Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 2:19 am
Cosas de Barrio

Carlos Borsani, el bandoneonista de Mataderos

Una mirada nostálgica a los personajes y las profesiones de antaño

Por Amalia Lavira (*)

Carlos Lorenzo Borsani había nacido en Montevideo en 1896, pero algunos años más tarde, se afincó definitivamente en Mataderos. Trabajó en hornos de ladrillos, en quintas, en comercios, en fábricas de menudencias, pero en 1913 comenzó a estudiar bandoneón y un año más tarde tuvo su propia orquesta.

Su primera actuación tuvo lugar en una fiesta de casamiento, luego le siguieron otras fiestas en casas de familia, hasta que se le abrieron las puertas del Café La Barca, en Morón. De allí, luego, hizo escala en Madero, Jabón Federal, Haedo, Ramos Mejía, Moreno y Merlo, para desembarcar más tardes en reductos porteños de Rivadavia y San Pedrito, la glorieta de Bacacay, y Colombres e Independencia.

Mientras tanto, la Primera Guerra hacía estragos en Europa y sus consecuencias se replicaban en América. Lentamente la música fue perdiendo espacio y había que dedicarse a otros quehaceres. Durante la crisis no hubo fiestas, y si las había eran más que sobrias: faltaba alegría. Fue entonces cuando Borsani comenzó a participar en política. Se involucró en el Partido Socialista y se desempeñó en muchos puestos vinculados al área cultural. Era común verlo hablando en público y fundando bibliotecas. Claro que, mientras hacía todo eso, aprendía a leer y a escribir, porque nunca había tenido oportunidad de hacerlo. Tanto se involucró en las letras, que entre 1928 y 1930 publicó dos libros de poesía (“Anhelos del Plata” y “Frente al Azur”), con el apoyo de la Municipalidad.

Con su trabajo logró poner un “bolichito” en Mataderos, una churrasquería a la que solían asistir destacados personajes, cuando llevaban las tropas al Mercado de Hacienda. Así, entre sus clientes se los veía a don Segundo Sombra, capataz de la estancia de Ricardo Güiraldes, y también a éste, cada dos o tres meses, cuando se acercaba desde San Antonio de Areco. También eran habitués Almafuerte y el hermano de Güiraldes, que se mezclaban con obreros, peones, gente de hornos y de quintas.

Según cuenta el propio Borsani, en una grabación que atesora el vecino Oscar Usieto, sus primeras armas en la música las transitó con “un acordeón de ocho bajos que se llamaba ‘verdulera’, hasta que un día me compré un bandoneón antiguo, de teclas largas y de madera, completamente extraño. Hasta le diría que no tenía aspecto de bandoneón”. Allí asegura además que aprendió “de oído” y luego se perfeccionó con estudios musicales. Tal era su apego con ese instrumento, que lo transformó en una extensión de su cuerpo. Borsani vivía en Pilar entre Tapalqué y Rodó, y allí les daba clases de bandoneón a muchos vecinos y en algunos casos, se acercaba con su instrumento hasta el domicilio de sus alumnos.

En 1918, cuando tocaba en un reducto de Flores conoció al mismísimo Carlos Gardel, que frecuentaba el lugar aunque aún no cantaba tangos, sino valses, estilos y canciones tradicionales.

En síntesis, Carlos Lorenzo Borsani fue compositor, poeta, político, ideólogo, artista, profesor y bolichero. Un trabajador infatigable que hizo de la música un estilo de vida.

(*) Amalia es escritora, narradora, poetisa, historiadora y cultora del lundardo, además de ser vecina y enamorada del barrio de Mataderos

Facebook/Amalia Olga Lavira

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