Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 2:15 am
Cosas de Barrio

Quién era Alan Calabrese, el rugbier que se suicidó en su casa de Mataderos

Una vez más, la depresión profunda hizo eclosión de la peor manera. En esta oportunidad le costó la vida a un joven de 22 años, que en la madrugada del sábado optó por colgarse en la puerta de su departamento. Jugaba al rugby en Ciervos Pampas, el primer equipo LGBT de América Latina. Los detalles de una vida signada por la discriminación y la xenofobia, que se evaporó antes de tiempo.

En la madrugada del sábado último, Alan Calabrese, de apenas 22 años, fue encontrado sin vida en la casa que compartía con sus padres en la calle Montiel, a metros de Juan B. Alberdi, en el barrio de Mataderos. Poco antes de las 6 de la mañana del domingo, personal de la Comisaría Vecinal 9A de la Policía de la Ciudad, recibió el llamado de un hombre que aseguraba que su hijo se había quitado la vida dentro del hogar. Una vez en el lugar, los efectivos encontraron el cuerpo de Alan Joel Calabrese tendido en el pasillo de ingreso al departamento 3. Su padre, Miguel Ángel, les dijo entre sollozos que había encontrado a su hijo colgado de una soga que estaba sujeta a un caño de agua que pasa sobre el pasillo de acceso a la unidad. Acto seguido, lo tomó entre sus brazos, lo desató, lo bajó y llamó al 911.

Según fuentes policiales, el cuerpo no presentaba otro signo de violencia. La causa, caratulada como “averiguación de suicidio”, quedó radicada en la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Nº21, a cargo de Marcos Fernández, quien ordenó el secuestro de la cuerda utilizada en el hecho y el teléfono celular de la víctima.

Decisión tomada

Poco después del terrible suceso, al chequear las redes sociales del joven, se pudo comprobar que el propio Alan había redactado una carta de despedida en la que aseguraba tener la decisión tomada de quitarse la vida. Junto a una foto de su rostro sonriente, escribió en su cuenta de Instagram: “¡La sonrisa de la rica! Me encantaría que siempre me recuerden así. Esa sonrisa que era la que tapaba todo el sufrimiento que venía sintiendo por dentro, yo siempre con la sonrisa encendida pero por dentro hace meses que venía sintiendo una depresión tremenda”. Y luego, como último desahogo, expresó “Le trataba de poner la mejor cara y la mejor onda a todo siempre, porque no quería que nada me apague, pero lamentablemente hoy no aguanté más y decidí apagarme, cerrar los ojos y decir adiós. A todas esas personas que siempre estuvieron en las buenas y en las malas, les quiero decir gracias. Pero necesitaba apagarme y decirles adiós, perdón por hacerlo de esta forma, pero mi camino terminó acá, quise pero no pude seguir. Los amo, hasta siempre…”.

Entre los comentarios del posteo, una amiga del joven preguntó qué había ocurrido y recibió un mensaje de Karen, la hermana de Alan, quien escribió: “Se fue mi hermano. Es muy triste, no pudimos ver que estaba tan mal para llegar a ese punto. Es mucho dolor, mucha impotencia”.

Una vida corta signada por la discriminación y la xenofobia

Pero el calvario de Alan había comenzado hacía mucho tiempo, en la adolescencia temprana, cuando comenzó a definir su elección sexual. La angustia se le fue anudando a la garganta en los primeros años de la escuela secundaria en el Liceo 8, de Murguiondo y Juan B. Alberdi, cuando empezó a sufrir los primeros gestos de discriminación por parte de sus compañeros y hasta de un profesor de educación física. “En gimnasia el profesor me trataba de nenita. Esa actitud que tenían conmigo me llevó a dejar la escuela”, relató hace unos meses en una entrevista televisiva.

Sin embargo hacia fines de 2019, la vida de Alan recibió una bocanada de aire fresco. En el club de rugby Ciervos Pampas encontró su espacio. Allí pudo desempeñarse en el deporte de la ovalada sin padecer actos de homofobia o discriminación. Pero no todo fue color de rosa. “Cuando conté sobre mi sexualidad y que iba a ingresar a Ciervos Pampas, mi familia lo tomó bastante bien, pero mis amigos desaparecieron. Fue automático. Nunca me lo dijeron, pero siempre sentí la exclusión”, contó ante las cámaras. Allí, Calabrese explicó además la importancia que tuvo en su vida el hecho de formar parte del club Ciervos Pampas, al punto que lo animó a volver a estudiar y apenas le faltaba un año para completar el secundario. Además, durante 2020 desde la institución lo eligieron para que integrara la Comisión Directiva.

Su rol en el club que pregona la diversidad sexual en el rugby comenzó a tomar tal preponderancia que durante el año pasado e incluso a comienzos de 2021 visitó diversos programas de televisión en representación de Ciervos Pampas, donde ayudó a visibilizar aún más el problema de la discriminación contra la homosexualidad en el deporte.

Así y todo, allegados a la familia comentaron que en los últimos días Alan reveló que había sido apartado del club de rugby donde jugaba. Situación que, de confirmarse, podría haber echado por la borda la pulsión de vida que Alan había recobrado en este último tiempo, al punto de hacer recrudecer la angustia acumulada durante tantos años.

Como sea, esta nueva muerte –que se suma a la reciente pérdida del futbolista Santiago “Morro” García- vuelve a poner sobre el tapete la necesidad de que el deporte le brinde contención psicológica a sus protagonistas. Porque la salud mental no espera y la depresión se hace carne sin que nadie lo advierta. La clave es actuar antes de que sea demasiado tarde.

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