Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
July 28, 2021 5:21 am
Cosas de Barrio

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL COVID-19

Una mirada a las relaciones de pareja de jóvenes y adolescentes en la geografía de Liniers y Mataderos

Pasada la medianoche, mientras Lautaro y Martina le susurran al teléfono en la oscuridad de sus cuartos, Nicolás prepara sobre la mesada dos fernets con Coca bien espumantes, como le gusta a Leila que, a modo de mimo, matan el sabor amargo de una peli que no terminó como ella esperaba. Pero alrededor de las 3, todos están en la cama. Unos dichosos de compartir almohada, y otros la abrazan hasta desplumarla, porque para ellos extrañar se convirtió en su triste sueño de cuarentena.

A partir del inicio del aislamiento social, que ya lleva tres meses de vigencia en el país, miles de parejas de jóvenes y adolescentes requirieron de la tecnología y las redes sociales para darle una vuelta de tuerca a su noviazgo. Gracias a las oportunidades del siglo XXI, sobrellevan su relación a la distancia. Sin embargo, otras conviven entre cuatro paredes desde las vísperas del 20 de marzo, como medias naranjas que se necesitan el tal para el cual. Y mucho más en tiempos de pandemia.

Amor a distancia

Lautaro y Martina, vecinos de Liniers, saben lo que significa un noviazgo remoto en épocas de Covid-19. “Empezamos a salir en enero, aunque lo oficializamos en la segunda semana de marzo, ahí nos pusimos de novios”, cuenta la joven de 17 años. “El 14 arrancamos y desde el 15 estamos cada uno en su casa –se queja él-. Justo un día antes de que ambos empezáramos a hacer la cuarentena voluntaria nos pusimos de novios, nos da mucha bronca a los dos”, expresa sin soltar insultos el estudiante del CBC para Medicina.

Por su parte, Ariel y Guadalupe, también de sangre linierense, llevan siete meses de la mano y “en lo que va la cuarentena, habremos hecho videollamada tres veces”, reconoce la egresada, quien tiene la convicción de que el confinamiento no le quitará a su príncipe azul. “Hacemos llamadas normales porque ya escuchando la voz sabes cómo está el otro. A mí no me molesta no verla”, admite el pibe de 18 años, fanático de la Academia.

Y con respecto a los medios tecnológicos, para Martina, el teclado le ganó la pulseada a la cámara. “No hacemos muchas videollamadas pero sí chateamos por Whatsapp y a veces hacemos llamadas, que casi siempre duran hasta que nos quedamos dormidos”, comparte su nuevo plan favorito de finde, a la vez que Lautaro extraña con nostalgia su salida preferida: “Nuestro plan preferido era juntarnos a tomar mate y charlar un rato en alguna plaza”.

Sin dudas, la yerba y la bombilla nunca faltan en las mochilas de los jóvenes. “Las salidas más lindas eran estar juntos con un mate”, confiesa con un tono melancólico Ariel, quien desde que empezó la cuarentena, solo salió cinco veces de su casa sobre Boquerón y Montiel, a cuadras de donde está Lupe. “Yo vivo en Montiel y Peribebuy, a menos de dos cuadras… Hay veces que yo re quiero que venga a casa o yo ir a la suya para poder darle un abrazo, pero no se trata sólo de pensar en nosotros sino en nuestras familias”, asegura la joven que cursa quinto año.

Y Lautaro, como futuro médico, también cree que el resguardo de los seres queridos está en primer lugar. “Cuidarnos es lo principal, hoy más que nunca”, advierte, haciendo referencia no solo a la salud de su familia, sino también a la de sus suegros. Pero aunque en casa estén sanos y salvos, el humor de Martina hacia papá y mamá desmejora con el correr de los días. “Convivir todo el tiempo con la familia no es algo a lo que uno está tan acostumbrado”, expresa la adolescente con un suspiro que satura la salida del auricular.

Más allá de todo, ambas parejas llevan adelante su noviazgo gracias a la tecnología, su predilecto chiche millennial. “La relación creo que se mantiene viva en él estando conectados, aunque el cara a cara es algo que necesitamos”, reconoce Martina y coincide con Ariel. “El amor no se transmite solo con besos y abrazos, también con diferentes acciones o gestos”, afirma el galán que, con el encanto de sus palabras, supo conquistar a Lupe.

Como anillo al dedo

Por otra parte, otros jóvenes se avivaron. Al mismo tiempo que escuchaban las palabras del presidente con la tele de fondo, aquella misma noche del 19 de marzo preparaban los bolsos para salir a las corridas a las casas de sus parejas, antes de que el reloj marcará la medianoche. Una jugada “cenicientística” por la que optaron Sol y Pablo.

“Decidimos pasarla juntos porque sabíamos que iba a ser para largo”, cuenta la muchacha de 22 años desde la casa de Pablo que, con vista al Parque Avellaneda, se transformó en su nuevo espacio para dictar sus clases a distancia. Y tuvo razón la profesora de inglés, aunque nunca pensó que la cuarentena llegaría tan lejos. “No pensaba que iba ser para tanto”, confiesa.

En Mataderos, algo similar ocurre con Leila y Nicolás. “Decidimos hacer la cuarentena juntos porque nos íbamos a extrañar mucho, mucho, entonces sentíamos que no podíamos estar separados tanto tiempo”, enfatiza la estudiante y maestra particular de Matemática, quien a los 21 vive junto a su novio en su casa de Martiniano Leguizamón y Tapalqué.

“Estamos juntos desde hace un año y tres meses”, comenta Nicolás, futuro arquitecto y colega de su pareja, ya que ambos dan clases particulares en forma online. “Doy cursos de Autocad, que es un programa de diseño, y ella es profesora de matemática, fisica y quimica, y ahora por el tema de la cuarentena damos las clases por videollamadas. Pero no tuvimos problemas, porque nos adaptamos muy bien a todo lo que es digital”, explica.

Y desde su habitación, con el paisaje al verde del parque, Pablo se anima a describir cómo es la rutina que comparten con Sol. “Arrancamos temprano, desayunamos y después ya cada uno se pone con su trabajo, Sol dando clases y yo haciendo las cosas del trabajo -cuenta el empleado administrativo- Después a la tarde cortamos para el almuerzo y estar un rato juntos, y de nuevo volvemos al trabajo de cada uno. Paramos de vuelta para la hora de la merienda a charlar un poco y ya después Sol sigue con sus clases y yo empiezo a cursar online”, detalla.

En definitiva, dos parejas trabajadoras que tienen a su favor una de las virtudes de la juventud: la energía, que tanto gastan durante la semana. Pero cuando llega el finde, Sol y Pablo apagan las computadoras y se empilchan para su tiempo de ocio. “Hacer deportes y ver series, ¿no, amor?,” le pregunta él sobre sus planes preferidos, a lo que ella responde: “Sí, y los asados que te mandas también”. 

Por su parte, Leila y Nicolás también aprovechan el sábado y el domingo para dedicarle tiempo al hogar que alquilan desde el 10 de mayo, después de convivir juntos casi dos meses en la casa del él. “Lo que hacemos el finde es ordenar la casa, hacer las compras, limpiar, y obvio que también nos hacemos nuestro tiempo para descansar”, explica ella con la misma emoción que tuvo cuando le compraron su muñeca favorita.

Parece ser entonces que éste es el panorama de los jóvenes en el amor en época de cuarentena. Entre pantallas y llamadas, unos alimentan su relación de esperanza con la expectativa de encontrarse en un futuro cercano. Mientras que otros conviven entre cuatro paredes, aceptando el desafío de respetar el lugar de cada uno. Con esta fórmula, nadie sale perdiendo. Excepto Cupido. A él si la pandemia le dolió como un flechazo.

Santiago Rodríguez

Comments

  1. Avatar for cosasdebarrio adrian dice:

    mi padre siempre me conto’ q siendo niño concurrio’ con otros pibitos del barrio a la esquina de guardia nacional y alberdi(para mi villa luro y no mataderos) a contemplar el escenario de la noticia q impacto’ fuertemente
    a la sociedad de aquel entonces como fue’ la muerte del temido pibe cabeza

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *