Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 2:14 am
Cosas de Barrio

Vignoli, el apellido del cine en Liniers

Demian Vignoli evoca la figura de su abuelo Abel, quien junto a Heriberto, su hermano, les dieron vida a las históricas salas Edison y Capitolio

Todo barrio guarda apellidos que con sólo nombrarlos se transforman en sinónimos, apellidos de vecinos ilustres que han dejado una huella indeleble, que con su tarea han contribuido a forjar la historia de su patria chica. Y Liniers no es la excepción. En esta entrañable porción del sudoeste porteño, decir Amalfitani, por ejemplo, es decir Liniers en el deporte, o pronunciar Guereño es hablar de la industria linierense. Pero en materia de cultura, aunque haya varios exponentes artísticos que trascendieron las fronteras del barrio y hasta se transformaron en eventuales “embajadores”, hay un apellido que impulsó el desarrollo cultural local con la creación de dos salas cinematográficas emblemáticas, que pusieron a Liniers en el centro la escena cultural porteña.

Los hermanos Abel y Heriberto Vignoli fueron los encargados de darle vida al cine-teatro Edison y al Capitolio, las salas contiguas sobre la avenida Rivadavia, que eran una cita ineludible para los vecinos hacia fines de la década del 20’ y principios de los años 30’, justo allí donde hoy se yerguen las galerías Crédito Liniers y Liniers.

Gran parte de ese legado histórico lo atesora hoy Demian Vignoli (34), nieto de Abel y tan enamorado del barrio como su abuelo. “Tuve la fortuna de conocerlo y guardo muy lindos recuerdos de él. Era una gran persona: solidario, emprendedor, familiero. Un gran abuelo. Me enseñó a andar en bicicleta. Recuerdo que me contaba siempre el mismo cuento pero con la particularidad que tenía siempre un final distinto. Me hubiera gustado poder disfrutarlo un puñado de años más…”, comienza diciendo Demian, mientras observa una foto del Edison, que no llegó a conocer.

– El Edison y el Capitolio fueron dos símbolos de la cultura linierense ¿Qué data tenés sobre lo que significaron esas salas? ¿Por qué decidieron cerrarlas?

– Después del biógrafo de los Garavano, el Edison y el Capitolio fueron los primeros cines en Liniers. El Edison, imponente y majestuoso, y el Capitolio era el más popular de la zona oeste. Estos cines fueron tan importantes que fomentaron el crecimiento inmediato del centro comercial de Liniers y la cultura del barrio, atrayendo incluso a mucho público de otras zonas y a artistas destacados de la época que actuaban allí, como Gardel, por ejemplo. Aunque no los viví añoro mucho esos años, me hubiera gustado disfrutar esos cines, conocerlos y admirarlos. Siempre tengo latente la fantasía de poder volver a abrir una sala como el Edison… El cierre se produjo en los años ´60, cuando la televisión empezó a llegar a las casas y la gente salía menos al cine o al teatro.

– ¿Atesorás algún recuerdo de aquella época? Programas de alguno de los cines, fotos…

– Si, absolutamente. Tengo un álbum lleno de fotos, recortes de diarios de la época (1927-1933), programas de inauguración del Edison y del Capitolio, hasta una foto firmada y dedicada a la familia Vignoli por Carlos Gardel. Incluso tengo dos estribos de una escalera que daba a la fosa donde tocaba la banda del Edison. Lo que no pude recuperar fueron las letras de la marquesina, que están en la fachada del garaje de Ibarrola al 7100, que durante muchos años también fue de mi abuelo.

Pero el vínculo entre el apellido Vignoli y la cultura linierense no se agota con don Abel. Su hijo Alejandro –más conocido como “Quelo”, papá de Demian- fue el encargado de continuar el legado familiar como artista y dibujante.

– Hablame de tu Viejo ¿Cómo lo definirías como padre y como artista?

– Uffff… Mi viejo… Es, fue y será mi inspiración y mi mentor. Un tipo único. Como papá, tenía tanto amor para dar… Nos cuidaba, nos protegía y nos educó con valores tan ricos y sólidos que son el tesoro más preciado que alguien pueda guardar. Nos inculcó la honestidad, la solidaridad, el compromiso, el respeto al otro, el empuje, la constancia, la disciplina y el amor por sobre todas las cosas. Un gran padre ¿Viste cuando se te infla el pecho de orgullo? Bueno, así. Mi viejo como artista era un distinto. Creativo, con el humor como estandarte. Siempre se distinguía, se diferenciaba por algo, tenía un sello propio. Curioso, inquieto, generoso con sus conocimientos, porque a mí me enseño todo desde chiquito. Siempre pensaba en algo para hacer, tenía un proyecto nuevo cada semana, era un soñador. Se nos fue en febrero del año pasado y como verás siento una admiración absoluta por él.

El heredero. Demian es el nieto de Abel Vignoli y el hijo
de Quelo, inolvidable dibujante y creador del periódico “El Mono”. Junto a su
mujer Laura pusieron en marcha un emprendimiento gastronómico en el que llevan
el arte a la cocina.

– Podríamos decir que Quelo también se ocupó de motorizar la cultura local. No montó salas de cines pero creó el periódico barrial “El Mono”, que fue el antecesor de Cosas de Barrio.

– Es cierto. “El Mono” nació justamente por su inquietud y su espíritu de comunicador. Arrancó con un amigo en 1984 y después lo siguió él solo. La redacción del diario era en mi casa de toda la vida, en Montiel 55. Él se encargaba de todo, era el director, redactaba la mayoría de las notas, diseñaba las publicidades y obviamente hacía las ilustraciones y el humor gráfico, que nunca faltaba. Lo llamó “el Mono” por sus dibujos caricaturizados, ya que este tipo de dibujo se llama de esa manera. Él siempre decía que eran como sus hijos, personajes que salían de su cabeza y que al terminarlos era como si los hubiera parido, de ahí su seudónimo Quelo, un apócope de “qué lo parió”.

– ¿De dónde sacó la habilidad para el dibujo humorístico y la caricatura?

– La verdad que no sé. No lo aprendió en ningún lado, fue natural. Algo debe haber tenido que ver la libertad que le dieron sus padres. Pero no tuvo ninguna instrucción académica, fue un autodidacta que luego se fue desarrollando con los años.

– Y en tu caso ¿Sos hijo único? ¿Tenés también algún vínculo con la cultura? ¿Qué creés que heredaste de tu Viejo y de tu abuelo?

– Tengo una hermana un año y pico mayor. En mi caso lo artístico y lo cultural me corre por las venas. Soy casi músico (risas) porque soy sonidista, editor multimedia y operador de radio, pero además soy amante de la música, el cine, la televisión y la radio, siempre desde el costado técnico/creativo, lo mío no es frente a cámara. Por otro lado, hace más de veinte años que soy murguero y siempre estuve ligado al circuito cultural. Arranqué en la murga del barrio, “Los Pizpiretas de Liniers” y estuve quince años como director de percusión, hasta que después de un año sin carnaval, entré a una murga de Caballito (Los Protagonistas del Carnaval) donde sigo actualmente. Otra de las cosas que disfruto mucho hacer es cocinar para amigos y atenderlos como se merecen. De mi viejo y de mi abuelo heredé el empuje y la perseverancia, la dedicación y el amor que le pongo a todo lo que hago.

– Podría decirse que tenés ese don de emprendedor constante que tenía tu Viejo. De hecho hoy con tu mujer se dedican a elaborar platos y comidas artesanales con el sabor de lo casero. Contame un poco sobre eso ¿Cuándo arrancaron? ¿Cómo se organizan?

– “Tartamundi” nació en plena cuarentena, cuando el bolsillo estaba flaco, el alquiler acumulaba dos meses de deuda y la soga empezaba a apretar. Arrancamos con un presupuesto de 400 mangos y cuatro tarteras de aluminio. Con mi mujer, Laura, loca y soñadora como yo, empezamos haciendo tartas individuales caseras, metiendo publicidad por Instagram y tirando volantes creados por nosotros. Arrancamos vendiendo a familiares y amigos, y de a poco empezó a caminar. Un día se nos ocurrió hacer empanadas los viernes y sábados, “a ver qué onda” y parece que gustaron, se fueron recomendando de boca en boca, los clientes nos empezaron a conocer y así fuimos creciendo. Tanto que nos ayudó a acomodarnos, saldar deudas y empezar a mirar para adelante y proponernos más objetivos. Le ponemos mucha dedicación a lo que hacemos, cocinamos como a cualquiera le gustaría que le cocinen, ofrecemos lo que a nosotros nos gustaría recibir al momento de pedir un delivery: abundante, sabroso, calentito y puntual. Puntos claves de nuestro servicio porque el cliente para nosotros no es un número, los conocemos, sabemos qué y cómo les gusta, en que horario se entrega, todo. La materia prima es fresca y de buena calidad. Todo lo preparamos en el momento y lo hacemos nosotros. Laura, es la que le da el sabor casero, la cocinera estrella y atiende con cordialidad a los clientes. Ambos cocinamos, pero ella es la que pasa más tiempo, porque si bien tenemos nuestros trabajos fijos, ella tiene un horario más flexible que le permite estar más tiempo dedicada a la cocina. Yo me encargo de las compras y del reparto.

– ¿Es verdad eso que muchos dicen sobre “las empanadas más ricas del barrio”?

– Nosotros sabemos qué es lo que entregamos en cada puerta, de eso estamos seguros. Después el barrio es el que tiene que dar su veredicto.

– La última ¿Cuánto hace que tu familia vive en Liniers? ¿Te mudarías de barrio alguna vez?

Mi vieja, Susana D’Amico, nació y vive acá desde siempre. Mi viejo siempre estuvo por el barrio, por mi abuelo por supuesto, pero muchos años vivieron en Vicente López. Si no me equivoco en el 81’ se instalaron definitivamente en Liniers. Y yo, por supuesto, desde la cuna. Jamás me mudaría, Liniers es mi lugar en el mundo, acá está mi gente. Lo conozco y lo disfruto de punta a punta, y tengo guardado el recuerdo de cómo fue evolucionando. Tengo un amor especial por el barrio y por la historia de mi familia en él. Soy Vignoli, soy Liniers.

Ricardo Daniel Nicolini

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