Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
September 30, 2022 7:14 am
Cosas de Barrio

Viejo es el viento, y aún sigue soplando

El Centro de Jubilados “Volver a vivir” se apresta a celebrar sus primeros treinta años

El próximo 12 de octubre, el Centro de Jubilados “Volver a vivir” estará celebrando sus primeros treinta años de labor comunitaria. Fue un grupo de vecinos de Liniers Norte el que, en aquella primavera del 92’, puso en marcha el sueño de contar con una entidad que los cobije y, retroalimentación mediante, les permita volver a vivir.

En aquellos primeros años comenzaron alquilando un local en la calle Gallardo y más tarde se mudaron a otro sobre la avenida Juan B. Justo, hasta que, gracias a la gestión de una legisladora local, lograron que en 2008 les cedieran el terreno del bajoautopista donde se ubican desde hace quince años, en Reservistas Argentinos 452. Por entonces lograron una cesión precaria por el término de cinco años, que vencía en 2012.

“Cuando yo me sumé en 2011 me dijeron ‘sino conseguís la renovación, en un año tenés que entregar el terreno’”, cuenta hoy Mercedes Montenegro, presidenta de uno de los centros de jubilados más activos de la Comuna 9. En aquel 2011, Mercedes concurría a “Volver a vivir” con su esposo a hacer yoga. Pero de pronto una de las directivas les ofreció hacerse cargo de la Comisión. “Mi marido con el trabajo no podía, pero me sugirió que participara yo, y a mí me dio pena y con otra señora, aceptamos”. Ocurre que, de acuerdo con el estatuto, si nadie se hace cargo de la entidad, el predio hay que devolverlo. “Esta otra señora estaba por ser abuela, y como yo no tengo hijos, me dijo que me acompañaba pero que me postulara yo como presidenta”, recuerda Mercedes.

Por entonces, la Comisión Directiva original la integraban veintiún miembros -hoy la constituyen diez- y era muy costoso reunirlos a todos en cada asamblea. “No es fácil que la gente se comprometa y participe en una institución de este tipo, y menos gratis”, expresa la mujer que vive a media cuadra de la sede, que ya casi es su segundo hogar. “Estoy más acá que en mi casa”, asegura.

Lo primero que hizo Mercedes no bien se hizo cargo del centro de jubilados fue ponerse en contacto con la Comuna 9, que en aquel momento presidía Néstor Dinatale. “Stella Maris Martellotta fue la que me asesoró y me ayudó un montón, a partir de su contacto con Cristian Ritondo”. Al entonces diputado porteño lo fue a ver varias veces a la Legislatura y le llevó fotos del Centro, para demostrar que el predio estaba activo con un montón de gente participando, hasta que finalmente pudo destrabarse la situación y renovarse la cesión del predio. “Fue una emoción tremenda”, recuerda. Hoy la tenencia del bajoautopista vence en 2033 y, como contraprestación, el Centro se obliga a mantener el predio en las mejores condiciones, cosa que está a la vista. De allí que los ingresos por las actividades que ofrece “Volver a vivir” se destinen casi exclusivamente al mantenimiento del lugar. “Como estamos pegados a la autopista, el edificio tiene una vibración permanente, por eso tenemos que estar siempre haciéndole reparaciones”.

Dice que, para muchas de esas cosas, quien más les presta el oído es el juntista local Hernán Poggi. “Siempre nos da una mano, lo tengo loco pero es amoroso, le vivo pidiendo cosas. Ahora quiero que nos arregle la vereda que es un desastre”, anticipa Mercedes.

Hoy los socios del Centro de Jubilados abonan una cuota mensual de 100 pesos. Pero el ingreso principal surge del alquiler del salón, a valores más que accesibles, que les permiten cubrir los costos de mantenimiento. Sin embargo, en reiteradas ocasiones, el salón suelen donarlo a diversas entidades benéficas. El Día del Niño, por caso, lo utilizó el hospital Garraham para homenajear a los chicos internados en ese prestigioso centro de salud. “Para nosotros fue un placer recibirlos, por eso entre todos les armamos una bolsita de golosinas para cada uno, como recuerdo del Centro”, cuenta Mercedes con una sonrisa.

Pero “Volver a vivir” es básicamente un lugar de encuentro, donde los asociados se reúnen para realizar diversas actividades conjuntas, algunas totalmente gratuitas y otras con mínimos aranceles. Entre las gratuitas, que ofrece PAMI, se encuentran los talleres de Dibujo y Pintura, Artesanías, Tango y Computación (el Centro cuenta con un gabinete de ocho computadoras donadas por empresas de la zona). El Gobierno de la Ciudad, por su parte, tiene a su cargo el Taller de Folclore, que también es gratuito. Además, se ofrece el Taller de la Memoria, el de Reflexología, Mix-dance y Yoga. “Estamos abiertos a las propuestas que nos acerque la gente”, agrega Mercedes, y recuerda que también se ofrece el servicio de Pedicuría. Las puertas del Centro de Jubilados “Volver a vivir” se abren de lunes a viernes de 16 a 20, cuando Mercedes atiende las consultas a los teléfonos 4642-3895 y 4708-6333.

“Somos una familia”, resume Edgardo, que primero se acercó al Centro como asistente y desde hace algunos meses tiene a su cargo del Taller de la Memoria. “Hacemos acertijos matemáticos, análisis de texto, dígalo con mímica, sopa de letras, en fin, ejercicios que, además de divertirnos, nos mantienen plenos y activos”, explica. Además, en los próximos días Edgardo -que durante más de treinta años fue profesor de Historia y Lengua y Literatura en el secundario- pondrá en marcha las “tardes de pochoclo”, en las que ofrecerá un ciclo de cine debate. “La clave es juntarnos y pasarla bien”, expresa a pura sonrisa, y luego anticipa que están preparando un radioteatro, basado en el clásico “La Nona”, de Roberto Tito Cossa.

Pero no todo lo bueno sucede puertas para adentro. Otro de los atractivos que ofrece el Centro son los paseos y visitas guiadas. “Se hacen a través de la Secretaría de la Tercera Edad del Gobierno porteño. Son totalmente gratuitos y ellos además nos mandan el micro”, explica Mercedes. Hace poco realizaron una visita guiada a la Legislatura y los próximos paseos proyectados serán a la Mezquita de Palermo y luego una recorrida por los barrios de Parque Patricios y Boedo, con una merienda en el Café Homero. A eso hay que sumarle los viajes de turismo que periódicamente realizan a diversos destinos de todo el país. “Todavía -advierte- la gente con el asunto de la pandemia está medio reacia a viajar”. No obstante, las propuestas son más que tentadoras: un viaje a la Costa de una semana, por ejemplo, ronda los veinte mil pesos con pensión completa.

Y es cierto, el resabio de los casi dos años de pandemia parece haber dejado su marca en un gran sector de la población, fundamentalmente en aquellos que, como los jubilados, fueron el sector más sensible a las consecuencias del virus. Antes de la pandemia “Volver a vivir” contaba con 170 socios activos y actualmente sólo son 77. “A algunos se los llevó el virus -cuenta apesadumbrada Mercedes- pero en la mayoría de los casos los hijos no los dejan venir por temor a que se enfermen. Y, sin embargo, muchos se enferman por no poder salir de sus casas”. Recuerda que durante la pandemia se reunían en el parque lindero al salón principal (“con barbijo, alcohol en gel, distanciamiento”, remarca) donde además del verde pueden disfrutar de una enorme parrilla con quincho.

Mercedes, que trabajó treinta años en la empresa Textil Oeste, donde ingresó a los 17 como operaria hasta convertirse en administrativa contable, cuenta que en los próximos meses el Centro elegirá nuevas autoridades, pero el espíritu seguirá siendo el mismo “el del lugar de encuentro que nos permite energizarnos con actividades compartidas”, subraya. El nombre se lo pusieron los fundadores. “Y es cierto -reconoce sin temor a equivocarse- venir a este centro de jubilados es volver a vivir”.

Ricardo Daniel Nicolini

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