Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
December 2, 2022 9:35 am
Cosas de Barrio

Caballo que no galopa

Preocupación por Rodrigo, el caballo del Museo Criollo de los Corrales que desde la salida del Mercado, vive recluido en una caballeriza

Entre los centenares de piezas y objetos de colección que se exhiben en el Museo Criollo de los Corrales, para pintar las tradiciones gauchescas en el corazón de la recova mataderense, hay uno que se destaca por sobre el resto. Es Rodrigo, el caballo de carne y hueso que desde hace catorce años vive en el establo trasero del edificio y que, desde entonces, se transformó en la principal atracción del museo para los cientos de alumnos que periódicamente lo vistan y se llevan como recuerdo una foto a su lado. Sin embargo, desde que el Mercado de Hacienda concretó su mudanza a la localidad de Cañuelas y el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño se hizo cargo del predio, la vida de Rodrigo comenzó a correr peligro.

“Desde que está el caballo en el museo, lo saco por la puerta trasera de la caballeriza que tiene acceso a una de las calles internas del Mercado. Pero cuando vi que comenzó a haber movimiento de vehículos, le puse unas vallas a esa calle, para soltarlo media hora por día y que se mueva, mientras le hago la cama y reemplazo la viruta, donde orina el caballo, por otra nueva. Ya repleto de vehículos el estacionamiento aéreo del Mercado, el funcionario del Ministerio de Justicia que está a cargo del predio, me informó a través del personal de vigilancia, que no puedo sacar más el caballo”. El que cuenta, en diálogo con Cosas de Barrio, es el profesor Orlando Falco, director del Museo Criollo de los Corrales y destacado escritor e historiador del barrio de Mataderos.

Desde que el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño se hizo cargo de las 32 hectáreas del predio, gran parte del terreno está siendo utilizado como depósito de autos abandonados en la vía pública o con causas judiciales. “Yo entiendo las razones y supongo que será porque hay tránsito vehicular a partir del movimiento de grúas que traen chatarra y autos abandonados”, intentar argumentar Falco, y explica que le planteó al funcionario su total predisposición para adecuarse a los horarios que se consideren más oportunos para sacar el caballo, “porque preciso que camine, al menos media hora por día”, subraya, y cuenta que los sábados, además, suele montarlo “porque necesita ese ejercicio para conservar la musculatura”.

Lo único que logró hasta aquí es que el funcionario le permita trotar los sábados y domingos, días en los que no hay movimiento en el predio. Pero como el tema de sacar al caballo los días de semana seguía sin solucionarse, Falco tomó contacto con el comisario de la Seccional 9A con la intención de que pueda interceder al respecto. “No voy a permitir que el animal se muera por el capricho de alguien que, en treinta hectáreas, no tiene diez metros cuadrados para que el caballo trote”, se quejó el titular del Museo.

Días pasados, le otorgaron una “autorización provisoria” para que sacara a Rodrigo media hora por día, pero “adelantándome que me hiciera a la idea de que el caballo no va a poder entrar más al predio”, cuenta el historiador, e indignado advierte que “si esta situación no se revierte, le haré unas patas de goma y lo sacaré por la puerta del museo al parque Alberdi”.

Por de pronto, muchos vecinos se mostraron preocupados por esta situación y ya parecen haber tomado partido por el animal. Algunos quieren poner un pasacalle que diga que están matando al único caballo de Mataderos.

– ¿La Comuna 9 está al tanto de esta situación?

– Sí, me reuní con el presidente de la Junta Comunal 9, Maximiliano Mosquera Fantoni, a quien conozco desde hace más de veinte años. Me atendió muy gentilmente y me dijo que se ocuparía del tema, pero hasta ahora no tengo ninguna solución.

Y mientras se desarrolla la charla con Cosas de Barrio en el despacho del Museo, se escucha a Rodrigo golpear las maderas de la caballeriza. “Me pide de salir”, explica Falco, y cuenta que el personal de seguridad que se desempeña en el predio tiene un afecto especial por el caballo. “Le tiran zanahorias y hasta fardos de pasto, pero él no puede comer cualquier cosa. Por eso tuve que poner un cartel con tiza pidiendo por favor que no le dieran comida”, aclara.

Actualmente, todo el playón del primer piso del expredio del Mercado está repleto de autos que fueron abandonados en la vía pública. Falco cuenta que “los corrales históricos se desarmaron por completo, no quedó nada: ni maderas, ni tranqueras, que no sé dónde fueron a parar”. Al respecto, hay versiones que indican que algunas “manos traviesas” se llevaron unas cuantas, y las pusieron a la venta por Internet, lo que generó un conflicto que habría terminado con el despido de personal de vigilancia.

El único caballo de Mataderos

Cuando Rodrigo llegó al Museo en el 2008, era un potrillo de apenas tres años. “Cada vez que se necesitaba que un paisano representara al barrio en algún desfile tradicionalista, teníamos problemas, porque la gente no entendía que los que trabajaban en el Mercado arrancaban a las 3 de la mañana, y si el acto era a las 11 los tipos se tenían que ir a dormir”, explica Falco. Hasta que un día decidió comprar un caballo para que, cada vez que hiciera falta, estuviera disponible para representar al barrio. “Hace unos años -evoca- llegó de improviso un grupo de periodistas de la BBC y Sara de Vinocour (la responsable de la Feria) me llamó desesperada para pedirme un caballo. Así que lo ensillé y a las pocas horas Rodrigo salió en la BBC de Londres”. Además, el Museo tiene un grupo de recreación histórica con el que suele desfilar en el Día de la Tradición o en fechas patrias, y siempre el caballo está presente representando a Mataderos. “De más está decir que Rodrigo tiene libreta sanitaria y todas las vacunas al día”, aclara su propietario, por si hiciera falta.

El Mercado de Hacienda le dio origen, identidad y hasta nombre al barrio de Mataderos, “y el único caballo que hoy queda como testimonio del barrio gaucho porteño es este, además del que está en el monumento al resero, que obviamente no se mueve”, dice Falco a pura ironía, y luego recuerda que “Buenos Aires tiene dieciocho estatuas ecuestres, y en todas se rinde homenajes a generales. La única que homenajea a un trabajador es la del resero. Sin embargo, está totalmente descuidada”.

Desde hace algún tiempo, el monumento está tapado por el singular escenario de la Feria y la torre de sonido, que se ubica sobre el boulevard de avenida de los Corrales. “Se supone que es un mangrullo –arremete el titular del Museo-. Digo se supone porque está hecho de hierro trefilado y techo de chapa de zinc, que parece más bien una torre de Auschwitz a la que sólo le falta el nazi con el reflector. Lo usaron un par de veces y nunca más, y hoy se está pudriendo. Lo mismo ocurre con los hierros del escenario, cuyo formato, al menos, es polémico, porque según me explicaron intenta emular a un rancho pintado por Molina Campos…”.

El futuro del predio del Mercado

Como referente de la historia barrial, Falco fue consultado por el Gobierno porteño al momento de poner en marcha el proyecto de creación de un parque ganadero en el predio del Mercado de Hacienda. “Me pidieron asesoramiento histórico –explica. Yo entonces remarqué que había que dejar corrales y pasarelas para que quedara un testimonio del matadero”. Estuvo trabajando en esa asesoría hasta que el gobierno nacional comenzó a revisar la titularidad de estas tierras, cedidas por la presidencia de Macri al Gobierno de la Ciudad, y todo el proyecto original aprobado por la Legislatura quedó frenado.

– ¿El museo seguirá funcionando aquí cuando se ponga en marcha proyecto?

– Sí, claro. Desde un primer momento nos dijeron que el Museo iba a permanecer en su ubicación actual, la misma donde funciona desde el 9 de julio de 1964. Incluso existe la posibilidad de ampliarlo. Como en el estacionamiento iban a montar un museo de la carne, querían que nuestro museo cubriera esa otra vertiente.

En los últimos años, el Museo Criollo de los Corrales debió soportar un tornado que arrasó con parte de sus instalaciones; más tarde sufrió las consecuencias de la inundación, con más de medio metro de agua en su interior; y hasta hace poco estuvo dos años cerrado gracias a la pandemia. Pero eso no es todo, casi en paralelo con la retirada del Mercado, en mayo pasado, el Museo fue saqueado. “Rompieron una puerta que da detrás de la vitrina policial e ingresaron. Rompieron vidrios que aún no pudimos reponer y se llevaron tres revólveres de época y un facón caronero, que es una especie de sable que los paisanos llevaban en la carona del caballo”, cuenta resignado Falco. La puerta de madera por la que ingresaron no se pudo recuperar y debieron optar por tapiar ese acceso con ladrillos. Hay una investigación en curso pero aún no se ha logrado dar con los responsables ni se pudieron recuperar las piezas robadas.

La actividad principal del museo son las visitas guiadas para alumnos de escuelas primarias y secundarias, incluso de jardines de infantes. “Tenemos una visita para cada nivel educativo”, explica Falco, y cuenta que en las de los jardines de infantes “hacemos que los chicos se suban a las carretas y que monten las réplicas de los caballos, y en la pulpería que atienden las mesas y juegan a las cartas. La idea es que, mientras les contamos la historia, puedan trasladarse imaginariamente a aquella época”.

En los últimos meses, el Museo estuvimos recibiendo entre tres y cuatro escuelas por día y, antes de la pandemia, recibía más de diez mil alumnos al año. Por otra parte, los domingos el museo es visitado por varios de los asistentes a la Feria de Mataderos.

En su faceta de historiador, Falco tiene catorce libros publicados. Se hizo cargo del Museo Criollo de los Corrales -un emprendimiento privado bajo la figura de una asociación civil- en 2007, tras el fallecimiento de su antecesor, Esteban Breglia.

– ¿Qué le gustaría que pasara con el predio del Mercado?

– Indudablemente que se haga el proyecto que se aprobó en la Legislatura, y que yo mismo defendí en la audiencia pública. Pero eso sí, ojalá que sea cuanto antes porque, como se sabe, todo lugar que queda libre en el espacio se ocupa. A veces bien y a veces mal.

Ricardo Daniel Nicolini

Museo de cebo

A pasos del monumento al resero, donde la avenida de los Corrales confluye con Lisandro de Torre, en un sector de la recova sur se ubica el Museo Criollo de los Corrales. Cuenta con seis salas en las que se exhiben prendas típicas del gaucho, uniformes militares, aperos, lazos, boleadoras, lanzas y maneas, y hasta una secuencia histórica que recrea el funcionamiento del Mercado y el matadero en sus orígenes. Entre los objetos expuestos se destacan la carreta “La Corralera”, un sulky, el antiguo maniquí de un caballo emprendado con la sencillez que lo hacía el criollo y ricos aperos enchapados.
En la llamada “Vitrina Policial” pueden apreciarse antiguos uniformes, ya que entre los años 1900 y 1933 funcionó en el solar que ocupa el museo la entonces Comisaría 42ª de la Policía de la Capital, hasta que se mudó a su ubicación actual, a pocos pasos de allí.
Armas y utensilios de uso en el Buenos Aires del ayer; animales embalsamados propios de la región gaucha, mates y arados de mancera son parte de los más de tres mil objetos que integran el patrimonio del museo.
Uno de los espacios, dedicado a la obra de Florencio Molina Campos, permite al visitante reconocer la valía de este conocido dibujante y apreciar en toda su dimensión una colección de sus famosos almanaques. En una galería que lleva su nombre, pueden verse numerosas serigrafías que muestran una parte de la importante obra de Eleodoro Marenco.
La pulpería, la capilla, la caballeriza –donde vive Rodrigo- y el patio del aljibe y la glicina completan un recorrido imperdible dentro un edificio declarado Monumento Histórico Nacional.

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