Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
July 1, 2022 10:45 pm
Cosas de Barrio

El cura de los humildes que estaba obsesionado con el cielo

Desde pequeño, solía pasarse horas enteras contemplando el firmamento, como si allí arriba estuviesen las respuestas a los diversos interrogantes de la humanidad. Su mirada se perdía en ese mar de estrellas brillantes que lo extasiaba y se sentía pequeño, grácil, etéreo. Se sentía feliz. Cuando el hechizo terminaba, retornaba presto a su casa de Liniers, a su barrio, a su Argentina, a la cotidianeidad de un mundo injusto y desigual que lo obsesionaba y que quería contribuir a cambiar, de algún modo.

Juan Carlos era el menor de cuatro hermanos y el único varón, en una familia católica de clase media que tenía a su padre, el escribano Brumana –recordado notario de Liniers- como principal referente. No les faltaba nada, pero a otros sí, y eso a Juan Carlos lo acongojaba.

Poco después de terminar el secundario comenzó a trabajar en Aerolíneas Argentinas como despachante de aeronaves. Se encargaba de determinar la trayectoria óptima de cada vuelo hasta que el avión se perdía en el cielo infinito. El cielo, siempre el cielo. Pero para entenderlo era necesario conocerlo en detalle, saber de sus colores, de sus profundidades, de sus lunas, de sus soles, de sus designios. Entonces se formó como observador meteorológico y técnico en meteorología sinóptica, aquella rama que estudia y predice el clima a partir de la constante observación del cielo y las capas atmosféricas.

Pero aún faltaba algo más para que ese cielo fuera el oráculo de todos sus interrogantes. Entonces el llamado del Señor no se hizo esperar. El 19 de marzo de 1982 ingresó al Seminario Metropolitano, donde obtuvo los títulos de bachiller y profesor en Teología. Como seminarista se desempeñó en la parroquia Nuestra Señora de las Nieves, la misma a la que asistía con su familia desde que era niño. En marzo del 89’ se transformó en diácono y el 25 de noviembre, con 35 años, fue ordenado sacerdote. Primero estuvo en la parroquia Santa Julia, de Caballito, más tarde en Nuestra Señora de la Paz, en Floresta, y luego en Mater Admirabilis, en Retiro. En ese tiempo, aprovechaba las tardes para visitar la Villa 31 y desarrollar allí su labor pastoral.

Al Padre Juan Carlos lo atribulaba la pobreza, no concebía las carencias de algunos como la consecuencia lógica de una sociedad individualista y obsesionada por el dinero. “Nosotros siempre vimos en Juan Carlos un don especial, que hacía que se ocupara primero del prójimo antes que de él mismo, aunque a veces no lo comprendíamos”, cuenta María Beatriz, una de sus hermanas. “Una vez –recuerda- mientras cursaba el seminario, en un almuerzo familiar dominical vi que llevaba unos zapatos destruidos, entonces le regalé unos pesos para que se comprara unos nuevos. Pero al domingo siguiente lo vi otra vez con los mismos zapatos. Cuando le pregunté por qué no se había comprado los zapatos nuevos, me respondió ‘disculpame Bea, pero le di el dinero a alguien que lo necesitaba más que yo’”.

Por esos años, antes de ordenarse sacerdote, fue a misionar varias veces a la Patagonia. A pura humildad y sencillez corroboró aquello de que Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires, y supo que su presencia podía ayudar a paliar las carencias de quienes viven lejos de todo.

El mediodía del 17 de marzo de 1992 se presentó cálido, con los últimos atisbos de un verano que ya estaba en franca retirada. A sus escasos 37 años, el Padre Juan Carlos, como era habitual, recorría los salones de la parroquia Mater Admirabilis, ubicada frente a la Embajada de Israel, para organizar las ofrendas que luego llevaría a la Villa 31. De pronto, un estruendo lo sacudió todo. Eran las 14:45 cuando su vida -y la de otras 28 personas- se apagó para siempre. Desde abril de 2017, el cuerpo del Padre Juan Carlos Brumana descansa junto a uno de los altares laterales de la parroquia de Las Nieves, pero su alma, como lo soñó tantas veces, se confunde con el cielo, su cielo, un cielo brillante e infinito que aún clama por justicia.

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

cosasdebarrio@hotmail.com

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