Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
May 7, 2021 5:01 am
Cosas de Barrio

Las aguas suben turbias

En plena pandemia, una familia debió mudarse a la casa de un pariente porque las raíces del árbol destruyeron la vivienda que alquila en Liniers

Todo empezó con un par de baldosas levantadas en la vereda, a las que luego le siguieron otras más. El cambio en la superficie operaba constante y lentamente, al punto de resultar imperceptible a los ojos de los propios frentistas. Pero como en todo problema, la procesión iba por dentro (o por debajo).

Lo peor llegó a comienzos de este año, cuando la casa de Liniers que habita Héctor Velázquez y su familia entró en estado de ebullición, como consecuencia de los destrozos de las cañerías cloacales y de desagote pluvial, provocado por las raíces del árbol de la vereda. “La situación empezó hace meses. Hemos tenido que romper varios pisos de la casa para ver de dónde venía el problema, hasta que descubrimos que eran las raíces del árbol”, comienza explicando Héctor, quien el 15 de enero último oficializó vía web el primer reclamo ante la Comuna 9 (Nro. 00020786/21) que aún no obró en consecuencia.

Pero eso no es todo. Porque la situación se agravó en las últimas semanas: el agua y los líquidos cloacales comenzaron a brotar de las rejillas y de la base del sanitario. “Ante el peligro directo para la salud de mi familia –cuenta Héctor- y la falta de respuesta de la Comuna 9, no me quedó otra que volver a encarar el tema en forma particular con el gasto que eso implica. Pero tuve que parar la obra porque las raíces del árbol superan los límites de la casa y se proyectan hacia la vía pública, y ya no tengo más plata para bancarla. Además debe hacerse cargo la Ciudad”.

Sus palabras van en línea con lo que establece el marco legal y se expresa en el sitio web del Gobierno porteño. Allí se indica claramente en qué casos el vecino debe solicitar un corte de raíces: “El corte de raíces se realiza cuando las mismas en su crecimiento levanten y dañen la vereda dificultando la transitabilidad, cuando obturen o interfieran con conducciones subterráneas de servicios públicos esenciales, desagües pluviales, o bien provoquen daños estructurales en construcciones públicas o particulares”. Más claro, agua. Pero no exactamente de la que fluye por los pisos de esta casa de Liniers, ubicada en Ventura Bosch 6923, a metros de Cosquín.

Tal es el colapso que irrumpió en el domicilio que la casa quedó inhabitable, por lo Héctor –que no es el propietario de la vivienda, sino el inquilino- junto a su esposa y su hijo debieron mudarse en plena pandemia, apelando a la solidaridad de un familiar, que les dio albergue en su casa de la localidad bonaerense de Ituzaingó. “Estamos pasando una situación desesperante que no sólo nos afecta en la salud física y mental, sino también en lo laboral y en lo económico”, resume el vecino, que desde hace décadas se desempeña como periodista en la Editorial Perfil.

El 22 de marzo pasado Héctor volvió a contactarse con la Comuna 9. Esta vez les escribió en forma directa a sus correos personales al presidente de la Junta Comunal, Maximiliano Mosquera Fantoni (Juntos por el Cambio) y al juntista Juan José Cháves (Frente de Todos). Allí, además de recordarles los detalles del caos que detonó su casa, adjuntó videos explícitos que se tomó el trabajo de grabar el día anterior. Ante la urgencia de la situación y la falta de respuesta inmediata, al día siguiente reenvió el correo, incorporando ahora al resto de los juntistas: Ana María Claps (JxC); Hernán Poggi (JxC); Sabrina Quaglia (JxC);  Lorena Crespo (Frente de Todos); y Favio Pirone (Frente de Todos). A eso le sumó además diversas publicaciones en Twitter donde arrobó a la Comuna 9 (@bacomuna9), el Gobierno porteño (@gcba), Horacio Larreta (@horaciorlarreta) y al presidente de la Comuna 9 (@maximosqueraok). En todos y cada uno de los casos, jamás nadie se contactó con él.

“La indiferencia demostrada por el Gobierno de la Ciudad, con la Comuna 9 a la cabeza, es total. Nos sentimos maltratados, agredidos, atacados moralmente por un ninguneo cruel, denigrante e imprudente, porque nos expone a convivir con desechos cloacales que son un factor de riesgo sanitario y ambiental”, resume Héctor.

Ese mismo martes 23 de marzo, llamó al 147 para denunciar la situación, pero el operador le informó amablemente que no podía hacer nada al respecto, sólo dejar constancia del reclamo. Algo similar ocurrió cuando se contactó con el 103 (Emergencias). Allí tomaron su caso y el operador le informó que se comunicarían con él. Aún hoy sigue esperando ese contacto…

Donde sí tuvo eco fue en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, que el 25 de marzo pasado abrió un expediente con su caso. “Estimado Héctor, hemos iniciado el Trámite 6355/21, el cual será llevado por nuestra Dirección de Servicios Públicos, desde donde se pondrán en contacto con el GCBA por medio del envío de una carta de oficio para que se dé solución al problema. Es por ello que te sugerimos que aguardes unos días a que haya alguna respuesta”. Ese mismo día, el dueño de la propiedad volvió a contactarse con los comuneros. Esta vez lo atendieron cordialmente, les explicó el problema y les mostró los videos. Acto seguido, decidieron cerrar el primer reclamo abierto el 15 de enero (que figuraba inactivo desde entonces) y abrir uno nuevo (el 00143520/21) con la promesa de que a la semana siguiente le informarían por mail la fecha en la que se harían presentes en la propiedad, para ponerle punto final al suplicio de Héctor y su familia. Sin embargo, al cierre de esta edición, todo seguía como entonces.

“Llevamos casi cuatro meses con la casa explotada y todavía no sabemos siquiera cuándo ni cómo van a solucionar este problema. Tampoco entendemos cuál es el motivo para haber llevado las cosas a este extremo”, se pregunta el vecino y advierte que se reserva el derecho de “iniciar acciones legales por el maltrato, la violencia moral y psicológica recibida de las que ni siquiera se disculparon”. Además, deja planteada una sospecha que lo enfurece aún más: “No quiero suponer que de haber sido familiares o amigos de alguno de los comuneros el trato hubiese sido diferente”.

Mientras tanto, la odisea que padecen Héctor y su familia sigue su curso como si nada, y el agua que brota desde el piso de la vivienda que alquila en Liniers es tan turbia como el desinterés de los funcionarios. Ojalá en la próxima edición de Cosas de Barrio, podamos ansiado el ansiado final feliz de esta verdadera película terror.

Ricardo Daniel Nicolini

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