Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
February 8, 2023 5:12 pm
Cosas de Barrio

Yo te vi en un tren

El recuerdo de la vieja Estación Liniers, símbolo de un barrio que nació a sus pies

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)

Días pasados, en una charla familiar, recordaba junto a mis primos -también linierenses- un lugar clave y emblemático de nuestro querido barrio. Me refiero concretamente a su estación.

En aquel encuentro comenzaron a surgir los comentarios y las vivencias personales. Y si bien yo no he llegado a conocer el andén de los lecheros en funcionamiento, una foto me llevó a ese lugar. Según me contaban mis padres en mi juventud, desde temprano arribaban los carros lecheros esperando a los trenes provenientes de los tambos de los pueblos de la provincia de Buenos Aires, que llegaban con una enorme cantidad de tarros repletos de ese producto lácteo.

Increíblemente, la sólida estructura de hierro de la estación, más allá de las reformas efectuadas, se mantiene firme desde hace muchas décadas. En sus andenes, además de sus boleterías y oficinas administrativas –todas hechas en madera- existió un bar, un kiosco de diarios y revistas y la librería Artacho, que ofrecía una gran variedad de libros y textos. Escaleras arriba, sobre el puente de la estación, se encontraba un kiosco donde además se dedicaban a arreglar encendedores, en ese entonces los “carusita” o los “Penguin”, que funcionaban a bencina y encendían con una piedrita.

Desde ese histórico puente, el más famoso del barrio, se podía ver en los playones de la estación a los peones en pleno invierno, como en una película de esclavos, paleando montañas de sal en los vagones que arribaban del norte hacia los camiones que aguardaban ser cargados. Escaleras abajo, al llegar al túnel siempre mal iluminado, un emblemático bar en forma de herradura y con nombre cinematográfico “Tres monedas en la fuente”, por décadas ofreció su mercadería a los ocasionales transeúntes que hacían un alto para saborear un café o atreverse a una de las empanadas fritas –y frías- que aguardaban dentro de la campana de vidrio.

En ese túnel se podía encontrar desde vendedores ambulantes hasta mendigos y alguien durmiendo en sus escalinatas de salida hacia la avenida Rivadavia, donde también hubo un kiosco de diarios y revistas.

La estación jamás descansaba, ya que el ferrocarril funcionaba las 24 horas. En esa vorágine de pasajeros subiendo o bajando de los trenes, un enorme corno eléctrico sonaba estridente avisando las partidas de las formaciones, en especial la de los servicios eléctricos rápidos con parada intermedia en Flores y final en la estación Miserere u Once de Setiembre.

Con el tiempo, los servicios de trenes redujeron sus frecuencias y la estación se ha ido refuncionalizando. Hoy luce espectacular luego de su última remodelación, hace unos años. Pero el recuerdo de ese pintoresco andén, el de nuestra infancia, adolescencia y juventud, quedará siempre en el recuerdo de “el Liniers que yo viví”. Hasta la próxima y muchas gracias por permitirme compartir mis vivencias.

 (*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)

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