Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
July 28, 2021 4:17 am
Cosas de Barrio

Una pared con el Diego

La esquina de Tonelero y Leguizamón luce la estampa del Diez con la Copa del mundo. El muralista y los detalles de su obra

Tras la dolorosa partida de Diego Maradona el 25 de noviembre último, miles de argentinos aún le siguen rindiendo homenajes a su manera. Vigilias entre cánticos y velas, remeras con su figura, cartas en redes sociales y murales, son las opciones más elegidas por sus seguidores para conmemorarlo desde la Quiaca hasta Ushuaia y hasta en cualquiera de las cinco continentes. Incluso aquí, en la camiseta número 9 de la Ciudad de Buenos Aires, también se resguarda la imagen del inolvidable Diego.

Desde el 22 de enero, casi dos meses después del fallecimiento del astro del fútbol mundial, la esquina de Tonelero y Martiniano Leguizamón, en el barrio de Liniers, constituye uno de los tantos puntos turísticos intervecinales en memoria del diez. Allí, el histórico instante del beso a la Copa del Mundo en el 86,́ es el fondo de las selfies de fanáticos y transeúntes que pasan por esa cálida intersección linierense. Una fotografía imperdible que todos quieren tener en su celular.

Detrás del mural funciona una reconocida fábrica de cosméticos para el cuidado personal femenino, cuyo permiso fue validado de palabra. Y detrás de la obra de arte, existen unas manos que se encargaron de ilustrar al Diego –en tiempo récord- junto a la conquista más épica de los registros futboleros nacionales. “Lo empecé y terminé el mismo día. Trabajé durante trece horas para terminarlo”, comienza diciendo Uasen –o Mauricio Gabriel Pepey, como lo indica su DNI- autor del graffiti y vecino de González Catán, en el partido de La Matanza. El cuarto viernes de enero se tomó un par de bondis y trajo su caja de herramientas, aquella que lleva a cada lado donde surja un trabajo. “Lo pinté con aerosol y también use un poquito de látex”, revela el joven artista de 26 años.

Uasen vino a Liniers a pedido de sus clientes. “La esquina la eligieron los chicos de la barbería Giovane, que está a la vuelta, sobre Tonelero, ellos son los que me pagaron”, aclara el muchacho y, acerca del permiso para pintar, asegura que “ellos hablaron con el personal de seguridad de la fábrica. Parece que al principio no querían saber nada, pero después los dueños de la compañía les dieron el ok. Les gustó la idea de que el Diego fuera parte de la fachada”.

Según el artista urbano, la medida del mural es de “aproximadamente cuatro metros por cuatro” y este es el quinto que lleva hecho tras el adiós del Diez. “En Villa Palito (San Justo) tengo dos, otro está en el predio de entrenamiento de Argentinos Juniors, y otro en un bar de Palermo Soho”, enumera Mauricio. Para él, a pesar de dedicarse pura y exclusivamente al muralismo desde 2009, retratar a Maradona no es una tarea sencilla. Cada graffiti requiere una preparación previa, donde no sólo hay que chequear los niveles de pintura. “Tuve que ver el partido completo del 86´ contra los ingleses para poder hacer un mural”, confiesa el graffitero quien, reconociéndose “cero fútbol”, encontró en la estrella de Fiorito su fuente de inspiración. “Haberlo visto jugar, cumplir su sueño de ser campeón del mundo y superar todas las barreras posibles, me motivó a hacer lo mismo en mi trabajo”, afirma.

Desde que se entreveró con las hazañas de esa zurda endiablada, Pelusa es su modelo a seguir. Sabe que lo hecho por el Diez fue único e inigualable, pero así y todo quiere volar tan alto como un barrilete cósmico. “Para mí Maradona dentro de la cancha significa alguien que se superó día a día”, subraya Mauricio, que aunque reconoce tener “menos fútbol que la revista Para Tí, cuando veo jugar a Maradona me dan ganas de agarrar una pelota. Igual prefiero llevarlo para el lado de lo que hago”. Si el sueño de Diego era salir campeón con la celeste y blanca, el de Uasen es “viajar por el mundo haciendo esto”, admite el artista callejero, especialista en street art y muralismo.

De tanto trabajar en la calle –de asfalto y de tierra- terminó haciéndose amigo de la redonda. De hecho, en varias ocasiones, viéndolo laburar largas horas con la máscara y entre tachos de pintura, le han chiflado para prenderse a un picadito. A veces, incluso, acepta la invitación.

Graffitero cósmico

“Desde chico me llamó la atención todo lo relacionado al street art, es decir, graffiti y muralismo”, asegura Mauricio, aunque lo terminó de descubrir hace doce años y lentamente se convirtió en el trabajo de todos los días. “Desde 2017 me dedico cien por ciento a pintar murales”, afirma, y luego añade “mi trabajo puede ser en un bar, dentro de un country o en la 1-11-14, no tengo límites, voy a cualquier lado”.

En plena adolescencia, secundaria y tachos de pintura de por medio, comenzó a hacerse los primeros pesos en el arte de la pintura. “Mis primeros murales –asegura- los hice a los 15 años. A partir de ahí se fue dando todo. A veces mientras pinto un mural de una cara, pasa alguien y me pide que le pinte el rostro de un familiar, o me cuentan que tienen un negocio y quieren que les haga un graffiti en el frente”.

Sin embargo, a diferencia de los raperos o los street dancers, la destreza de agitar y colorear con aerosol no la adquirió en la calle. “Cuando estaba estudiando para ser profe de Plástica –título que obtuvo años más tarde- allá por el 2009 conocí a un grupo de chicos de mi escuela en un evento artístico que se llamaba “Semana de las Artes”. Ahí se dictaba un taller de street art y graffiti, cuando observé de qué se trataba me volví loco y me dije que ‘esto era para mí’”.

Si bien no se entrenó en callejones o reductos ferroviarios, llegada la etapa de la legalidad, Mauricio emprendió travesuras graffiteras corriendo el riesgo de cambiar la máscara y los tarros por las esposas y las rejas. “Pinte trenes y subtes y recién después me di cuenta de que tenía que aflojar un poco con eso de dejar mi firma y mi teléfono al pie de cada mural”, cuenta entre risas Uasen, quien –autorización mediante- dejó sus datos en el mural de Liniers.

Su otro elemento de marketing es el celular, a través del cual invierte “muchísimo tiempo” en redes sociales para poder llegar a más gente con su arte. Con el teléfono suele registrar el resultado final de cada trabajo, que luego comparte en Instagram, bajo el dominio @uasengraffiti. El de Diego, sin dudas, fue el que más repercusión causó, pero también hay imágenes otros murales de su autoría con rostros de personas comunes y corrientes. “Son chicos muertos que la familia quiere recordar en la pared. Me contratan, paso presupuesto y si están de acuerdo voy y hago el trabajo”, explica.

Para Mauricio, el muralismo es más que una pasión o un sentimiento. Le atribuye una dosis mística al afirmar que el motor de su proyecto “fue Dios”. Y luego intenta argumentar “sentí que me estaba pidiendo eso. En la Iglesia me pedían que tenía que vivir de eso y yo me preguntaba: ‘¿cómo voy a vivir pintando murales?’. Muchos creyeron en mí y me apoyaron, mi familia también, y acá estoy”.

Parece ser que para el joven artista urbano las respuestas a las preguntas sobre su vocación están en el cielo. Dios y Diego, en ese orden y sin confundirlos. “No son la misma cosa”, aclara entre risas, conciente de que uno le dio la señal y el otro es el motivo de su constante superación, y al mejor estilo maradoniano, arremete “quiero dejar huellas por el mundo”. A sus 26 años –la misma edad del Diego cuando levantó la copa en Méjico- Mauricio, en cambio, levanta su vida a pintando murales porque, desde 2009, está convencido que la pared no se mancha.

Santiago Rodríguez

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