Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
November 28, 2022 7:27 pm
Cosas de Barrio

Cuidar el barrio, con perfume de mujer

En el mes de la Mujer, Camila Benítez cuenta cómo es ser policía en un ambiente dominado por los hombres

Como tantas otras esquinas del barrio, la de Lisandro de la Torre y Patrón –apenas a una cuadra del Santojanni- la vigila una mujer. Con la remera bordó, el pantalón negro y los borceguíes que distinguen a los efectivos de la Policía de la Ciudad, ella es la encargada de la seguridad de los vecinos y los comerciantes, pero también la que se atreve a compartir una charla amena y distendida con ellos, como un miembro más de la comunidad local.

Ella es Camila Benítez, una joven de 28 años que presta servicios en la Comisaría Vecinal 9B, de Liniers, y que, en el Mes de la Mujer, cuenta su experiencia en la Policía en diálogo con Cosas de Barrio.

Dice que desde chica le atrajo el uniforme. “Lo admiraba”, asegura sin medias tintas, y luego explica que tiene familiares en la fuerza. “De ellos fui incorporando la importancia de cuidar al ciudadano, de trabajar para combatir el delito y de ayudar a la gente en todo”, enfatiza, y cuenta que hace seis años que está en la Policía y que “casi siempre” se desempeñó en el recorrido de calles, con tareas de vigilancia.

Aunque trabaja ocho horas diarias, tiene horarios rotativos. “A veces me toca a la mañana, a veces a la tarde y a veces a la noche, pero eso sí, si hay algún procedimiento o algún trabajo a último momento que requiera más horas, me termino yendo más tarde”. En ese sentido, cuenta que “aunque tenemos nuestros francos, que en mi caso es el domingo, a veces nos recargan un poco, pero todo se sobrelleva porque a uno le gusta este trabajo”.

– A pesar de haberlo soñado desde chica ¿Te arrepentiste en algún momento de ser policía?

– No, yo sabía dónde me metía y de qué se trata este trabajo. Sabía del riesgo que esto supone y que me ocuparía muchas horas. Que en las Fiestas, por ejemplo, no iba a poder estar con los míos, pero es mi vocación y estoy orgullosa de llevar este uniforme.

Camila se formó en el Instituto Superior de Seguridad Pública y aún hoy sigue asistiendo, “para completar la Tecnicatura en Seguridad, perfeccionarme y adquirir nuevos conocimientos”, explica. Aunque ya no vive con ellos, su familia está compuesta por su mamá y sus tres hermanas. “Papá falleció hace mucho…”, desliza con cierta nostalgia.

Ese entorno femenino que la envuelve en su grupo familiar, contrasta con el de su ambiente de trabajo, donde –desde siempre- prevalecen los hombres.

– ¿Te costó adaptarte a ese ambiente?

– Por suerte no, tengo muy buenos compañeros y en todos estos años siempre me hicieron sentir cómoda y me tuvieron en cuenta para realizar determinados trabajos. Es cierto que el de la policía suele ser un ambiente muy machista, muy típico de los hombres, pero a mí siempre me respetaron y me trataron muy bien.

Al consultarla sobre si alguna vez padeció algún tipo de acoso, su respuesta es clara: “en mi trabajo nunca, pero en la calle sí. Aún teniendo el uniforme me gritan cosas, no les importa nada”, expresa con indignación, sin abandonar su tono mesurado. Pero además, en su labor ha tenido que toparse con diversos casos de violencia de género. “Siempre me ha tocado intervenir para proteger a la víctima –explica- guiándola en los pasos que hay que seguir para mejorar su situación y en la búsqueda de justicia”.

– ¿Ves un avance en la sociedad respecto al lugar que hoy ocupa la mujer?

– Claro, sin dudas. Y estoy agradecida de ser parte de esta generación que no se queda callada y siempre da un paso adelante. Hubo un cambio muy grande en la inclusión de la mujer en la sociedad, en mi trabajo y en todos, gracias a generaciones anteriores que vienen reclamando y luchando día a día por nuestros derechos.

– ¿Te ves el día de mañana ocupando algún cargo jerárquico en la policía?

– ¿Por qué no? No es fácil por las escasas vacantes en los cupos de ascenso, pero no creo que sea imposible.

A partir de su experiencia en estos años, sostiene que, en términos generales, el barrio no es inseguro, “lo más complicado es la zona de la Estación Liniers”, subraya. Y cuenta que los casos en los que le ha tocado intervenir, no han sido de mayor gravedad. “Lo más complejo fue el operativo por un robo a una casa ante la ausencia de moradores, que logramos desbaratar, y el resto fueron hechos simples. Lo más común es que tenga que pedirles a los conductores que corran sus autos cuando están mal estacionados. Temas más complejos, gracias a Dios, no tuve”, expresa, y luego agrega “en las esquinas más peligrosas hacen la ronda compañeros míos”.

– Como sea, tu trabajo supone un riesgo constante ¿Eso no te genera temor?

– No, porque supe desde siempre a lo que me exponía y porque estoy preparada para intervenir cuando sea necesario. Tal vez al comienzo uno puede sentirse inseguro, pero la vocación de servicio lo puede todo.

“¡Hola Camila!”, interrumpe un hombre que sale de una casa para pasear a su mascota. “Hola Jorge”, responde ella con la sonrisa a flor de labios, y cuenta que para los vecinos linderos a su parada sólo tiene palabras de agradecimiento: “No tengo nada de qué quejarme, al contrario, son amables y serviciales todos. En todos los lugares donde me ha tocado trabajar siempre me he topado con buena gente. Ellos cuentan conmigo y yo con ellos”, asegura la joven de ojos vivaces y hablar pausado, que diariamente le toma el pulso al barrio poniéndole a su labor policial el dulce encanto femenino.

Josefina Biancofiore

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