Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
December 2, 2022 9:14 am
Cosas de Barrio

Cuando los recitales en Vélez hacen bailar a todo el barrio

Los vecinos se quejaron por las irregularidades y la inacción del Gobierno porteño y acordaron con el club un compromiso comunitario

Desde que en marzo de 1981 la inigualable voz de Freddie Mercury hizo vibrar a miles de fanáticos, el estadio de Vélez Sarsfield se convirtió en uno de los escenarios más requeridos de la Argentina en materia musical. El aforo, la ubicación privilegiada y estratégica, la acústica adecuada, la comodidad en los ingresos y la rapidez en las desconcentraciones, son los argumentos que esgrimen los productores para escoger el Amalfitani. No es casual entonces que los más prestigiosos artistas internacionales y las principales bandas locales elijan Vélez a la hora de brindar sus shows en Buenos Aires.

Sin embargo, el furor y el entusiasmo que suelen vivir los fanáticos que disfrutan de los conciertos en el interior del estadio, suele ser directamente proporcional al avasallamiento que padecen los vecinos que viven en las inmediaciones. Los recitales de Daddy Yankee del primer fin de semana de octubre y los de Duki, el jueves 6 y el viernes 7, fueron el detonante que colmó la paciencia de los vecinos linderos. “los recitales del Duki fueron una vergüenza. Cada uno incluía dos tandas de pirotecnia, al comienzo y al final. Parecía Vietnam esta zona. Vélez y la Comuna 9 estuvieron ausentes y la policía miró para otro lado. La única que se mostró activa fue la productora, que se ocupaba de su negocio. A Vélez sólo le interesa la plata, se desentiende de los inconvenientes que estos recitales le generan a los vecinos”, expresó ofuscado al día siguiente el arquitecto Alejandro Ruggiero, vecino de Barragán al 100, y referente de la comunidad barrial en Liniers Norte.

Pero eso no es todo “además, cierran las dos plazoletas de Juan B. Justo, cosa que está prohibida porque en los espacios públicos no se puede cortar el acceso, las veredas están plagadas de basura, se instalan parrillas sin autorización, hay calles tomadas por el evento y vecinos somos rehenes de esa situación, con el acceso vedado a nuestras casas ante la presencia de estructuras transitorias en el espacio público. El tramo de Álvarez Jonte que linda con el estadio, lo usan como patio de maniobras y logística para los vehículos y pertrechos relacionados con el recital. Y como si todo eso fuera poco, los patovicas se ocupan de la regencia y el manejo del espacio público, cuando la ley prohíbe expresamente que los de seguridad privada trabajen fuera del estadio”.

Pero más allá de la larga serie de irregularidades que menciona el Arq. Ruggiero, los shows del popular trapero argentino en Vélez tuvieron una particularidad: se escucharon a más de veinte cuadras a la redonda y volvieron a poner en debate el nivel de contaminación sonora que generan los megarecitales. “El sonido era fuertísimo, mucho más alto que en cualquier otro show. A un vecino de la calle Jonte se le partió un ventanal por la vibración”, expresó Alfredo Gegundez, vecino de Fragueiro al 300.

“La intensidad de la música no tiene forma de ser mitigada en espacios abiertos, porque no hay posibilidad de insonorizar el espacio. Entonces la fuerte contaminación sonora es inevitable”, explica el Dr. Jonatan Baldiviezo, presidente del Observatorio del Derecho a la Ciudad e integrante del Movimiento La Ciudad somos quienes la Habitamos. “Por ese motivo -asegura- la autorización de espacios a cielo abierto para la realización de eventos musicales para decenas de miles de personas debería incluir como mínimo una evaluación de Impacto Ambiental, contemplando la acumulación anual o mensual de recitales. De esa forma se mitigarían los impactos negativos y los residentes afectados decidirían si aceptan soportar estos efectos o, en su defecto, no autorizan estos eventos en sectores residenciales de la ciudad”.

Baldiviezo advirtió que el Gobierno de la Ciudad está autorizando megaeventos sin exigir que se sometan al procedimiento de evaluación de Impacto Ambiental para actividades con relevante efecto, como los recitales en estadios. En ese sentido, vale recordar que los megaeventos en el Campo Argentino de Polo y en el Hipódromo de Palermo están siendo cuestionados en la Justicia.

El fundamento que brinda el Gobierno porteño para que los recitales y megaeventos musicales no deban tramitar la evaluación de impacto ambiental es que “constituyen acontecimientos programados en fechas determinadas, con condiciones de funcionamiento puntuales y concretas en cada caso”.  Para Baldiviezo, no obstante, “esta argumentación no tiene sustento normativo. La Evaluación de Impacto Ambiental debe realizarse para toda actividad que genera impacto ambiental con relevante efecto, sin considerar si es una actividad periódica o no”.

Pero, además, según informó Baldiviezo “el estadio de Vélez Sarsfield tiene vencido desde agosto el certificado de Aptitud Ambiental. Incluso, con respecto a los usos que tenía habilitados, ninguno de ellos corresponde a recitales o megaeventos musicales. Otra cuestión llamativa, es que en estos procesos no se convoca a audiencia pública, algo absolutamente violatorio de la Constitución de la Ciudad”.

Un barrio cercado. Los vecinos denunciaron que, increíblemente, los efectivos de seguridad privada que ubica la productora en la calle, les exigen que exhiban su documento para circular por la zona lindera al estadio.

La posición de los vecinos

“Nosotros no nos oponemos a que se hagan recitales en Vélez, simplemente pedimos que el Gobierno de la Ciudad haga cumplir las normas, por ejemplo, que se corten las calles como corresponde y que esos cortes se anuncien y se publiquen previamente, que se brinde seguridad, higiene y que, una vez terminado el recital, se realice una limpieza adecuada”, puntualiza Alfredo Gegundez, y luego cuenta que “con los recitales de Daddy Yankee y Duki la zona fue un desastre: desviaron el tránsito sobre la calle Fragueiro hacia Juan B. Justo y las motos circulaban por las veredas. Además, teníamos gente desde las 8 de la mañana haciendo fila para entrar. No había baños químicos y algunos orinaban contra las paredes. Se observaban conexiones de electricidad irregulares, tomando energía de los postes de la calle. De casualidad no quedó nadie electrocutado. Había muy poca policía y el personal de seguridad era el de la productora, cosa que no está permitida. Las veredas de Juan B. Justo estaban intransitables por la cantidad de autos estacionados. El barrio quedó hecho un caos”.

Gegundez se detuvo en el tema de la pirotecnia. “Las bombas de estruendo fueron terribles. Tenemos un vecino con el hijo autista que sufre muchísimo esas explosiones, lo mismo ocurre con las mascotas y las personas mayores. Supongo que alguien debe estar haciendo negocio con eso y nosotros lo padecemos”, especuló. 

En ese sentido, la Resolución 80/2020 de la Ciudad de Buenos Aires, advierte que “el uso de artificios pirotécnicos afecta la calidad auditiva de la población, en particular la de los grupos más vulnerables como adultos mayores, niños y niñas, como así también a la fauna en general y al ambiente”. Y resalta que su utilización resulta “particularmente perjudicial para las personas que padecen de Trastorno de Espectro Autista, impactando negativamente en su comportamiento, provocando altos niveles de ansiedad, estrés, pérdida de control y miedo, dada su hipersensibilidad, especialmente auditiva”.

Después del recital de Daddy Yankee, un grupo de vecinos se presentó en el área de presidencia del club, con la intención de plantearle sus inquietudes al titular de la entidad de Liniers, Sergio Rapisarda. “Muchos somos socios e hinchas”, aclaró Gegundez y contó que “Rapisarda no nos atendió, pero hablamos con el hijo y con el gerente”. Y en tren de demarcar las responsabilidades, el vecino expresó “el responsable primordial es el Gobierno de la Ciudad, pero Vélez está alquilando y cediendo el espacio y debe tener responsabilidad social empresaria, porque las actividades del club impactan en el entorno”.

Tras ese intento fallido, y gracias a la gestión realizada por el juntista local (e histórico periodista partidario del Fortín) Hernán Poggi, los vecinos pudieron concretar un encuentro formal con los directivos de Vélez Sarsfield, que se llevó a cabo el jueves 20 de octubre, en el segundo piso del club. Allí se hicieron presentes el vicepresidente Adrián Peláez, el secretario Mario Ballestrini, el gerente Javier Solá y la jefa del estadio, Paola Colella. Además, participaron el comisario de la seccional 9B, Sergio Rodríguez, y el mencionado Hernán Poggi. La ausencia más marcada fue la del presidente de la Junta Comunal 9, Maximiliano Mosquera Fantoni, quien en ese momento se encontraba participando de la Cumbre Mundial de Alcaldes C40, en la sede del Gobierno porteño. Por su parte, entre los vecinos, además de Ruggiero y Gegundez, estuvieron Carlos Introcaso, Christian Alberganti, Lucía García, María Caminos, Víctor Protolongo y Christian Alberganti.

“El encuentro fue muy positivo, los directivos se pusieron a disposición nuestra y nosotros les transmitimos todas nuestras demandas e inquietudes”, resaltó Gegundez. Ruggiero, por su parte, precisó que entre los reclamos presentados por los vecinos se mencionó el de “las dos plazoletas cerradas sobre Juan B. Justo, la limpieza del espacio público luego de los recitales, que al club le corresponde cinco cuadras alrededor, los inconvenientes que se generan a la entrada y salida de los alumnos en los colegios linderos, y el impacto negativo de la pirotecnia”. También les plantearon la falta de actualización del certificado de Aptitud Ambiental. “Según aseguró la jefa del estadio, sólo les falta adjuntar la carátula de los planos de servicio contra incendio”, expresó Ruggiero.

Y sobre el final de la reunión, que se extendió durante algo más de dos horas, los vecinos recorrieron junto a los directivos el sector del armado del escenario y del vallado exterior en la vía pública, y lograron que la productora corrigiera o sacara cosas ubicadas en forma irregular.

Dos días más tarde, tras el recital de Ciro y los Persas, el club cumplió con su parte de lo acordado en la reunión: no hubo pirotecnia, el sonido volvió a estar acorde al del resto de los recitales y se realizaron las tareas de limpieza comprometidas. “El tema es que volvieron a dejar un montón de elementos armados en el espacio público para el recital de Maluma -que tendrá lugar el sábado 29-, no sea cosa que la productora tenga que armar y desarmar en menos de una semana…”, expresó Ruggiero.

Como sea, la agenda de recitales en Vélez se presenta más que abultada: tras el show de Maluma, el 5 y 6 de noviembre será el turno de Bad Bunny, el 12 y el 13 volverá a sonar Duki, y para los primeros meses del año próximo ya están confirmadas las presentaciones de Lali Espósito, La Konga y Divididos. Ojalá que, para entonces, el entusiasmo de los fanáticos sea directamente proporcional a la tranquilidad de los vecinos.

Ricardo Daniel Nicolini

Compromiso fortinero. Gracias a la gestión del juntista Hernán Poggi, directivos de Vélez accedieron a recibir a los vecinos, quienes les plantearon sus reclamos y el club se comprometió a actuar en consecuencia. El comisario de la Seccional 9B también participó del encuentro.
El Gobierno de la Ciudad en el ojo de la tormenta

“Se ve que la ocupación del espacio público es gratis, las vallas quedaron puestas desde el último recital y seguro van a quedar allí hasta fin de año, con la tolerancia de las autoridades de control del espacio público”, reclama el arquitecto Ruggiero y explica que una de esas vallas está colocada justo arriba de la tapa de acceso al sistema pluvial de desagües. “¿Qué pasa si el ramal se obstruye? ¿Por dónde lo van a destapar?”, se pregunta.
El viernes 14 de octubre, el Arq. Ruggiero expuso cada una de estas irregularidades en la reunión de asesores de la Comisión de protección y uso del espacio público, de la Legislatura porteña. “Responsabilicé tanto a la Comuna 9, como al Ministerio de Espacio Público, a la Agencia Gubernamental de Control y a la Dirección de Tránsito. Todos miran para otro lado y dejan hacer, total dale que va…”, expresó.
Consultado al respecto por este medio, el titular de la Junta Comunal 9, Maximiliano Mosquera Fantoni, se comprometió a “organizar una nueva reunión si las cosas no mejoran, con los directivos de Vélez, los responsables de la productora y funcionarios del Ministerio de Espacio Público”.
Cosas de Barrio se contactó además vía whatsapp con el mandamás del Fortín, Sergio Rapisarda, quien no respondió a la consulta sobre este tema. Quien sí lo hizo fue el secretario del club, Mario Balestrini. “La productora del recital es la que se encarga de gestionar los permisos correspondientes y el club verifica que estén otorgados, tanto desde la Agencia Gubernamental de Control como los seguros pertinentes”, expresó, y luego aclaró que “el día del recital es el Comité de Seguridad el que se encarga de la seguridad en los accesos al estadio”.
Sobre las demandas puntuales de los vecinos, sostuvo “nosotros les transmitimos las inquietudes de los vecinos a la productora. Hace unos días le pedí que retiraran un vallado a pedido de los vecinos y lo hicieron”. Explicó además que el club le otorga a la productora “un espacio en la biblioteca, donde se llevó a cabo la campaña de vacunación, para tenerlos cerca”. Y sobre el final, añadió “queremos convivir de la mejor manera posible con los vecinos porque aún tenemos por delante un montón de recitales”.
Allegados a la entidad de Liniers, aseguran que a Vélez le quedan 150 mil dólares limpios por cada recital.

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