Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
July 1, 2022 10:46 pm
Cosas de Barrio

Diarios en colores

Desde hace 40 años, el Colo Daniel Siciliano está al frente del puesto de Rivadavia y Pola, el mismo de que heredó de su padre y de su abuelo

Si existiera una estadística sobre las personas que más saludos reciben al día en Liniers, seguramente Daniel Siciliano entraría en el top five. “¡Buen día Colo!”, le dice un vecino que sacó a pasear al perro antes de arrancar para el trabajo. “Hola Jorge”, responde él y se le dibuja una sonrisa tras el escaparate cubierto de diarios y revistas del histórico puesto de Rivadavia y Pola, el mismo que instaló su abuelo hace más de ochenta años, en 1940.

Daniel Siciliano –para todos, “el Colo”- es uno de los canillitas de Liniers que decidió continuar con la tradición familiar y hoy luce con orgullo su oficio de diariero. Pero eso sí, es el único en la zona que ostenta el privilegio de ser tercera generación de canillitas. “El pionero fue mi abuelo Genaro, un inmigrante del sur de Italia que salió de su país escapando de la Segunda Guerra. Tenía un hermano en Argentina con un puesto de diarios a diez cuadras de acá, entonces puso éste y trabajó duramente hasta que, cinco años más tarde, pudo juntar el dinero para traer a su esposa y sus tres hijos”, comienza explicando el Colo y cuenta que uno de esos tres hijos de Genaro era Alberto, su papá.

Poco tiempo después, Alberto empezó a colaborar con su padre hasta que la ley de la vida lo puso al frente del puesto. “Mi padre trabajó aquí hasta enero de 2014, cuando falleció a los 78 años. Para entonces yo hacía rato que manejaba la parada. Empecé a compartir el trabajo con él desde los 5 o 6 años. Para mí era una aventura, siempre vivimos en el barrio y venía con él en la bicicleta. Tiempo después, en agosto del 82’, empecé a venir ininterrumpidamente. Eso sí, había que levantarse temprano, abríamos a las 5, ahora a las 6”, evoca con la mirada empañada.

Recuerda que su padre estudió encuadernación y hace años que ofrecen esa alternativa a sus clientes. Según el Colo, el servicio de reparto del canillita “es el delivery más antiguo del mundo. Tanto mi abuelo, como mi papá y yo, hemos hecho reparto a domicilio”. Y esa parece ser la clave del oficio: el contacto permanente con la calle. “Lo mejor de este trabajo es estar en la calle –asegura- la calle te enseña todo, lo bueno y lo malo. Acá estamos siempre a pesar de las inclemencias del tiempo, y tenemos un ida y vuelta permanente con la gente, sea cliente o no”.

– ¿Clientes o amigos?

– Y, en muchos casos son lo mismo. Imaginate que tenemos la satisfacción de contar con clientes que se han mudado, y que como aún no han hecho el cambio de domicilio, en épocas de elecciones vuelven al barrio y pasan por el puesto a saludar.

La esquina de Rivadavia y Pola ha sido desde siempre un punto de referencia en el barrio, no sólo por su cercanía con la Plaza Ejército de los Andes, sino además porque a cien metros de allí, sobre la calle Risso Patrón, cruzando Yerbal, se encontraba el ingreso a los Talleres Ferroviarios de Liniers. “Los Talleres fueron un símbolo del crecimiento del barrio, ahí trabajaba mucha gente y todos eran clientes, después se sumaron otros que eran comerciantes o cuentapropistas”, cuenta el Colo, que es tan pelirrojo como su bisabuela y su mamá.

– ¿Qué es lo más complicado de trabajar en la calle?

– Lo peor de esto es la inseguridad, los arrebatos, hay que estar muy atentos. Hay clientes que tienen hijos adolescentes y a la mañana, cuando van a tomar el colectivo, nos encargan que los miremos un poco, y eso es gratificante.

Pero más allá de las satisfacciones que le regala su oficio de canillita, el Colo sabe que el principal escollo con el que debe lidiar a diario –valga la redundancia- es con la caída en las ventas. “La primera caída importante fue en el 2000, cuando las editoriales rompieron los códigos de ganancias y resolvieron en forma unilateral que los diarieros teníamos que ganar menos”, recuerda, y explica que “hasta entonces nos quedábamos con el 40% del precio de tapa, pero a partir de ahí pasamos a percibir el 32%, lo que significó una reducción del 20% de nuestro salario”. Para el 2015, con el reinado absoluto de los medios digitales, las redes sociales y las plataformas tecnológicas, se terminó de derrumbar lo más importante del diario: los avisos clasificados y las noticias. “Del 2010 al 2015 las ventas cayeron un 40%, y desde entonces a hoy otro 30% más”, especifica, y aclara que lo que más bajó fue la venta de revistas. “Antes recibía cincuenta diarios y hoy diez, antes cinco revistas y hoy dos. Claro, las editoriales de diarios todavía no cerraron, pero las de revistas sí, como Atlántida, por ejemplo. Pero eso sí, el que más sale es Cosas de Barrio, lástima que es gratuito…”, remarca con una sonrisa este fortinero de ley.

Para aggiornarse y cubrir de alguna forma esa marcada merma en las ventas, el Colo le anexó al puesto que lleva su nombre, recarga de Sube y de celularesy venta de juguetes y autos para coleccionar. “Ahora además incorporamos impresiones y fotocopias, todos servicios o artículos que el público demanda”, explica.

El otro factor insoslayable, claro, es el de la pandemia. Según el Colo, en su rubro, lo afectó en tres etapas. “Al comienzo fue la peor caída en las ventas por el temor a lo desconocido de la situación, había mala información y se decía que los diarios podían transmitir el virus. Después hubo un pequeño repunte porque la gente empezó a consumir revistas de entretenimientos, y estamos en un término medio entre esas dos etapas, porque para soportar el aislamiento, los médicos recomiendan hacer crucigramas y sopa de letras”.

– ¿Cómo te imaginás este oficio en un futuro cercano?

– Mi esperanza es que estemos en el piso de la actividad y empecemos a levantar en los seis primeros meses de este año. Pero para eso debemos aggiornarnos aún más, por ejemplo con el cobro de impuestos y servicios, si nos brindan la posibilidad de un seguro, de manera de poder cobrar con débito y así evitar manejar efectivo; con la venta de tarjetas de estacionamiento medido, de entradas de cine, de teatro, de canchas de fútbol, qué sé yo… Sin descuidar las estrategias de venta que tienen las mismas editoriales, con las famosas tarjetas de suscripción.

A sus 55 años, y a pesar de los embates del oficio, el Colo se muestra comprensivo, amable y optimista. “¡Chau fiera!”, le gritan desde una bicicleta y el responde el saludo con su mano en alto.

– ¿Tu hijo va a seguir con la tradición familiar? ¿Cómo lo ves trabajando en el puesto?

– Mmm… difícil… No quiere saber nada con este laburo.

Josefina Biancofiore

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