Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
September 30, 2022 6:26 am
Cosas de Barrio

Ercilla Juniors, el club que quiere renacer de entre las cenizas

Desde hace un año y medio aguardan que el Gobierno porteño levante la clausura de las obras de reconstrucción de la sede

El club Ercilla Juniors abrió sus puertas el 25 de mayo de 1938 y desde entonces se fue haciendo un espacio en el corazón de los vecinos. Desde su sede ubicada en Lisandro de la Torre 1190, a pasos de Emilio Castro, el paisaje de Liniers comienza a hermanarse con el de Mataderos. Durante todo este tiempo, el Ercilla sufrió los avatares y vaivenes de la sociedad, con etapas gloriosas y otras no tanto, como la que le tocó atravesar hacia fines de los 90, con un marcado retraimiento de la masa societaria, que hizo eclosión con la crisis de 2001 y el club prácticamente abandonado. Poco después llegó el tiempo de la refundación, de la mano de un nuevo grupo de vecinos que se juntó con los históricos y lentamente lograron rescatarlo de las fauces del olvido.

Era tiempo de barajar y dar de nuevo, de conservar los pergaminos de tiempos idos, pero apuntando a un futuro inmediato que permitiera alcanzar nuevos logros. Siempre con el barrio y sus vecinos como aliados.

Y una vez que el club comenzó a respirar el aire del resurgimiento y su sede volvió a nutrirse de socios, se tornó indispensable la recuperación del edificio, cuya histórica estructura pedía a gritos una pronta puesta en valor. Reparar el techo de la sede era el primer paso, porque las goteras y filtraciones eran constantes y la situación podía tornarse peligrosa. Si las condiciones edilicias empeoraban, podía haber riesgo de derrumbe.

Así, a fines de 2019 comenzaron las obras de recuperación integral de las instalaciones, con la realización de un techo nuevo que reemplazara al de chapa de fibrocemento y permitiera el normal desarrollo de las actividades. Los avatares económicos que fueron modificando los presupuestos se presentaron como el primer escollo, pero un esfuerzo mayor logró poner en marcha las mejoras. Sin embargo, cuando la cuenta regresiva para la reapertura del club intentaba proyectarse en una fecha cierta, desembarcó la pandemia y a fines de marzo de 2020 la obra se detuvo.

Recién cuando se flexibilizaron los protocolos pudieron reanudarse los trabajos, que al poco tiempo fueron clausurados por la Agencia Gubernamental de Control, y así se encuentran desde hace un año y medio.

Desde el Gobierno porteño les exigen tener el permiso de construcción aprobado. “Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance, pero nos encontramos con innumerables impedimentos, desde demoras en la Dirección General de Registro de Obras y Catastro, en cuanto a los plazos que tardan en ver el expediente, hasta devoluciones que nos hacen y de repente olvidan adjuntar parte de la información citada en el mensaje. Así de absurdo. Y luego, una serie de exigencias que son extremadamente difíciles de cumplir para una obra como la nuestra, que no es un negocio inmobiliario, sino una refacción sobre un edificio que tiene una preexistencia de larga data, y a veces los planos originales no son fáciles de encontrar. Por eso queremos que entiendan que somos un club de barrio”, expresó Natalia Marques, trabajadora de la educación y actual presidenta de la entidad de Liniers.

Ella, junto al resto de los vecinos que integran la Comisión Directiva, saben del esfuerzo que significó recuperar del olvido un club que había perdido su vida social. Todo ese esfuerzo les permitió festejar, en 2018, los 80 años del Ercilla Juniors en un club repleto de personas que lo consideran una parte esencial del patrimonio barrial.

“Quisimos hacer mejoras, nos embarcamos en el sueño de lograr un techo nuevo para el club y nos encontramos con una clausura del Gobierno de la Ciudad que al día de hoy seguimos peleando por levantar”, sostuvo apesadumbrada Marques y luego explicó que “la Dirección General de Registro de Obra y Catastro no deja de colocar nuevos requerimientos y pareciera que cada vez que nos acercamos a finalizar la gestión, aparece una nueva cumbre que escalar con nuevas exigencias que seguramente el mercado inmobiliario no las tiene o las resuelve de otro modo”. De esta forma, aunque el club esté comprendido en el Programa “Clubes en obras”, que le aporta los fondos necesarios para terminar de cumplimentar las mejoras, paradójicamente, esas mejoras no se pueden completar.

Mientras tanto, los días pasan y la sede del club se mantiene en ruinas. “Queremos que el Gobierno de la Ciudad entienda que el nuestro es un club de barrio, que necesita un techo para ser habitado nuevamente”, enfatizó Marques.

Desde que a fines de 2019 se iniciaron las obras, el Club Ercilla se mantiene vivo en su gente y en la solidaridad de otros clubes linderos como el Larrazábal y el San Martín, que le ceden sus espacios para sostener actividades como baby fútbol y taekwondo, mientras que otras se realizan al aire libre, hasta tanto se logre reiniciar la obra y anunciar la feliz noticia de la reinauguración. “No tenemos duda que ese día, más tarde o más temprano, llegara, porque queremos que el Club Ercilla siga siendo ese lugar de referencia donde las infancias y juventudes aprendan ajedrez, taekwondo, tenis de mesa, yoga, donde se compartan lecturas y se tejan propuestas artísticas y culturales, a partir de un valor fundamental: la solidaridad”, concluyó la presidenta.

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