Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
April 15, 2021 4:14 am
Cosas de Barrio

HOTEL CORONAVIRUS

Desde que inició la pandemia la Ciudad implementó un amplio abanico de medidas que cambiaron la realidad de todos, en el transporte, en el trabajo, en los comercios, en los consorcios, pero sin dudas para quienes vienen del exterior o se infectan como residentes en la Ciudad y utilizan el sistema público de salud, el cambio es rotundo. Estos vecinos son alojados en los hoteles de pasajeros como estrategia de prevención. El dato categórico que hizo imprescindible la medida es contundente: el 75% de los infectados no lo saben ni lo sospechan, son los llamados asintomáticos y, según la tasa de contagio mundial, podrían contagiar, en caso de no aislarse, al menos a cuatro personas cada uno.
“La pandemia nos desafió a todos, hoy no importa cuál es tu cargo o función, nuestra tarea es cumplir los lineamientos que define Fernán Quirós, ministro de Salud, junto con su equipo, para el trabajo en los hoteles y estar al servicio de los vecinos para evitar la propagación del virus en la Ciudad”, afirmó Facundo Carrillo, secretario de Atención Ciudadana. “Sabemos que por cada paciente con Covid-19 que estamos cuidando evitamos muchos contagios y le damos tiempo y espacio al sistema público de salud para enfocar todos sus recursos en los casos más complejos”, agregó el funcionario.
Walter y su esposa embarazada se contagiaron de Covid-19 casi al mismo tiempo, los dos fueron al Hospital Piñeiro, ella quedó internada porque tenía síntomas y fecha de parto en esos días, a él lo trasladaron al Hotel de las Luces para llevar adelante la cuarentena. Tres días después del episodio nació su cuarto hijo y él no pudo asistir al parto, situación que lo dejó con una sensación de frustración e impotencia. “Ese día fue un golpe terrible. Estaba como loco. Ella es mi compañera, mi amor, mi vida… y mi bebito nació y no podía estar ahí por este virus de porquería. Estaba destruido emocionalmente. Pero con la ayuda de Dios y la contención de los doctores, los enfermeros, los voluntarios y los psicólogos lo superé”, cuenta Walter, un soldador de 33 años que vive con su familia en el barrio de Flores.
Dos veces al día Walter es contactado por médicos, como parte del protocolo diario en el que debe reportar si tiene fiebre. “Gracias a Dios no tengo”, aclara. Recibe además contención de psicólogos que controlan su evolución y le brindan el apoyo necesario para sobrellevar la única forma conocida para luchar contra la enfermedad: el aislamiento. “La verdad es que el trato es muy humano, entienden la situación. Me llaman todos los días y me preguntan cómo estoy, si tengo temperatura, cómo amanecí, si descansé bien, cómo está mi familia. Es como una charla entre amigos. Te hace bien porque no te sentís ajeno, te soltás y te alivia mucho eso que te genera el encierro”, explica.
Con el correr de los días, ese horizonte oscuro parece comenzar a aclararse lentamente. “Los días pasan rápido. La semana anterior estábamos tratando de asimilarlo con mi señora y en un pestañazo, ya estoy comenzando la cuenta regresiva para mi próximo hisopado. Mi señora se está curando de a poco de un cuadro de neumonía provocado por el coronavirus, y a mi bebé el test le dio negativo y está rosadito. Estar acá es la mejor opción, porque si estuviera en mi casa no sé qué podría pasar. Podría estar toda la vida preguntándote ¿por qué no me recluí? En realidad estoy solo físicamente, porque estamos juntos”, concluye.
Nora Waldhorn es de la Laboulaye, provincia de Córdoba, y tiene 61 años. Llegó a Buenos Aires el 20 de marzo desde Uruguay en el barco que transportaba a un pasajero infectado. “Nos llevaron al hotel Panamericano –recuerda- estuve desde el 20 a la madrugada hasta el 30 de marzo que me trajeron acá”.
Nora viajó con una amiga a Uruguay y jamás se imaginó un regreso televisado, a una semana de su arribo al hotel Escorial. Cuenta que le hicieron el primer test que dio positivo al Covid-19. “El 28 de marzo nos hicieron los test a mí y a mi amiga, a mí me dio positivo y a mi amiga negativo. Ella se volvió y yo vine al escorial que es donde estoy ahora”.
Y sobre su estadía allí, expresa “Me han tratado muy bien, lo que he necesitado siempre lo he tenido, lo que está al alcance de ellos (los voluntarios) por supuesto, El desayuno nos lo traen a las 8:30, te golpean la puerta y vos te levantas y entrás tu desayuno. El almuerzo igual, tipo 12.30, la merienda a las 17.30 y la cena un ratito antes de las 9. La comida es excelente”.
Nora cuenta que cuando ingresó le preguntaron si tenía alguna condición especial, si era diabética, hipertensa, para saber qué podía comer. “Yo les dije que nada que ver, de hecho me engorde unos cuantos kilos, porque estuve sin hacer nada. Me ofrecieron jabón, shampoo, pero igual como venía de viaje ya tenía todo. Además nos cambian las toallas y las sábanas”.
El 5 de abril, a dos semanas de estar en la Ciudad, Nora se realizó el segundo test y le volvió a dar positivo. Sin embargo cuenta que casi no tuvo síntomas: “el único síntoma que tuve fue perdida del gusto y el olfato, nunca tuve fiebre, dolor de cabeza, malestar general, ni esa tos seca que yo le escuchaba acá a la gente, para nada. O sea, lo mío fue dentro de todo muy leve”. Respecto de la atención médica, Nora cuenta cómo es el protocolo de atención y seguimiento de pacientes: “Dos veces por día te llaman, yo me tengo que tomar la fiebre, acá me dejaron un termómetro digital y, tanto a la mañana como en la noche tenés que reportar la temperatura. Yo nunca pasé de 36. Como nunca tuve síntomas, no hizo falta que vinieran a mi habitación”.
El estigma del Covid-19 es la soledad y cada uno va generando hábitos para combatirla, así surgen nuevos saberes. Al respecto Nora cuenta: “tuve mis días….me acostaba, me levantaba, miraba televisión, me conecte Netflix en el celu, la gente de mi ciudad me acompañó muchísimo porque soy el único caso, así que imaginate. Por eso no he podido volver antes porque no me dejaban entrar si no tenía el test negativo”. Al igual que en otros pacientes, la tercera semana es la más dura. “Se me empezó a poner un poco más pesado –asegura- no venían los resultados de los test, yo estaba muy ansiosa, pero bueno la fui piloteando gracias a Dios”.
Pasada esa tercera semana la ansiedad fue disminuyendo. “Me hicieron el hisopado por nariz y garganta y el lunes a la tarde ya tenía el resultado. La noticia me la dio una doctora de acá del hotel. Sonó el teléfono y me dijo que ya no tenía presencia de virus. No sé cómo explicarte la sensación que tuve. Lo primero que hice fue llamar a mis hijos”, recuerda emocionada.
Minutos antes de dejar el hotel Escorial, Nora se toma un tiempo para agradecer. “Yo estoy muy agradecida por el trato recibido. Pensar que el día que llegamos en Buquebus fue un caos, hasta que nos llevaron en colectivo al Panamericano. Después de eso se acomodó todo. Pueda ser que la Ciudad gane el juicio, para que pague todos los daños que causó el que se subió al barco”.
Sin dudas, la puesta a punto de 23 espacios extrahospitalarios en hoteles para recibir a más de 6.300 personas de un día para otro fue un desafío que no estaba en los planes de ningún integrante del Ejecutivo porteño: “Tuvimos que aprender rápido y haciendo; no había tiempo que perder. Conocer la historia de cada persona es un llamado a comprender la importancia que tiene que todos respetemos el aislamiento. Hay situaciones en las que otras personas no tuvieron elección, no podemos bajar los brazos, esta es una situación histórica que nos exige seguir haciendo nuestro máximo esfuerzo”, concluyó Carrillo.

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