Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
September 26, 2020 9:52 am
Cosas de Barrio

“LAS CAMAS DE TERAPIA DEL SANTOJANNI ESTÁN TODAS OCUPADAS”

Lo aseguró la Dra. Sandra Arcieri, médica de Terapia Intensiva del hospital de Liniers, en una entrevista exclusiva

Veintiuna camas de terapia intensiva para pacientes con coronavirus ocupadas, es decir, el cien por ciento de la ocupación total. Más dos respiradores libres en la sala del shockroom, conforman en la lucha contra la enfermedad una ecuación imposible de despejar para el director del hospital Santojanni, Dr. Federico Charabona. “Estamos al tope de la pandemia”, advertía el 16 de julio pasado en declaraciones a la prensa.

La crítica situación del nosocomio local es, para él, como un problema matemático: el desborde clínico a esta altura del partido le causa un verdadero dolor de cabeza. Pero allí está una de sus soldados en el frente de batalla contra la pandemia, quien con paños fríos trata de remediar el complicado presente de uno de los diecinueve centros de salud a disposición del Gobierno porteño para la atención de pacientes infectados por coronavirus. “La verdad, está difícil”, comienza reconociendo la Dra. Sandra Arcieri, médica del Santojanni especialista en terapia intensiva y medicina crítica, quien opta por las palabras antes que los números para describir las chances de encontrar una cama libre. Por eso, sin dejarse guiar por las cifras, la vecina de Mataderos cuenta, fuera de su horario laboral, cuál es el estado de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) y detalla además las condiciones de salud de los internados, que a ojos de Charabona son como gotas de un vaso al borde de rebalsar.

– ¿En qué consiste tu labor como terapista intensiva?

– Nosotros recibimos pacientes con criterios médicos que deben ser tratados bajo determinadas maniobras, tratamientos o estrategias que en otras salas no hay. Por ejemplo, colocar un respirador artificial o realizar un monitoreo más intensivo. Entonces, esos pacientes que tienen su vida en riesgo reciben terapias polivalentes. Porque nosotros en el Santojanni tenemos diferentes terapias, como las que se dedican a pacientes neurocríticos, trasplantados, etcétera. Ahí vemos las patologías críticas y graves de diferentes órganos. Lo cardiovascular, por ejemplo, lo ve la unidad coronaria. Pero una insuficiencia respiratoria, hepática, los trastornos neurológicos, todo en lo que corre peligro la vida del paciente y tiene posibilidad de recuperarse, se deriva a las unidades de terapia intensiva.

– ¿Y qué cambios se produjeron en el interior del Santojanni con el arribo de la pandemia?

– ¡Uh, esto cambió completamente el sistema de salud! No solamente en el Santojanni sino en todos los hospitales públicos y privados. Hubo que aprender porque esto fue nuevo para todos. Fuimos aprendiendo a tratar a estos pacientes desde la asistencia médica hasta al trato propiamente dicho. Eso por un lado. Por otro lado hay protocolos de reorganización del hospital, hubo que abrir salas, hubo que contratar más personal… 

– Contratar más personal, un trabajo dentro de otro trabajo…

– Exactamente. Es que el problema en sí no fue tanto abrir salas o preparar las camas, sino conseguir el recurso humano. Eso es lo más difícil de conseguir, sobre todo, médicos terapistas. La especialidad de terapia intensiva no tiene mucho marketing, nosotros cobramos igual que un médico que por ahí tiene otra especialidad que es muy importante, pero no tiene el estrés y las guardias que nosotros hacemos. Entonces a veces los residentes se dejan seducir por otra especialidad menos estresante, de ahí que haya pocos médicos terapistas en el país. Así que el recurso humano lo fuimos incorporando a medida que sumábamos médicos que aún no son terapistas, pero sí residentes del último año o que empezaron la especialidad y aún no la terminaron. Siempre comandados por especialistas.

– Y en todo ese andamiaje ¿Coordinás el área y además capacitás a esos médicos residentes?

– Un poco de todo. En el Santojanni yo soy médica de guardia con una extensión de horas de planta. O sea, que además de la guardia de 24 horas, voy dos días más por semana para poder ayudar y coordinar. No tengo ni título de coordinadora ni de jefe, nada. Así que la coordinación la hacemos entre todos, ayudando al jefe, ayudando al coordinador, es un trabajo que hay que hacerlo en equipo. 

Para la Dra. Arcieri, el equipo no está compuesto solamente por el personal clínico, como los enfermeros y los kinesiólogos respiratorios, que “son una pieza clave en el tratamiento”, sino que además lo conforman los empleados de limpieza y mantenimiento. “Es una cuestión que va más allá de tener la cama de terapia, también es todo lo demás que hay detrás de las Unidades de Terapia Intensiva”, afirma.

– ¿Dónde están ubicadas la UTI’s dentro del hospital?

– Las UTI’s están localizadas en diversos sectores del hospital. Ahora tenemos la sala de Terapia Intensiva dispuesta para la atención de pacientes con Covid, en donde hay doce camas. Además, en el segundo piso se abrieron dos salas más con otras doce o catorce camas. Después tenemos la sala de emergencia, que es el shockroom, que tiene ocho camas que iban a ser para pacientes no Covid, es decir politraumatizados que entraban al Santojanni, pero también hay pacientes Covid ahí. Y después hay una sala, también en la Guardia, de dos camas de terapia que es para la emergencia, o sea que tenemos bastantes lugares. Y después está todo el segundo piso, para los pacientes Covid que no son de Terapia Intensiva pero que necesitan internación, es decir que tienen un riesgo leve o moderado.

– El vicejefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, dijo que las UTI’s del Santojanni están ocupadas en un 90 por ciento ¿Coincidís?

– Yo diría en un 99 por ciento. Hace un mes y medio que mi sala está 100 por ciento ocupada, porque esto es muy dinámico. Entonces por ahí se desocupa una cama y ya enseguida entra otro paciente. Desde que comenzaron los picos, estamos haciendo cambios de paciente por paciente: un paciente que hace unos días está un poquito mejor y no necesita respirador, le deja el lugar a otro que está es una situación más crítica. Estamos teniendo criterios muy estrictos para ingreso a Terapia Intensiva, entran sólo los que necesitan respirador, sino, no.

– El hecho de cambiar paciente por paciente hace del trabajo un riesgo enorme.

– Eso también quiero destacar: los médicos clínicos están haciendo un trabajo muy al lado del paciente en conjunto con los enfermeros de la sala, porque tienen que atender a esos pacientes que por ahí en otro momento van a Terapia Intensiva y uno los puede controlar mejor. Pero si no tienen criterio de respirador artificial para ponerle, preferimos derivar a otro en peor estado que lo necesite.

– ¿Y cuál es la edad promedio de los pacientes internados en Terapia Intensiva?

– Mirá, no tengo el promedio exacto, hay varios mayores de 65 años, aunque tenemos una gran población de menores de 65 que tienen mucha comorbilidad, es decir que ya tienen factores de riesgo.

Según la especialista, el listado del grupo de riesgo posee varios asteriscos además de la edad avanzada. “Los factores de riesgo que vemos frecuentemente son la obesidad, los diabéticos, los cardiópatas, los desnutridos y los alcohólicos”, señala la vecina mataderense, quien fundamenta que “en todos esos casos bajan muchísimo las defensas de los pacientes”.

– Y al margen de los antecedentes ¿Cómo es el estado de salud de esa gente?

– Muy crítico. Los pacientes que entran a Terapia y ya requieren respirador son personas con neumonías que en 24 horas, como decimos nosotros, se incendian. El pulmón se compromete rápidamente. Y una de las estrategias del tratamiento es darlos vuelta. Se llama pronación. Entonces, hay muchos que necesitan esa estrategia porque ya no tienen alvéolos en el pulmón, está todo invadido con una gran inflamación a raíz del virus.

– ¿Es decir que parte del tratamiento es ponerlos boca abajo?

– Claro. Es una estrategia que usamos en insuficiencias respiratorias, una patología que nosotros llamamos distrés respiratorio, y que puede estar provocada por una neumonía, un trauma o una hemorragia pulmonar, o sea puede dar una infección generalizada y puede derivar en una insuficiencia respiratoria. Entonces, lo que hacemos es dar vuelta al paciente porque los alvéolos, que son como globos que van llenos de aire, en este caso están llenos de moco o inflamación. Es decir que esos alvéolos se colapsan, entonces el aire no puede ingresar. Pero cuando los giramos, por la gravedad, muchos de esos alvéolos se descomprimen y mejoran un poquito su apertura. En el caso del Covid estamos viendo que en general funciona rápido, tal vez en tres o cuatro horas mejora la oxigenación del paciente.

A pesar de la crítica realidad en la que se encuentra inmersa, la Dra. Arcieri tiene la dicha de vivir con su marido y dos hijos en un dúplex sobre la calle Andalgalá, a metros de la avenida Juan Bautista Alberdi. Y en relación a la discriminación hacia los profesionales de la salud que residen en departamentos, conflicto amplificado por los medios de comunicación, asegura que “por suerte la mayoría de los médicos que vive en departamentos tiene muy buena relación con sus vecinos”.

Cada día, mientras su concentración está puesta en el oficio y su voluntad atiende con todas sus fuerzas una situación cuasi catastrófica, en su mente se dibuja el deseo profundo de un pronto retorno a la normalidad. “Juntarme con mi gente: mi familia, mi círculo íntimo, ir a jugar al tenis a Vélez con mis amigos. Eso es lo que más ansío”, expresa la médica terapista. La misma que todas las noches a las 21 abraza con ternura los aplausos de sus vecinos, quienes la ven como la heroína de una película de terror. “Yo simplemente, hago mi trabajo”, concluye con una sonrisa.

Santiago Rodríguez

PREOCUPA EL CRECIMIENTO DE CASOS EN LINIERS
De acuerdo al Boletín Epidemiológico que semanalmente elabora el Ministerio de Salud porteño, considerando la tasa de casos de contagio confirmados por cada 100 mil habitantes en cada uno de los 48 barrios porteños, al 14 de agosto pasado el barrio de Liniers se ubicaba en el puesto 25° (un mes atrás estaba en el 29° y hace dos en el 41°) con 766 casos confirmados (409 más que el mes anterior), Mataderos se encontraba en el puesto 22° (exactamente igual que un mes antes, pero hace dos meses estaban en el 32°) con 1.351 casos (664 más que hace un mes) mientras que Parque Avellaneda aparecía en el puesto 16° (estaba en el 15° el mes anterior y en el 20° hace sesenta días) con 1.560 casos confirmados (708 más que hace un mes). Esto implica que del total de 71.682 personas contagiadas en la Ciudad de Buenos Aires,  3.677 se registraron en el ámbito de la Comuna 9, es decir, el 5.13% (un mes atrás equivalía al 4.62% y hace dos al 2.39% del total de la Ciudad).
En ese sentido, Liniers –aunque es el barrio con menos cantidad de contagios en el ámbito de la Comuna 9- se muestra como el barrio que más creció en la tasa de casos confirmados de Coronavirus, en relación a la cantidad de vecinos que lo habitan. Por el contrario, Parque Avellaneda y Mataderos –donde ya se desarrolló el operativo Detectar- muestran un amesetamiento en la tasa de contagios que, sin embargo, continúa resultando preocupante.
Villa Soldati es actualmente el barrio donde se presenta la tasa más elevada de contagios de Covid-19 en lo que va de la pandemia, varios de los cuales se concentran en los conglomerados urbanos vulnerables que existen en la zona. Luego le siguen los barrios de Retiro, Barracas y Pompeya, en los que también se ubican barrios vulnerables con una gran de población en condiciones de hacinamiento, donde el Estado se encuentra desarrollando una mayor cantidad de testeos en su afán de controlar la tasa de contagios.
Sólo los barrios de Flores, Villa Lugano, Barracas, Balvanera, Retiro y Palermo, concentran actualmente el 41% de los casos confirmados de Covid-19 en todo el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.

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