Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
June 26, 2022 8:33 am
Cosas de Barrio

Sueños de papel

En el mes del canillita, Miguel Lobato retrata las bondades de su emblemático oficio y detalla las causas de la crisis del sector

Como cada año, el 7 de noviembre pasado se celebró el Día del Canillita. El término proviene del latín “canella”, diminutivo de canna que significa “caña”, y como en lunfardo se le dice canilla al hueso largo de las piernas, se los apodó así a los niños y jóvenes que con sus pantalones cortos, voceaban y vendían diarios durante gran parte del siglo pasado.

Con la intención de homenajearlos en la figura de uno de ellos, me dirijo a la parada de don Miguel Lobato, en José León Suárez a escasos metros de Rivadavia. Miguel es un luchador de 77 años que a fuerza de experiencia conoce a la perfección el arte de la atención al público. Lo encuentro sentado en su kiosco de diarios y revistas y me siento a su lado para acompañarlo un rato su labor, al tiempo que conversamos sobre los vericuetos de su oficio.

Con orgullo y nostalgia me muestra una foto grande en blanco y negro donde se observa una fiambrería repleta de gente y un niño de 12 años ayudando a atender. “Éste soy yo”, me informa, mientras señala al pequeño. “Este negocio estaba ubicado en General Paz 147, acá cerca, en Ciudadela. Ese fue mi primer trabajo, estuve despachando unos siete años. Después trabajé 32 años en la metalúrgica ACM, pero cuando la fábrica cerró, con los pocos pesos que me dieron compré a buen precio esta parada que ya estaba funcionando”.

Ya hace quince años que Miguel pasa sus días en el puesto de José León Suárez, a pasos del shopping de Liniers. “Soy propietario, no tengo socios ni hago repartos. Cuando llegué había poca mercadería, así que acepté el desafío de levantar el puesto y creo que lo logré”.

– ¿Es feliz siendo canillita?

– ¡Claro! Este oficio me cambió la vida, no lo cambiaría por nada, estoy enamorado de mi trabajo. Porque además, este puesto tiene la ventaja de que todos los días vienen amigos a visitarme. Hay días que vienen quince personas a verme y a charlar conmigo. Mi mayor capital son los amigos. No tengo enemigos, y eso es consecuencia de ser buena persona y caritativa.

No hay día en que Miguel no se haga presente en la parada. Cualquiera que pase por allí entre las 7:30 y las 13:30 lo va a ver acodado detrás del mostrador, entre cientos de diarios y revistas. “Este es un trabajo muy esclavo, hay que estar de lunes a lunes, haga frío, calor, truene o diluvie”, destaca como costado negativo de su oficio.

– Pero algún feriado tienen que tener, el Día del Canillita por ejemplo…

– Sí, algunos hay. Los días que no trabajamos son Navidad, Año Nuevo, Viernes Santo, 1° de mayo y el 7 de noviembre.

Para muchos, hoy el diario en papel es un artículo en desuso. En la era de la virtualidad, los sitios de información digital, los portales de los diarios y las redes sociales parecen haberle ganado la batalla a los medios gráficos –fundamentalmente aquellos con precio de tapa- cuyo aroma a papel con tinta ya se equipara con la nostalgia.

– ¿Cómo evalúa la situación del sector? ¿Los puestos de diarios están en crisis?

– Sí, sin dudas, pero esta situación no es de ahora, viene de arrastre. La pandemia se encargó de darles a muchos el tiro de gracia. Las ventas bajan año tras año y eso hizo que muchos puestos cerraran definitivamente. Acá, en esta zona de Liniers, bajaron mucho las ventas cuando se fueron los manteros. Claro que cuando estaban ellos también había muchos punguistas, pero se vendía bien. Después Larreta nos hizo estar casi un año cerrados para arreglar la calle y tras cartón, vino la pandemia. Hoy, por ejemplo, recibí solamente dos diarios Clarín ¿Para qué van a mandar más si no se vende? Las revistas vienen en consignación, si no se venden, se devuelven. Los que tienen reparto venden un poco más…

La mueca de fastidio le dura poco, porque luego ensaya una sonrisa cómplice para asegurar que “acá el diario que más sale es el de ustedes…”. Es que tanto Miguel como el resto de los canillitas de Liniers y Mataderos, son los encargados de distribuir –mes tras mes- las ediciones de Cosas de Barrio, que los vecinos retiran gratuitamente de la parada o reciben en su domicilio, en caso de que el puesto incluya el servicio de reparto.

– ¿Cómo se manejan con el distribuidor? ¿Pagan la mercadería al recibirla?

– No, me viene una boleta para depositar el dinero. La distribuidora se llama José C. Paz, reparte desde Barracas hasta Luján. Es la única que viene acá a Liniers y nos deja un 30% de ganancia.

Miguel confiesa que antes “ganaba 5.000 ó 6.000 pesos diarios, pero ahora es imposible llegar a ese número”. Y respecto al trato que recibe de la distribuidora, asegura que “nos mandan lo que quieren, lo que les sobra, no lo que pedimos. Y si me quiero quejar nunca atienden el teléfono.. Si tuviera un socio, ya hubiera cerrado”.

Ahora sí un rictus de amargura le invade el rostro. “El año pasado perdí a mi esposa –cuenta- por eso necesito estar acá. Si me quedo en casa pienso y pienso. Esto me distrae, me hace bien hablar con la gente”.

Mientras charlamos, los peatones se detienen a preguntar por una calle, por la parada de determinado colectivo o por alguna casa de venta de celulares. Ente ellos, un hombre en situación de calle viene a pedir prestado un diario y al rato lo devuelve agradecido. “No es nada”, le dice Miguel, antes de ponerse a revisar los mensajes en su teléfono celular. “Hay muchos factores que influyen en la baja de las ventas: los problemas económicos, el desempleo, la inflación, pero en nuestro caso el factor principal es éste”, sostiene mientras me muestras el telefonito. “Antes vendía libros, guías de calles y cientos de diarios y revistas, pero hoy todo pasa por acá”, argumenta con conocimiento de causa.

Pero eso sí, lejos de rendirse ante la adversidad, Miguel piensa seguir dando pelea. “Por suerte todavía queda gente que se desespera por leer y dar vueltas las páginas de un diario”, me dice, y yo asiento con la cabeza. Entonces la sonrisa le vuelve a pintar el rostro y me contagia la expresión de alegría.

Josefina Biancofiore

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