Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
December 9, 2022 4:23 pm
Cosas de Barrio

El fracaso escolar, una problemática educativa para seguir trabajando

Un tema acuciante que merece una reflexión seria para evitar consecuencias inesperadas

Por Vanesa Aichino (*)

Al igual que cualquier fenómeno social, es importante delimitar conceptualmente lo que se entiende por “fracaso escolar”, porque si no resultará imposible estudiar este fenómeno ni abordarlo y, mucho menos, intervenir para tratar de revertirlo.

Existen muchas definiciones al respecto, pero en primera instancia podría decirse que está vinculado con esos procesos en los que el alumno o la alumna no llega a alcanzar los contenidos mínimos determinados por cada país o jurisdicción para aprobar el grado, año o nivel. Además, se refiere a aquellos estudiantes que potencialmente o, después pasado el tiempo, terminan abandonando prematuramente el sistema educativo. Pero el tema tiene una dimensión más amplia, relacionada con el aprendizaje y con la participación en su propio proyecto educativo, en su propio desarrollo curricular y de la escolarización.

¿Cuáles son las causas que lo provocan? Es muy difícil de responder esta pregunta, porque se trata de un fenómeno multicausal. Hay ciertos factores que, de alguna manera, pueden ir condicionando al proceso educativo y, por lo tanto, al éxito o la debacle escolar. Existen variables individuales como un bajo nivel de motivación en relación al logro académico, las pocas expectativas sobre graduarse -sea cual fuere el nivel educativo- y las propias capacidades y habilidades para aprender, que colaboran con una mayor predisposición al fracaso.

Otro factor ya no individual es la familia. Muchas veces se habla del nivel socioeconómico o del origen de ellas, pero poco sobre la importancia de la implicancia en la escolaridad de su hijo o de su hija, el acompañamiento. No se trata aquí de realizar la tarea o de estudiar con el alumno, sino participar en la institución, estar pendiente de cómo le fue en la jornada escolar, el acompañamiento diario. Y por otra parte hay un grupo de circunstancias relacionadas con los establecimientos educativos que son centrales en el fracaso educativo. Aún restan evaluarse muchos interrogantes, muchas discusiones, introspección, mirar al interior de las instituciones, “automirarse” siendo críticos, pero no con el ánimo de desalentarse sino pensando proyectos de mejora escolar reales.

Las escuelas deben convertirse en comunidades profesionales de aprendizaje donde todos vayan aprendiendo, con un proyecto educativo en común pensado por todos los actores sociales. Un plan de mejora que acompañe a todos y cada uno de los estudiantes basado en la diversidad y la inclusión. Las comunidades de aprendizaje son escuelas abiertas donde tienen la posibilidad tanto familias como otras organizaciones barriales de formar parte de la institución, se trata de trabajar junto al docente apoyando la labor diaria. La comunidad tiene un papel muy importante que desarrollar, muchas veces hay un diálogo de unos contra otros entre familia y escuela sobre las responsabilidades de cada uno, el énfasis no debe estar aquí sino en la coordinación y comunicación. En muchas ocasiones los docentes con menor experiencia se desempeñan en establecimientos difíciles de trabajar, con una alta complejidad ¿Acaso los profesionales de la educación que más experiencia tienen no deberían trabajar en estos centros educativos? Ese es otro tema para seguir pensando.

Se trata de un proceso que no aparece en la vida de un niño o niña de un día para el otro. ¿Por qué no pensar en él durante el inicio de la escolaridad? Muchas veces se origina en el nivel primario, aunque realmente se evidencia en la educación secundaria. He aquí que tomamos las estadísticas de los jóvenes que terminaron este nivel y nos aterramos, pero ¿cómo llegamos a esta situación? Aún más alarmante es el alto porcentaje de estudiantes que no pueden ingresar a la facultad o abandonan tras cursar las primeras materias.

La escuela construye el mundo, lo que se gesta en ella realmente es lo que después desarrollamos cuando somos adultos tanto como personas, como ciudadanas o ciudadanos de esta sociedad. Hay un punto álgido: los jóvenes no tienen oportunidad de acceso al mismo tipo de escuela y al mismo tipo de educación. No se trata de no respetar la diversidad sino de tener la misma posibilidad de acceder y sostener la educación. Hay segregación porque niños y jóvenes de determinados contextos, de ciertas zonas de vulnerabilidad social van a determinadas instituciones educativas y no van a otras entonces, al final, la escuela que debe ser igual para todos o la educación que debe ofrecer esa posibilidad de romper esa diferencia social, termina generando más segregación y perpetuando ese modelo.

Un punto interesante para pensar es cuando se menciona que la dificultad la tiene el propio alumno, es él quien tiene algo que no “funciona”. No se trata del caso de estudiantes con capacidades diferentes sino de aquellos que presentan cierto déficit ¿Les brindamos estrategias y andamiajes que sean puentes para los aprendizajes con secuencias planificadas y pensadas en base a sus trayectorias o sólo se trata de algunas explicaciones individualizadas y actividades personalizadas esporádicas? ¿Por qué no trabajar con grupos flexibles dejando de lado el sistema por grados?

Para finalizar, el docente debe de tener una fuerte formación no sólo académica sino en gestión de grupos, en atención a la diversidad, en proponer clases participativas o activas. Debe haber conocimientos sobre la didáctica, la pedagogía con la que intervenir o con la que trabajar su área, pero también cómo gestionar un conflicto, cómo mejorar la convivencia. No hay verdades, porque si las hubiese, los sistemas educativos ya hubieran superado el fracaso escolar, pero sí es momento de tenerlo más presente que nunca.

(*) Aichino es licenciada en Educación y directora de la Escuela 4 D.E. 20 “Félix de Olazábal”, de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón.es directora de la Escuela N° 4 D.E. 20.

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