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La incomunicación en la era de las comunicaciones

El impacto de la eliminación del uso de celulares en las escuelas

Por la Mgter. Vanesa Aichino (*)

Como es de público conocimiento, el 7 de agosto de 2024 el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires emitió la Resolución N.º 2024/25 que regula el uso de dispositivos digitales personales (como celulares) en establecimientos educativos de su jurisdicción. Su objetivo es fomentar el aprendizaje al limitar las interrupciones causadas por estos equipos electrónicos, estableciendo que su uso debe ser con fines pedagógicos específicos y previa autorización del docente o institución. Para los niveles educativos inicial y primario, la norma prohíbe el uso de celulares en aulas y recreos, mientras que en la educación secundaria se permite su utilización sólo para actividades educativas planificadas y en momentos específicos. 

Desde que las instituciones educativas comenzaron a implementar políticas de restricción o prohibición del uso de celulares en las aulas, se iniciaron una serie de cambios que afectan diferentes aspectos del proceso de enseñanza y aprendizaje, tanto en el corto como en el largo plazo. Al comenzar la implementación de la prohibición, es común que en las primeras semanas los docentes y alumnos experimenten cierta resistencia y ajustes necesarios para adaptarse a la nueva normativa. En este período, uno de los cambios más evidentes fue la disminución significativa en las distracciones relacionadas con el uso de teléfonos inteligentes durante la clase. Como resultado inmediato, el nivel de atención de los estudiantes aumentó, permitiendo que las explicaciones sean más claras y que participen en debates y actividades sin interrupciones constantes provocadas por la recepción de mensajes, notificaciones sociales, o el acceso a contenidos no relacionados con el aprendizaje. De esta forma se crea un ambiente en el cual el foco está en la tarea académica, el clima en el aula se fortalece y se favorece una mayor participación de los jóvenes. De igual forma, se reduce la competencia entre alumnos por mostrar en sus pantallas contenidos distractores, lo que contribuye a un clima escolar más ordenado.  

No obstante, algunos estudiantes pueden sentir ansiedad o incomodidad, especialmente si utilizan sus teléfonos para gestionar asuntos personales o incluso para buscar apoyo emocional. Estas molestias suelen ser pasajeras, ya que ellos comienzan a descubrir otras formas de interacción social y participación que no dependan de los dispositivos móviles. Los docentes, por su parte, también reconocen que tienen más control sobre el contenido y la calidad de las actividades, eliminando distracciones que antes afectaban la concentración general en el aula.

Meses después de la implementación de la norma, los beneficios de la restricción se hacen más evidentes en la consolidación de un proceso pedagógico más eficiente. Con la disminución de interrupciones digitales, las clases son más dinámicas y enfocadas. Los docentes pueden dedicar más tiempo a actividades que fomentan la participación, la discusión y el pensamiento crítico. Se observa una mejora ya que los alumnos logran mantener un nivel de atención sostenido durante mayor tiempo.    

Además, el clima escolar se vuelve más positivo, con menos conflictos relacionados con el acoso digital, y disminuyen casos de bullying surgidos en la escuela a través de plataformas sociales, que constituyen una problemática recurrente en contextos digitales. Otra ventaja relevante es la promoción de habilidades sociales y emocionales, dado que los niños o jóvenes deben interactuar cara a cara, aprender a dialogar, colaborar y resolver conflictos sin la mediación constante de sus dispositivos. Este proceso contribuye a fortalecer la empatía, la comunicación efectiva y el trabajo en equipo, competencias esenciales para su desarrollo integral. La regulación del uso de celulares en el aula también ayuda a crear rutinas más estructuradas y responsables, fomentando hábitos saludables relacionados con el descanso, la atención y la organización personal.

Se espera que a largo plazo los estudiantes comiencen a desarrollar un mayor sentido de responsabilidad y autocontrol respecto al uso de estos dispositivos en diferentes ámbitos. Desde la perspectiva social y emocional, los beneficios se piensan que serán aún más destacados como que los alumnos valoren las relaciones presenciales, aprendan a gestionar conflictos en persona y se sientan más seguros para expresar sus ideas y emociones sin la intermediación de una pantalla. La clave para el éxito radica en un acompañamiento pedagógico, en la creación de ambientes que prioricen la interacción cara a cara, y en la gestión de posibles riesgos o limitaciones relacionadas con la comunicación y el acceso a recursos digitales.

(*) Aichino es licenciada y magister en Educación, Supervisora Escolar del D.E. 13 y vecina de Liniers.

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