Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
December 5, 2021 8:26 pm
Cosas de Barrio

Jugar a ser un súper héroe, la receta para ser feliz

Lucas Díaz Torrecilla se pone en la piel de personajes de historietas y videojuegos. Todos los detalles del cosplay, un movimiento artístico que es furor en Argentina

La expresión “cosplay” deriva de “costume play”, que puede traducirse como “juego de disfraz”. Pero desde hace un tiempo, la palabra le da nombre a un movimiento artístico que parece haber calado hondo en nuestro país. Sus cultores se ponen en la piel de personajes de historietas, el anime, el cine, los videojuegos o la literatura, y hacen de su alter ego una fotocopia tan lograda que excede los márgenes de la ficción. Lucas Díaz Torrecilla es uno de ellos. “Desde pequeño sueño con salvar al mundo a través de mis súper héroes de la infancia, como Spiderman o el Capitán América”, comienza diciendo el joven vecino de Liniers, de 28 años, e invita a sumergirse en un mundo donde lo real y lo fantástico parecen ser la misma cosa.

Este movimiento cultural surgió en los 70’ en los llamados “comic market” de Japón, a cuyos encuentros, muchos seguidores comenzaron a asistir con disfraces. Con el tiempo esta tendencia se popularizo y se extendió por todo el mundo. En la Argentina desembarcó a fines de los 90’ de la mano de series japonesas como “Caballeros del Zodíaco”, “Sailor Moon” o “Dragon Ball”.

Lucas es miembro oficial de Power Rangers Argentina y parte de Team oficial de Street Fighter, el videojuego japonés que fue furor a fines de los 80’. Él interpreta a Ryu, de Street Fighter. “A mis catorce años –recuerda- ya deliraba con disfrazarme de estos personajes, pero era realmente imposible, hasta que fui por primera vez a un evento de comic. Se llamaba Expoanimat y me voló la cabeza. Al ver esa enorme cantidad de personas que se disfrazaban de Batman, Superman, Súperchica o el Dr. Destino, y la infinidad de personajes de videojuego, de manga, me dije: esto es excelente me encantaría hacerlo algún día. Pero no imaginé que fuera posible realmente, hasta que conocí a otros miembros que me ayudaron a crear los trajes y me aceptaron sin prejuicios”.

Pero no sólo de disfraces vive el hombre. Lucas es también ilustrador de comic, estudió en la academia de arte La Ola y en Imagen Campus, y actualmente cursa la carrera universitaria en la Universidad Siglo 21. Además es un gran coleccionista: pilas de revistas, comics, posters, y figuras en miniaturas de todo tipo de personaje -héroes, heroínas y villanos- le dan el marco ideal a su habitación/estudio.

De mirada profunda y cuerpo estilizado, Lucas asegura que la diversidad que propone el mundo del cosplay, es lo que más lo seduce. “Acá la imaginación gobierna, por eso todo es posible. Todos somos iguales, nos manejamos con respeto y admiración por el trabajo que se realiza en la composición compleja de cada personaje”, explica, y asegura que ninguna persona es muy joven ni muy mayor para dar vida al personaje que ama y lo representa desde su infancia.

Al fin y al cabo, Lucas sabe que la magia del teatro está presente cada vez que se calza algún disfraz. “Al interpretar estos personajes con sus atuendos y sus características, somos un poco actores”, asegura, y cuenta que los cosplayer suelen interpretar más de un personaje. “La creatividad es ilimitada- sostiene- hasta podés cambiar el género de un personaje, como La Capitana América. Pero últimamente los villanos tienen un espacio privilegiado, todos quieren ser el Guasón, un payaso cruel y desquiciado, o su novia, Harley Quinn”.

Hace algunos años, los personajes del videojuego Mortal Kombat lograron impresionar a la sociedad por su crueldad. “En el juego había mucha sangre y los golpes terminaban en decapitación o desmembramiento. La gente se alarmó porque temía que sus hijos se vieran influenciados por el juego Entonces se creó un código de conducta: en los comic no se podía ver gente fumando o drogándose, no se podía ver a un hombre y a una mujer abrazados y en los videojuegos no puede haber mucha sangre. También se creó el control de edad, hay juegos para menores de 13, de 17 y de 21 años, como en el cine”, explica Lucas.

Las performances de los colplayers se pueden disfrutar en eventos que se organizan en centros culturales o escuelas, pero la máxima expresión es la Comic Con, donde nadie quiere faltar. “También nos reunimos en espacios abiertos, como el Planetario, el centro de mayor convocatoria durante la pandemia a la que no estuvimos ajenos, ya que nuestros encuentros también se postergaron hasta armar el protocolo correspondiente”. Como sea, Lucas destaca que estos encuentros son el espacio ideal para darle rienda suelta a su manifestación artística. “Allí nadie juzga a nadie, ni por flaco ni por gordo, cada uno expresa su personaje libremente y eso lo vuelve auténtico”, subraya.

La feria Comic Con constituye la mayor convención del mundo del cosplay. Fundada por los fans de historietas, la más importante se realiza en San Diego, California. Antes de la pandemia, en Argentina se realizaba en el Centro Costa Salguero. “Puedo decir con orgullo que el Team Street Fighter ganó el primer premio en la categoría de Terror”, recuerda Lucas, quien aguarda ansioso el encuentro del año próximo. “Otro punto relevante de la Comic Con –explica- es que vienen cosplayer invitados de todo el mundo. Además, si tu perfo es relevante podés ganar un viaje para representar al país en el exterior”.

Lucas sueña con hacer de este juego una manera de ganarse la vida. “Hacemos grandes inversiones, no sólo de tiempo sino también de materiales para los trajes, pero aún no recibimos beneficios económicos. A veces, por hacer presencia nos invitan con la cena, pero lo realmente importante es el afecto de los fans. Cuando visto el uniforme de Power Ranger, la adrenalina se apodera de mí, los chicos me persiguen por las fotos, es un ida y vuelta maravilloso que me hace feliz. A veces es terapéutico, podemos evadirnos de la realidad y a la vez damos alegría a otros”, asegura.

Gran parte de la magia del cosplay se resume en el traje, y aquí el trabajo es en equipo. “Toda la comunidad colabora para que el personaje sea lo más fidedigno posible. Cuando no sabemos coser, como en mi caso, recurrimos a los cosmaker: Ellos son verdaderos artesanos, sobre todo quienes realizan las pelucas, los animes tienen peinados y adornos en la cabeza realmente sobresalientes y ellos nos ayudan a crear una versión lo más real posible”, reconoce Lucas.

El linierense no duda de que el cosplay llegó para quedarse. “Porque allí habitan ilustradores, escritores, actores, es la materialización concreta de la existencia de los súper héroes”, argumenta.

– ¿Crees en los súper héroes?

– Obvio, me cruzo con ellos todos los días: en el laburo, en la calle, en el súper ¿O un jubilado no es un héroe viviendo de una jubilación magra? ¿O un obrero con un sueldo mínimo, o los médicos con salarios minúsculos, o mi mamá no es la mujer maravilla habiendo educado tres hijos? Hay muchos súper héroes sin traje de luces.

– ¿Qué significa ser cosplayer para vos?

– Es una pasión que me hace infinitamente feliz, por eso invito a desarrollarla a todos aquellos que lo deseen: grandes, chicos, gordos flacos. Este es un espacio que recibe a todos por igual y nos permite crear ese mundo ideal donde jugar es la única y verdadera tarea para alcanzar la meta que persigue el ser humano: ser feliz.

Alejandra Torrecilla

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