Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
February 26, 2024 10:08 pm
Cosas de Barrio

Gregorio Parisi, el poeta gaucho de Liniers

El recuerdo de una prolífica figura de las letras linierenses, que a mediados del siglo pasado le escribiera a su barrio y su gente

Gregorio Parisi fue una figura del verso nativo y popular, además de ser vecino de Liniers, barrio al que le dedicó numerosas piezas poéticas en las que reflejó aquella fisonomía oscilante entre el campo y la ciudad, que ostentaba antaño. Parisi refleja sus orígenes gaucho-urbanos en el poema “Amigo Lector”, el primero que aparece en su obra inaugural, que llevó por título “Pampa y Pueblo”.

Soy del pago de Liniers,
nací y aun vivo en mi rancho,
donde no ronda el carancho.
Soy del año dieciséis,
sigo el camino del bien,
por indicación cristiana,
que a mi sentimiento hermana
el valor de la amistad
y viva una eternidad
cerca o en tierras lejanas.


Como los versos precedentes lo indican, Gregorio “Goyo” Parisi había nacido en 1916, inclinándose por la escritura recién a sus cincuenta años. Se ganó la vida como obrero de los talleres ferroviarios, donde tuvo el privilegio de restaurar a “La Porteña”, la primera locomotora argentina cuyo viaje inaugural sucediera en 1857. Además, fue albañil y tropero, una labor ideal para transitar los confines de la patria y recolectar así infinidad de situaciones que, tarde o temprano, plasmaría en la poesía.

Parisi alcanzó a publicar al menos tres libros: “Pampa y Pueblo” (1966); “Nostalgia Eterna” (1968); y “De un Pobre Soñador” (1974). En el primero de ellos, se incluyen 49 poemas, en el segundo 60 poemas y 4 ensayos, y en su tercera obra encontramos 72 poemas y 2 ensayos. Los poemas de Parisi podían abarcar milongas, zambas, valses, boleros, estilos, paso dobles y tangos, por refrendar algunos de los géneros que empleó. Como auténtico hombre del pueblo, Gregorio Parisi no dejó su compromiso político de lado, por eso exaltó la figura de don Hipólito Yrigoyen, en piezas tales como “Ejemplo de Honradez”, o en la que tituló “Un pedido a Su Excelencia”, donde de refilón dispensa elogios hacia Yrigoyen y el recientemente ungido presidente de la Nación, Dr. Arturo Umberto Illia.

Ya en “Pampa y Pueblo”, el autor no oculta la desbordante pasión que sintió por el gauchaje, la cultura del campo, los personajes de los centros urbanos, los payadores, las danzas nativas y los íconos más salientes de las populosas barriadas del oeste capitalino. Más adelante, Parisi afiebró su torrente de sensible versificador por temas más cercanos al idilio amoroso y a sus andanzas por las provincias del interior, donde conocerá a personajes entrañables que le hicieron ver que esa cultura nativa que tanto amaba y respetaba, aún seguía vigente.

Decíamos que no fue el barrio de Liniers su único desvelo al momento de retratar las orillas de Buenos Aires. En la que fuera su tercera obra de poemas, “De un Pobre Soñador”, Gregorio Parisi reivindica a los últimos grandes payadores que llegaron a patear las huellas tranquilas de Mataderos:

Era el barrio Mataderos
cuna del bardo soñador
donde vivía un buen señor
que era Don Pascual Fortino
su cocina, asado y vino
era un fogón permanente
muy querido del ambiente
de cantos y guitarreadas
su fama era mentada
por bondadoso ¡un valiente!

Y al volver por los caminos
que trazaron los reseros
viejos criollos y troperos
allá en los viejos corrales
al cojonear de baguales
al brillo de los aperos
y al chispear como yesqueros
las brasas en el fogón,
se ve doliente visión
de cantores y guitarreros.

Dedica a “una vieja casa quinta” de humilde arquitectura y “gauchos habitantes” de Villa Luro, el poema “Pedazo de Tradición”. A ella había acudido Parisi llamado por un trabajo de ocasión que se le ofrecía, pero grande sería su sorpresa al comprobar que la dueña del lugar recordaba a su padre, una de las voces legendarias del grupo folklórico “Los Trovadores de Cuyo”. Escribe a un añoso ombú de la calle Boquerón, en Liniers, y rinde tributo al Partido de la Matanza, zona con ayeres de fogones, troperos y fletes.

El recordado poeta linierense tuvo su propia galería de payadores predilectos, contándose, en primer término, don Gabino Ezeiza, seguido muy de cerca por Martín Castro, al que tuvo por amigo y maestro en el arte de versear sobre las cosas nuestras. Incluso sintió devoción por Ignacio Corsini y por Carlos Gardel, a quien memora en numerosas ocasiones, todas ellas verdaderas postales cargadas de mucha bohemia y veneración (Parisi lo definió como el “más grande cantor de todos los tiempos”).

A pesar de su vasta y esmerada obra, no existen referencias a la vista que aludan al deceso de don Gregorio Parisi. Tampoco, siquiera, una pequeña mención en las últimas décadas en los medios de comunicación. No hay para su memoria plaza, monumento, placa o peña folklórica alguna, que le rinda el homenaje póstumo que tiene harto merecido. Sin embargo, la genialidad de su prosa le reservó para él un final idílico, maravilloso y melancólico en “El último deseo”, que quizás haya podido cumplir al pie de la letra:

Quiero en mi último deseo
un programa de festejos
para jóvenes y viejos
que sea una alegre reunión
llena de satisfacción
que se divierta la gente
porque el que va a estar ausente
para un futuro diría
que es triste la lejanía
y vivimos un presente.
Correr mi última cuadrera
con mi viejo parejero
y me jugaré hasta el cuero
aunque me lleven ventaja
pondré de cincha mi faja
de rebenque el corazón
si pierdo en esta ocasión
como lo hace el buen paisano
diré que ha llegado hermano
el fin de mi tradición.

(…)

En vez de flores yo quiero
que brillen los payadores
poetas, recitadores
cantores y bailarines,
que resuene en los confines
más lejanos de este suelo
la imponencia y el desvelo
de gallardo soñador,
que muriendo va de amor
por su pasión y su anhelo.
Envuelto en mi poncho Pampa
llego al fin de la jornada
con la tropilla gateada
como rindiéndome honores,
a la luz de resplandores
que dejan las nazarenas
al bailar con las morenas
bajo el ombú corpulento
y como un vientito siento
el flamear de sus melenas.
Cuando aparezca el lucero
habré pasado al olvido
y en esa tierra hará nido
algún pájaro agorero,
no cantarán los jilgueros
sobre una cruz de tala
y en las noches una luz mala
vendrá a alumbrar mi morada
que estará muy desolada
en el campo la baguala.

Gabriel Turone

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