Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 2:22 am
Cosas de Barrio

SUEÑOS DE TRANVÍA

El encanto de los inolvidables tramway, cuando que giraban bajo el Puente de Liniers para retornar hacia el Centro porteño

Por Daniel Aresse Tomadoni (*)

Días pasados, en una sobremesa familiar, recordé con nostalgia un medio de transporte en el que viajé en mis primeros años de vida, el querido e inolvidable tranvía. Desde sus orígenes, el “tramway”, como solían llamarlo algunos vecinos por entonces, tuvo como cabecera final la intersección de las avenidas Rivadavia y lo que años después fue General Paz, es decir el corazón neurálgico del barrio de Liniers.

Lejos de detenerme en los aspectos históricos y de este espectacular medio de locomoción –que aún se mantiene vigente en varias capitales y ciudades del mundo- en este artículo voy a remitirme a mi experiencia personal con ese bólido de acero. Sobre la vereda que existía debajo del puente de Liniers, se formaban largas colas para subir al entonces tranvía de la Línea N° 2. Ese sector bajo el puente se utilizaba como cochera de las unidades.

Cabe recordar que si bien el coche era muy chico, muchas cosas quedaron en mi memoria, tales como el particular sonido de sus motores en el arranque con su “clon, clon, clon…” o sus cálidos interiores revestidos con madera y cuero, coronados con ventanillas tipo guillotina. Era todo un placer ver al motorman empuñar los comandos yendo raudamente por Rivadavia en dirección al Centro, haciendo sonar la campana (“tilín, tilín”) en cada cruce. Y debo confesar que en más de una ocasión mis padres desistían de realizar algún viaje en tren o en los todavía compactos colectivos, para que yo puediera disfrutar de viajar en tranvía.

Por aquel entonces, sobre el centro de la avenida Rivadavia existían plazoletas centrales con las columnas con el cableado eléctrico que permitían la alimentación de las unidades y delineaban las correspondientes paradas. Recuerdo una cerca del cruce con José León Suárez, casi frente a la oficina de mi tío Juan B. Tomadoni. Cuando iba con mamá a saludar al tío, sentía el “clon, clon, clon” del 2 y corría hacia el balcón para verlo pasar cargado de pasajeros hacia la cabecera del Puente de Liniers.

Con casi 6 años los observaba ya vetustos durmiendo bajo el Puente de Liniers. Pocos días después se acercaría su final, casi llegando a la Navidad de 1962. Claro, para entonces los fabulosos ómnibus Leyland esperaban ansiosos su reemplazo, poniéndole punto final a uno de los medios de transporte menos contaminantes del planeta. Y ese pedacito de infancia se fue con él al arcón de los recuerdos, esos que perduran intactos porque fueron, son y serán únicos. Hasta la próxima entrega amigos, recordando el “Liniers que yo viví”.

 (*) Aresse Tomadoni es director general de Multinet (Radnet/La Radio, El Viajero TV, Club de Vida TV)

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