Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
September 30, 2022 6:33 am
Cosas de Barrio

Una puñalada artera contra el patrimonio barrial

Con cientos de libros dañados y el piso de pinotea destruido, la biblioteca José Hernández se prepara para reabrir sus puertas

La biblioteca José Hernández del barrio de Liniers se prepara para reabrir sus puertas el mes próximo. Hasta aquí, no caben dudas de que se trata de una excelente noticia, más aún considerando que la histórica sede de Boquerón 6753 y el pasaje Las Bases -que el 3 de septiembre próximo cumplirá 82 años- lleva veintiocho meses cerrada.

Sin embargo, esa es apenas una parte de la noticia. La otra -la más dura e inapelable- señala que, como consecuencia de la desatención de la Dirección General del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura, dependiente del Ministerio de Cultura porteño, la entrañable biblioteca de Las Mil Casitas de Liniers sufrió la destrucción total del piso de pinotea original del primer piso de la sede y la pérdida de cientos de ejemplares que albergaban los estantes de esa sala.

Desde comienzos del mes de julio asisten diariamente a la biblioteca José Hernández dos empleados administrativos que son los encargados de evaluar los daños e intentan volver a poner en condiciones la sede para lograr su próxima reapertura, tal vez, a fines de agosto próximo.

Como se recordará, la biblioteca permanece cerrada al público desde el 20 de marzo de 2020, cuando se desató la pandemia. Desde entonces, lejos de explicar los motivos por los cuales la sede no reabre sus puertas -cuando desde hace meses las restricciones sanitarias dejaron de ser tales- los funcionarios del área insisten en mirar para otro lado. Mientras tanto, el edificio que en octubre de 2017 había sido puesto en valor y remodelado por completo, a partir del reclamo de los vecinos que fuera amplificado por este medio, muestra desde hace tiempo enormes manchas de humedad en las paredes, que no hacen más que dejar en claro la desidia y la desatención de la que viene siendo víctima un emblema tan sensible del patrimonio cultural del barrio de Liniers.

Uno de los empleados del área de Mantenimiento de la biblioteca, le contó a este medio el panorama desalentador con el que se encontraron cuando, a comienzos de julio, volvieron a abrir la puerta de chapa de la José Hernández, tras permanecer 28 meses cerrada con candado. “El olor a humedad era terrible, irrespirable. Pero peor fue lo que encontramos en el primer piso, que parecía una pileta”, graficó el hombre con tono de impotencia. “La zinguería y los desagües históricos estaban obstruidos por las hojas y eso generó que el agua filtrara por el techo del primer piso y destruyera por completo la pinotea original. Además, se estropearon varios libros que estaban en esas estanterías, muchos de ellos históricos e irrepetibles”, completó luego.

El empleado confirmó además que fue designado un nuevo bibliotecario en reemplazo de Alejandro Bressi, quien estuvo al frente de la sede de Liniers durante ocho años y que, con el edificio cerrado, se acogió al retiro voluntario a mediados del año pasado. “Con él estamos haciendo una evaluación de los daños, para saber qué libros se perdieron, cuáles se dañaron y qué material quedó disponible”, señaló, y explicó además que están poniendo en condiciones el cableado digital para recuperar las conexiones y el sistema.

“Se trata de un edificio de 82 años que muestra las consecuencias lógicas de haber estado cerrado durante tanto tiempo. Y en ese contexto el problema mayor es el de las filtraciones y la humedad de cimientos”, subrayó el empleado de Mantenimiento y sostuvo que, lejos de tratarse de una reparación estructural “la última puesta a punto que se hizo en 2017 fue una especie de maquillaje, por eso varios de los problemas persisten”.

Y aunque continúan los trabajos para intentar mantener a raya las filtraciones, aún no se sabe con precisión la fecha exacta en la que se concretará la anhelada reapertura, aunque todo indica que sería a fines de agosto próximo. Mientras tanto, se aguarda que el Ministerio de Cultura informe cuántas y cuáles son las obras que se perdieron, como consecuencia de la desidia manifiesta que le puso fin a un material bibliográfico irrecuperable.

Por su parte, la juntista local Lorena Crespo (Frente de Todos) manifestó su preocupación por lo sucedido y expresó “tenemos que hacer una acción en el barrio que evidencie la absoluta desidia de los funcionarios de Cultura, hay que avanzar tanto legislativamente como vecinalmente”. En ese sentido, Crespo fue la encargada de contactarse con el diputado porteño Juan Pablo Modarelli, quien el 23 de junio pasado presentó en la Legislatura el Pedido de Informes 1524-D-22 con la intención de que el Ministerio de Cultura explique las razones por las cuales la biblioteca se mantiene cerrada y proceda a su inmediata reapertura.

Durante la sesión, el legislador destacó “que 19 de las 31 bibliotecas públicas de la Ciudad permanezcan cerradas, no puede atribuirse actualmente a los efectos de la pandemia, máxime cuando el Gobierno de la Ciudad avanzó muy rápidamente en la reapertura de otros espacios. En ese contexto, la pandemia parece ser la mejor excusa para que esos lugares dejen de funcionar”.

Al respecto, Crespo remarcó que “aún hoy doce bibliotecas públicas de la Ciudad siguen cerradas y no se sabe si reabrirán todas. Creo que si en la José Hernández empezaron a moverse es por las notas publicadas en Cosas de Barrio, el reclamo de los vecinos y el pedido de informes presentado por Modarelli en la Legislatura”. Y luego enfatizó “el Ministerio de Cultura debe hacerse responsable por lo sucedido en la biblioteca y reponer todo el material dañado, porque lo que ocurrió es un atentado contra el patrimonio barrial, una puñalada artera”.

Quien continúa sin ofrecer su versión de los hechos es la directora de Bibliotecas porteña, Carla Artunduaga, que lejos de responder la requisitoria de este medio ni siquiera atendió la solicitud de la Junta Comunal 9 cuando le pidió una reunión formal para conocer la situación en la que se encuentra la biblioteca de Liniers.

Tal como lo indica la Dirección General del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura, “la principal misión de la biblioteca es garantizar el acceso igualitario a todo tipo de datos, información y conocimientos, como así también, fomentar la promoción de la lectura a través de actividades de difusión cultural en forma libre y gratuita”. Este objetivo, en Liniers, no se está cumpliendo y ningún funcionario sabe explicar por qué.

Lejos de aquellos años de esplendor, hoy -una vez más- el histórico edificio de la biblioteca José Hernández vuelve a desangrarse en sus paredes húmedas y descascaradas, mientras los vecinos aguardan que este faro de cultura vuelva a desparramar su luz en Liniers. Tal vez entonces, si las autoridades se apiadan, el crujido de sus pisos de madera -hoy corroídos por la humedad- y el olor de sus libros, sigan entibiando el alma de nuevas generaciones.

Ricardo Daniel Nicolini

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