Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 1:22 am
Cosas de Barrio

“El Estado porteño financia la pandemia con el sueldo de los médicos”

Lo aseguró el Dr. Marcelo Struminger, titular de la Asociación de Médicos Municipales Filial Santojanni, quien además se refirió a la compleja situación del hospital de Liniers

Para el Dr. Marcelo Struminger el hospital Santojanni es algo así como el patio de su casa. El actual Jefe de Unidad Coronaria se desempeña allí desde que ingresó como practicante en 1981, hace exactamente cuarenta años. Los últimos veinte, además, es la cara visible de la Asociación de Médicos Municipales (AMM) en el hospital de Liniers y quien se encarga de poner blanco sobre negro cada vez que la situación laboral de los profesionales de la salud entra en estado de alerta, como ocurre actualmente. Hoy, a la amenaza del colapso sanitario se le suma el deterioro salarial y la dura situación de trabajo que pone en riesgo la salud física y psíquica de quienes están en la trinchera desde hace un año y medio luchando contra la pandemia.

Sin embargo para el presidente de la AMM filial Santojanni, “ésta no es la situación más compleja que me tocó atravesar. La más difícil fue cuando acababa de entrar al gremio y el hospital estaba llevando adelante las obras de remodelación con el Proyecto Presal, un hecho de corrupción a nivel nacional que también implicó al Santojanni”. Recuerda que estaba comprometida una obra de ampliación del hospital -y otros catorce nosocomios en todo el país- con presupuesto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y quedó interrumpida por hechos de corrupción. “El problema fue que esa obra a nosotros nos implicó la reducción del 70% de la planta del hospital. El crédito se frenó y la obra se interrumpió cuando estalló la crisis socioeconómica del 2001 con el hospital a medio terminar”, remarca y recuerda que “nos tocó afrontar solos esa lucha y finalmente logramos salir adelante. De hecho esta fue la única obra pública que se culminó en todo el país en esos años y con presupuesto de la Ciudad. El gobierno de Aníbal Ibarra entendió que nuestro reclamo era justo, se comprometió a finalizar la obra y así fue”.

– Pero esta otra lucha aún no tiene un final feliz…

– La situación actual está dentro del encuadre general de la actividad sindical, aunque agravada por la pandemia. Pero los salarios a la baja de los médicos municipales no comenzó con la pandemia, sino que es producto de la mala gestión económica de la Ciudad. Además en nuestro gremio siempre entran en conflicto dos cuestiones: el reclamo salarial genuino y la vocación, y finalmente termina primando el bienestar de los pacientes, entonces la moral del médico socava sus necesidades salariales reales. Claro que en este país le va mejor aquellos que sólo miran su propio ombligo en lugar de quienes priorizamos las necesidades ajenas…

En el año 2005 el presupuesto de Salud en la Ciudad de Buenos Aires equivalía al 23% del total, pero en el 2020 se destinó a Salud el 15%. “Es decir que hemos perdido 8 puntos del presupuesto porteño”, enfatiza Struminger. Y esa reducción contrasta con la mayor demanda y necesidades de los hospitales. “Pensá que la obra de ampliación de este hospital, en plena crisis de 2001 se hizo con apenas 6 millones de pesos, o de dólares en aquel momento. Pero hoy, mientras los costos de la construcción se incrementaron terriblemente, el presupuesto en Salud se redujo año tras año, con lo cual pensar en una ampliación de los hospitales porteños es una utopía”, expresa el ex alumno del Nacional 13 y vecino de Mataderos.

Con la llegada de la pandemia, ese presupuesto del 2020 no se modificó en absoluto, sólo se tomaron de apuro partidas extraordinarias que fueron aplicadas a Salud. “Así y todo –remarca Struminger- en el presupuesto de 2021, que se votó a fines de 2020, no se asignaron más recursos a Salud, se destinó más dinero pero no más recursos, porque se le siguió asignando sólo el 15 por ciento del presupuesto. En otras palabras, el Estado porteño financió la pandemia con el sueldo de los médicos. Es decir que no sólo pusimos la espalda sino también el bolsillo”.

El titular de la filial sindical Santojanni asegura que del 2007 al 2020 los médicos han perdido un 20% de capacidad adquisitiva. “En el 2016 –puntualiza- un médico, después de haber estudiado años y años, cobraba el equivalente a dos canastas básicas de alimentos. Ahí ya decíamos que estábamos mal, pero ahora estamos cobrando 1.2 canasta de pobreza. Y estamos hablando del sueldo en bruto. En marzo de este año el sindicato cerró la paritaria con una expectativa de inflación anual del 30%, quiere decir que a hoy ya perdimos 10 puntos más de poder adquisitivo, porque a mitad de año la inflación ya alcanzó el 22%”.

Pero a ese conflicto salarial se suma además el de las condiciones de trabajo. “Son pésimas –define Struminger-. Lo único que se mejoró fue el equipamiento en materia de respiradores, camas y en elementos para atender la crisis de la pandemia, pero en la Guardia, por ejemplo, no existe recambio de aire (ver “Las carencias…”). Por otra parte, los médicos están agotados humana y anímicamente. Ayer mismo un médico de Terapia me dijo ‘no aguanto más ver morir gente’”.

Y en ese marco terrible, las licencias están suspendidas o limitadas. Pero lo que detonó la paciencia de los médicos fue el cierre de las licencias por stress. “Además de la licencia ordinaria –explica el cardiólogo- los profesionales de la salud tenemos una licencia de stress porque se reconoce que esta profesión produce un desgaste especial que deriva en el síndrome del quemado o de burnout. Por eso, para atenuar ese efecto, tenemos una licencia de diez días por año, que es obligatoria por ley. La licencia ordinaria si no se toma se pierde, pero en este caso debe tomarse obligatoriamente y no es acumulable. Desde hace dos años tenemos limitaciones para tomarnos esta licencia. De por sí los médicos, por nuestro trabajo diario, estamos directamente expuestos al virus de esta pandemia, pero con estas limitaciones estamos también expuestos a otra enfermedad derivada del stress”.

– ¿Toda esa situación hizo que muchos médicos y enfermeros optaran por renunciar?

– Gran parte del personal de enfermería que se sumó al hospital durante la pandemia, que han sido varios, optó por renunciar. Están abrumados y es entendible. Porque en condiciones normales todo personal recién llegado es acompañado y asistido por profesionales de experiencia, pero ahora en medio de la pandemia eso es imposible. Esto es una guerra y hay que meterse en la trinchera y tirar, no hay tiempo para practicar nada. Y con los médicos nuevos pasa lo mismo. De hecho otra cosa que estamos viendo y que nunca había ocurrido, es el pedido de jubilación anticipada. Hasta antes de la pandemia, la jubilación era un castigo para el médico y ahora ese castigo se transformó en un salvoconducto. Hay un desgaste constante, porque todos los días nos cambian las reglas del juego, porque no hay directivas claras y trabajamos en una situación de incertidumbre permanente. Cuando creemos que empezamos a tener una respuesta, nos cambian la pregunta…

Hoy los médicos municipales, con Struminger a la cabeza, están pidiendo que, al menos, se les adecúe la paritaria en curso al cambio que se produjo en la inflación. “Nosotros cerramos la paritaria en base a una inflación anual del 30% -explica- y hoy sabemos que como mínimo tenemos que llegar al 45%. Porque todos los años nuestros salario se ajusta por debajo de la inflación. Un buen salario hace que el pluriempleo disminuya, y hoy en promedio, los médicos trabajamos en cuatro centros de salud distintos”.

Esa merma de presupuesto en materia de Salud, contrasta con el incremento de los ingresos a las arcas porteñas. El presupuesto de la Ciudad creció de 85.000 millones en el 2015 a 460.000 millones en 2020, “o sea que los ingresos se multiplicaron por cinco veces y media, pero nuestros salarios se multiplicaron por cuatro. Y ojo que el presupuesto lo vota la Legislatura, con lo cual es tan responsable el oficialismo como la oposición. Quiere decir que la política decidió pisotear a los médicos”, dispara Struminger y asegura que “aunque en los discursos el ministro de Salud reconoce nuestra situación, eso no se replica en los hechos. Nosotros tenemos un bono de 6.500 pesos, siempre y cuando no hayamos faltado por enfermedad, pero los bancarios tienen un bono de 100 mil. Entonces nos preguntamos ¿Qué vale la atención de la pandemia?”.

– Y en la sociedad en general ¿Notan una falta de apoyo al reclamo de los médicos?

– Por supuesto, porque la sociedad no sabe lo que vale la salud hasta que la pierde. Pero ahora que muchos la han perdido, tampoco notamos ese apoyo.

– A propósito ¿Se observa en el Santojanni un descenso en los casos?

– En Terapia Intensiva hay un pequeño descenso de pacientes, pero eso no indica mucho. La vez pasada le preguntaron a un colega por el porcentaje de ocupación de camas en Terapia y respondió que estaba en un 90%, pero como su sector tiene diez camas, con un paciente más, colapsa. Además, en esta segunda ola la liberación de camas en Terapia fue a expensas de una alta tasa de mortalidad. La mayoría de los pacientes que llegó a Terapia lo hizo en peores condiciones que al comenzar la pandemia. De hecho estamos viendo que la cantidad de casos disminuye, pero no así las muertes, que no se equiparan proporcionalmente a esa disminución de contagios.

Ricardo Daniel Nicolini

Las carencias del Santojanni en la lucha contra el Covid

“Acá en el Santojanni el tomógrafo no funciona, se lo intentó reparar varias veces pero a los pocos días vuelve a fallar”, expresa Struminger cuando se lo consulta por las armas con las que cuenta el hospital para luchar contra la pandemia. “Y eso que el Santojanni –remarca- es un hospital del anillo rojo y el primero que recibe derivaciones de trauma porque es el único que tiene helipuerto. Pero tenemos que mandar a los pacientes en ambulancia a hacerse la tomografía al Durand, y es sumamente riesgoso llevar a un paciente crítico en ambulancia”.
Pero eso no es todo. “En la Guardia, por ejemplo, no existe recambio de aire, una exigencia básica en cualquier restaurante. Y no hay recambio de aire porque no hay ninguna ventana. La Guardia de este hospital es una caja rodeada de paredes cuando lo que hace falta es un recambio de aire activo, es decir, es una Guardia propandemia durante 24 horas los siete días de la semana. Lo mismo ocurre en el área de Consultorios Externos, donde tampoco hay recambio de aire y se respira tufo. Porque el hospital fue programado con equipos de aire acondicionado que la pandemia dice que no deben prenderse”, explica el cardiólogo y se encoge de hombros.
Y esa carne de cultivo para los contagios justo allí donde debería reinar la asepsia, se replica en los ascensores del hospital, cuyo funcionamiento Struminger define como “una lotería”. Luego arremete “te invito a que toques el botón del que se te antoje a ver cuál funciona. En el sector de Internaciones hay cuatro ascensores, dos con puertas de acero inoxidable y otros dos de puertas tijera, las condiciones de los cuatro son deplorables. Además de que no funcionan, tienen cero mantenimiento. Todos los camilleros se quedan clavados con pacientes adentro”. Y lo que es más grave aún “desde que se desató la pandemia nosotros tratamos de diferenciar ascensores Covid de no Covid, pero si no funcionan, se usa cualquiera que ande, porque el camillero que tiene que subir un paciente a la Terapia que está en el segundo piso, no puede hacerlo por escalera”.
Sin palabras. No más preguntas.

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