Yo, que tendría unos 10 años y salía a jugar a la vereda, conocía más a la abuela, que solía salir a charlar. Alfredo era mayor que yo, y me acuerdo que era churrísimo, Su abuelo se vestía con pantalones anchos y boina, creo que eran vascos”.

Otro hito de la zona es la plaza Sarmiento, rodeada por Tuyutí, Cosquín, El Rastreador y Humaitá. Según cuenta la leyenda se construyó con la tierra que quitaron para asentar los cimientos de las Mil Casitas, de allí su característica elevación. Es el pulmón verde de los pasajes y un punto convergente de actividades, diversidad e historia barrial. Las copas de sus árboles plagadas de aves anuncian los cambios de estación y una vasta colección de especies vegetales le da marco a múltiples actividades. Es común que en las tardecitas de verano Los Pizpiretas de Liniers ensayen sus pasos de murga a sus pies, y su música pegadiza le ponga ritmo y marque el pulso del barrio.

Sofia es una joven abogada que, como tantos otros vecinos, está enamorada de las Mil Casitas y se define como “fanática” de su barrio. “Vivo en los pasajes desde los 12 años. Lo que más me gusta es su gente, vecinos de diversas edades, todos muy amables y serviciales. Recuerdo que los más cercanos siempre estaban pendientes de mi llegada a casa cuando estaba en la secundaria. Aún hoy, esos mismos vecinos suelen sacar sus mesas a la calle para celebrar Navidad y fin de año, y entonces toda la cuadra festeja cantando y bailando hasta tarde”, explica.

Incluso se anima a hacer una pintura fisonómica de su barrio. “Visualmente -remarca Sofía- se pueden observar diversos estilos arquitectónicos, pero todos conservan la esencia del barrio. La tranquilidad es otra de sus características principales, pese a todas las actividades culturales, recreativas, comerciales y nocturnas que ofrece. Durante el día, es un barrio bonito por el que se puede salir a pasear”. Y respecto a practicidad que su ubicación ofrece, sostiene “mi profesión me exige tener movilidad y las cercanías con las avenidas Rivadavia, Juan B Justo y General Paz, y con las diversas líneas de colectivo, me permiten llegar de Liniers a Retiro o La Matanza en forma directa”.

Sofia tiene razón, la ubicación estratégica, orillando las principales vías de acceso con los diversos puntos de la Ciudad y el conurbano, es un rasgo característico de Liniers, del que las Mil Casitas no están ausentes.

El deporte también anida en el corazón de “las baratas”, como también se llamó alguna vez a este sector del barrio. Existen historias inverosímiles, como la de la creación del club de rugby Beromama, que nació gracias a que un grupo de amigos se apropiara de una pelota ovalada para luego lanzarse a practicar sobre los pasajes. La singular denominación del club -que hoy tiene su campo de deportes en González Catán- surgió de la unión de la primera sílaba del nombre o el apodo de cada uno de sus miembros: Beromamacacumaospobichucaco. Claro que luego, a pedido de la Unión de Rugby de Buenos Aires, debieron acortarlo.

Carlos es historiador de fútbol y también, al igual que muchos escritores, vive en este bello laberinto linierense. “Es un barrio más vecinero, la gente se conoce, se saluda en las calles. Sus habitantes son menos golondrinas, esta cercanía con quien vive al lado colabora con las situaciones solidarias. Cosa que el esnobismo de los barrios con mayor nivel económico no permite. Estoy cómodo acá, porque pese a las modificaciones y adelantos técnicos, la esencia de barrio persiste”, asegura.

Y las palabras de Carlos se confirman en cualquier recorrida por el barrio. Es común ver las charlas de ventana a ventana, de vereda a vereda, la empatía con el otro. 

Se sabe que Dios vive en Argentina y que atiende en Buenos Aires, pero según los lugareños, una de sus oficinas más importantes estaría ubicada en este mágico barrio que nació en los albores del siglo XX, se mantiene más vigente que nunca en el actual y apunta a perpetuarse en el milenio, gracias a la calidez de sus fieles habitantes.

Alejandra Torrecilla

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