Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
November 28, 2022 6:03 pm
Cosas de Barrio

La luz mala

En medio de la intensa ola de calor, casi 9 mil usuarios de Liniers y Mataderos volvieron a ser víctimas de los cortes de energía eléctrica

Acababa de cerrar la heladera tras servirse un vaso de agua fría cuando escuchó que el motor se detuvo. Probó entonces de encender la luz de la cocina y nada. Eran poco más de las 10 de la mañana del miércoles 29 de diciembre y el calvario recién estaba por comenzar. El caso de Mercedes Gómez es similar al de los casi nueve mil usuarios de Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda que debieron pasar fin de año y la intensa ola de calor de enero, sin luz.

Ansiedad, angustia, desesperación en primera persona

Con la llegada del milenio, Mercedes retornó al barrio de Liniers donde había nacido. Se instaló en una casa de Guaminí y Tonelero, a diez cuadras de la estación. “Ya por entonces, cuando la temperatura era muy alta, la tensión bajaba abruptamente u oscilaba. La luz pasaba de ser mortecina a fulgurante y ahí empezaba mi temor por si se me quemaba la heladera”, recuerda.

No obstante, el suplicio que debió atravesar desde fines del año pasado, con el termómetro oscilando entre los 30 y 40 grados, fue el peor de todos. Pocos minutos después del corte, recibió un mail en su teléfono, que para entonces, aún tenía batería. “A esta altura Edesur no espera que lo llame, será que en estos veinte años llamé tantas veces y mandé tantos correos que ya me deben tener fichada”, especula. El texto decía: cliente número tal, le informamos que hay un problema en el suministro eléctrico en su zona que será atendido a la brevedad. A las pocas horas recibió otro correo similar: “señor cliente, la cuadrilla está trabajando para solucionar el desperfecto eléctrico”, y poco después un tercero anunciando que la luz retornará “por sectores”. “Ahí es donde uno empieza a rezarle hasta al gauchito Gil, a ver si estaré incluida en esa primera tanda…”

El corte del 29 de diciembre involucró durante varios días a muchos sectores de Liniers y de Mataderos, sin embargo Mercedes se atreve a encontrarle el lado amable. “Si tuviera que buscarle el costado positivo a este apagón –afirma- creo que sería el de la unión y solidaridad entre los vecinos. Habíamos perdido la buena costumbre de saludarnos incluso, pero ahora es distinto, porque pegadito al saludo viene la pregunta ‘¿Tenés luz?’. Y si la respuesta es positiva entonces llega el mangazo para cargar el celular. Ahora es inevitable vincularse entre vecinos, porque aquel que tiene luz tiene que asistir a los que no”.

El 29 no volvió la luz, el 30 tampoco y la temperatura iba aumentando. La externa y la interna. “El 31 a las 6 de la tarde me llegó un nuevo correo de Edesur informándome que la luz volvería en una hora. Pero eso no pasó. Recién volvió el domingo 2 de enero a la caída de la tarde. Es decir, estuve cuatro días y medio sin luz en un momento donde el calor fue sofocante. Al menos, como vivo en una casa, tuve agua, cosa que no ocurrió con quienes viven en edificios de alto”.

Mercedes asegura que en esos días de calvario, vio trabajar cuadrillas de Edesur. “De hecho un operario me informó que mi fase tenía luz porque venía de un generador de la empresa. A mi vecino lindero, por ejemplo, no le volvió. Él y otros tantos debieron soportar nueve días ininterrumpidos sin luz”.

Según su vasta experiencia como vecina damnificada, Mercedes sostiene “el de este año no fue un corte puntual por tratarse de un verano más cálido, sino que es un problema que viene de arrastre desde hace varios años. Eso sí, la Comuna 9 sale siempre en el bolillero”. Y por si hiciera falta, aclara “no es que uno le desee el corte al otro, pero si cada verano se repiten los problemas en Liniers y Mataderos, debería haber un responsable que se ocupe y lo resuelva de una buena vez”.

Ante la falta de respuestas por parte de la empresa, los vecinos de optaron por movilizarse y cortar calles en puntos neurálgicos del barrio, para lograr difusión en los medios. “No es una política que me agrade –asegura Mercedes- pero asistí porque algo había que hacer y porque la historia demuestra que sólo cuando se visibiliza el problema en los medios, algunas autoridades empiezan a ocuparse. No de nosotros, sino de no quedar pegadas en el problema”. Por entonces, no se observó ninguna cuadrilla de Defensa Civil repartiendo agua. Sí lo hizo Edesur, con bidones que se repartían casa por casa.

Mercedes vive con sus dos hijos adolescentes, pero entre sus vecinos hay gente muy mayor para quienes la electricidad es casi tan indispensable como el aire. Tal es el caso de Teresa Catucci, que vive en el pasaje Onésimo Leguizamón y Andalgalá. Su marido, el inolvidable Osvaldo Dall Asen –responsable de la ya desaparecida casa de telas de Montiel 1475- depende de un colchón antiescaras, que es eléctrico  Lo mismo ocurre con Edith Pintado, que vive con su padre de 98 años, quien se encuentra postrado en una cama en Guaminí y Zequeira, mitigando sus dolores con colchón antiescaras. “En pleno siglo XXI explicar para qué sirve la luz es como explicar que dos más dos es cuatro –grafica Mercedes-. Pero lo que no sé es para qué sirve es el ENRE. Tal vez su misión sea hacer una estadística de la cantidad de gente que está sin luz y cuántos de ellos llaman para quejarse… Porque si en estos veinte años me cansé de mandarles mail y de llamarlos y mis cables siguen siendo de tela, es porque ese organismo no se ocupa”.

Una semana más tarde volvieron los cortes. Para entonces la temperatura ya había superado los 40°. En esta oportunidad se extendió por cinco días. “Me volvió la luz el sábado 15 a las 4 de la tarde”.

Y entre los vecinos afectados también fueron víctimas los comerciantes. No sólo las carnicerías y fiambrerías tuvieron que tirar a la basura varios kilos de comida, sino que los bares y restaurantes de Emilio Castro y alrededores debieron cerrar sus puertas en una de las fechas de mayor facturación. En este caso, a la falta de luz se le sumó el recrudecimiento de los casos por Covid, que afectó a varios empleados.

Una empresa en la mira

Desde la privatización de Segba en la década menemista, Edesur se convirtió en una empresa monopólica que tiene de rehenes a cientos de miles de ciudadanos. Hacia fines de los 90’, los apagones se convirtieron en una constante cada vez que el calor se hace presente.

El 15 de febrero de 1999 a las cuatro de la mañana, una falla masiva en una línea de alta tensión de la Subestación San Telmo de Edesur desató un apagón total en una docena de barrios porteños: más de 600 mil usuarios debieron acostumbrarse a vivir sin energía por once días, en medio del agobiante verano. Más de veinte años después, los cortes de luz persisten y las empresas distribuidoras de la energía eléctrica están en la mira.

“Hay conexiones de la década de 1940 y 1950. Con Edesur y Edenor un poco se modernizaron, pero con parches”, sostiene Osvaldo Bassano, director de Defensa de los Derechos de Usuarios y Consumidores (Adduc).

En los últimos años, hay quienes sostienen que con los subsidios a la electricidad resulta imposible prestar un servicio digno, al tiempo que las empresas reclaman en forma permanente un aumento de tarifas. Eso ocurrió durante el gobierno de Mauricio Macri, pero el servicio sigue siendo deficitario.

Edesur pertenece a la empresa estatal italiana Enel, y en 2021 hubo rumores de una posible venta, aunque la propia firma desmintió. Enel, además, interviene en el mercado de la generación energética. “El servicio está totalmente abandonado, no solucionan los problemas: desenchufan un cable para enchufar otro. La red está dañada y no la arreglan”, explica Bassano.

Sin embargo, el brasileño Claudio Cunha, country manager de Enel Argentina y máximo responsable de Edesur, lejos de apiadarse del sufrimiento de los usuarios afectados por los cortes, minimiza el episodio. “El 29 de diciembre fue duro y es cierto –dispara- pero fueron cuatro comunas las afectadas en todo el territorio, de tres mil trescientos kilómetros cuadrados que tenemos en Edesur, que es menos del 1 por ciento. Sabemos que genera ruido y pedimos las disculpas del caso porque nadie quiere pasar una fiesta de fin de año en la oscuridad. No es que nos tranquiliza que sea el 1%, pero tenemos que poner en perspectiva que al otro 99% no le pasó”.

¡Dame luz!

El 20 de diciembre comenzaron los primeros cortes aislados en la Comuna 9, que para el 29 ya eran masivos. Miles de vecinos debieron pasar las fiestas sin luz. Ante la magnitud de la situación, muchos optaron por llevar su protesta a las calles para exigir una solución urgente. La juntista local Lorena Crespo estuvo presente en varios de esos cortes y aprovechó para denunciar la inacción de la empresa. “El 31 de diciembre todo Los Perales y la zona lindera a la cancha de Chicago estuvo sin luz. En muchos de esos lugares tampoco había agua porque usan un tanque único de bomba. Para entonces varias zonas de Liniers tampoco tenían luz. Después se cortó en el barrio Alvear y en Naón, con epicentro en las zonas cercanas a General Paz”, grafica la juntista del Frente de Todos.

Las manifestaciones comenzaron el 29 en Eva Perón y Medina y se replicaron luego en Carhué y Tonelero, Lisandro de la Torre y Alberdi, Carhué y Alberdi, General Paz y Emilio Castro y en la sede de la prestadora, de Juan B. Alberdi y Lacarra.

Para la juntista, la situación es clara: “acá la responsabilidad es de la compañía, que como todos sabemos es privada y que a los largo de los años ha venido fallando muchísimo. Entre el 2015 y el 2019 tuvo un 3200% de aumento, cosa que evidentemente no se vio reflejada en inversiones, por lo menos en la Comuna 9”. Y hasta arriesga una hipótesis “estos hechos nos hacen dudar de la intencionalidad de la empresa. Da para pensar que haya pasado esto justo en esas fechas tan sensibles, cuando están negociando tarifas. Son formas extorsivas donde la población queda sujeta, cautiva, porque no puede elegir otra prestadora”.

Ricardo Daniel Nicolini

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