Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
July 28, 2021 5:20 am
Cosas de Barrio

Club Cildáñez: un viaje al corazón de la zona más castigada por la pandemia

Desde que se desató la crisis sanitaria, la entidad de Parque Avellaneda brinda asistencia a cientos de vecinos

“Al mismo tiempo que la pandemia nos endeudó y nos metió en una crisis tremenda, también nos mostró la solidaridad y el compromiso de nuestra gente, y eso no es poca cosa”, expresó Claudio Rizzo, presidente del Club Cildáñez, con sede en Florentino Ameghino 2047, Parque Avellaneda, en en diálogo con el programa “Comunas, un desafío” (sábados a las 14 por AM 690) que conduce Alberto Espiño con la colaboración de Gregorio Martín y Giselle Méndez.

El Club Cildáñez se ubica en la zona más vulnerable de la Comuna 9 (ex Villa 6), la más castigada en materia sanitaria y económica en lo que va de la pandemia. De allí que el club debió dejar de lado su perfil deportivo para enfocarse en el acompañamiento de los vecinos.

“Nosotros no contamos con ningún subsidio del Estado y al no tener ingresos, los escasos recursos del club se fueron agotando, porque además ya veníamos castigados con varios años de tarifazos, así que tuvimos que salir a bancar los trapos”, comenzó explicando Rizzo, al tiempo que destacó “las colaboraciones de la gente que nos ayudaron a tapar algunos huecos”.

En materia sanitaria, el titular del club mostró su descontento con las cifras que les enviaban desde la Ciudad. “Nos pasaban los reportes del barrio y no entendíamos porqué había más recuperados que infectados en los testeos”, sostuvo, en relación al trabajo que desarrolló el club en el Comité de Crisis, junto al Ministerio de Salud porteño y al Instituto de la Vivienda de la Ciudad. El Club Cildañez fue una de la tres sedes dispuestas por el Ministerio de Desarrollo porteño para entregar módulos alimentarios y de limpieza para los vecinos, por lo que siempre debió tener a disposición el aporte humano solidario de socios y directivos, que dejaron su rol de tareas relacionadas al deporte y pasaron a desempeñar funciones de carga, descarga y acopio de elementos para repartir.

Y aunque los contagios hayan descendido, la crisis económica sigue marcándole el pulso al barrio. “Hoy parece que no tuviéramos pandemia, como si el virus hubiera desaparecido y la verdad no es así –subrayó Rizzo-. Además, si el club tiene las deudas que tiene, no quiero imaginarme la necesidad de la gente del barrio, aquellos que no pudieron laburar por más de seis meses”. En ese sentido, remarcó la gran cantidad de desalojos que se produjeron en la zona en los últimos meses.

Rizzo dice tener una mezcla de sentimientos, “porque esta crisis –asegura- nos ayuda a reflexionar en lo humano, nos permite aprender y crecer como personas”. Desde que se desató la pandemia, el Club Cildáñez le está dando de comer a 450 personas dos días a la semana, además, un grupo de jóvenes del club asiste a 45 adultos mayores, y dos veces por semana van a llevarles una merienda con un cartel que dice“Estamos cerca”. “Los viejos son los que peor la están pasando, por eso celebramos la solidaridad de la gente. Fijate que vecinos a los que le falta un plato de comida en la semana son los que más colaboran y eso te parte como un queso”, graficó Rizzo.

Una muestra de esa labor solidaria fue lo realizado en agosto pasado, durante los festejos del Día del Niño, cuando con todas las medidas de aislamiento se entregaron meriendas y juguetes para más de 300 chicos.

Hoy por hoy, el club Cildáñez es un faro en el mar de la pandemia. En su sede, el Renaper tramita la gestión de DNI; se realizan testeos de saliva para ubicar casos de Covid; y se entregan alimentos. Además, allí funciona el Comité de Crisis. Claro que, en algún momento, podrán retomar sus actividades deportivas. Por eso es fundamental colaborar  asociándose al club, para que pueda volver a contar con recursos genuinos. La cuota social tiene una valor simbólico de 50 pesos.

“Queremos retomar nuestra labor habitual, porque hasta que llegó la pandemia, nuestra función principal como club era sacar a los pibes de la calle”, explicó Rizzo y contó que “acá en el barrio vivimos muchas situaciones de violencia, y la verdad que a nosotros nos encanta trabajar con los pibes”.

Los hijos de Rizzo tienen 14 y 16 años, y ambos estuvieron a la par del resto de los socios, entregándoles las meriendas a los adultos mayores. “Esos son los valores que me interesan transmitir, por eso empiezo por mis hijos, pero también mi esposa Romina está laburando codo a codo con nosotros poniéndose al hombro el club y el barrio también”, dijo Rizzo con orgullo y luego recordó a su padre: “mi viejo también era así, él era el presidente anterior y falleció hace tres años. Por eso yo y mi hermana –que también integra la Comisión- todo esto lo mamamos de chicos. Por eso estoy convencido de que la única salida es entre todos”.

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