Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
February 8, 2023 5:39 pm
Cosas de Barrio

La genialidad de Alberto Breccia se luce en el Centro Cultural Borges

Es parte de la obra del ilustre historietista de Mataderos, recientemente recuperada por Interpol

Como en una historia circular que bien podría ser la de alguna de sus historietas más famosas, la realidad se confunde con la ficción y hasta se atreve a cobrar el rango de noticia. Lo cierto es que, desde el 13 de julio último, un conjunto de obras recuperadas por Interpol que habían sido robadas tras quedar con destino en suspenso por un juicio sucesorio, se exhibe en la muestra “El Caso Breccia”, que se ofrece en el Centro Cultural Borges. La exposición recrea un conjunto de originales del dibujante, historietista y docente Alberto Breccia, emblema de la cultura mataderense, con curaduría de la investigadora y periodista Judith Gociol.

Según la Organización Internacional de Policía Criminal, las piezas fueron robadas en 2005 de una caja fuerte de la empresa de seguridad Firme s.a., adonde habían sido traslados las obras que estaban en la casa del dibujante, en Haedo, por orden de la justicia civil, mientras se realizaba el trámite de sucesión de todos los bienes del creador “El Eternauta”, la mítica historieta que Breccia ideó junto a Héctor Germán Oesterheld. Tras la quiebra de la empresa en 2005, las piezas fueron robadas y vendidas ilegalmente por el mundo.

En 2009, luego de realizada la denuncia por la venta ilegal de las obras, la justicia penal y la fiscalía solicitaron la intervención de Interpol, tras lo cual, algunas de las obras se recuperaron y otras fueron localizadas, pero las autoridades judiciales europeas no autorizan su repatriación, mientras que el resto continúa sin aparecer. Se estima que el conjunto representa la mitad de la obra que Breccia realizó a lo largo de su carrera, hasta que falleció en 1993.

Entre los materiales que se exponen en el Centro Cultural Borges se encuentra por ejemplo una página robada de “Mort Cinder” -escrita por Oesterheld y dibujada por Breccia en la década del 60- recuperada por Interpol en Italia, que es una de las obras gráficas mostradas del maestro del blanco y negro.

Alberto Breccia (1919-1993) es considerado uno de los mayores dibujantes de historietas de la Argentina y el mundo. Realizó desde “trabajos infantiles y láminas didácticas, adaptaciones literarias, páginas policiales y de ciencia ficción protagonizadas, en los casos más emblemáticos por sicarios, detectives y viajeros del tiempo inmersos en ambientes lúgubres y en atmósferas linderas con la inquietud y el terror”, señala el texto curatorial. Y luego agrega “la calidad de esas páginas, de una gráfica absolutamente innovadora, invaluable para sus lectores, tiene ahora un precio en el mercado (negro) que ni por asomo cobró nunca este artista que pasó largas épocas de ahogo económico, en oscilación entre dos necesidades no excluyentes: la de experimentar gráficamente y la de trabajar ´para el puchero´, como decía”.

La muestra también incluye dos videos que contextualizan este hecho delictivo, catalogado como “inusual, complejo y doloroso destino de una obra excepcional”. Con entrada libre y gratuita puede visitarse de miércoles a domingo de 14 a 20 hasta el 2 de octubre en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525, Buenos Aires).

Maestro de la historieta

Aunque había nacido en Montevideo, a los tres años Alberto Breccia se mudó junto a su familia al barrio de Mataderos, donde residió gran parte de su vida y donde elaboró los primeros personajes de su obra. Fue allí, además, donde antes de dedicarse al dibujo profesional se desempeñó como obrero de la industria de la carne. “Hacía un trabajo muy desagradable, era rasqueteador de tripas”, solía recordar el maestro.​

En paralelo, ya empezaba a tomarse en serio el trabajo de dibujante. Sin embargo, como él mismo reconoció en algunas oportunidades, no fue un superdotado: fue un tipo con cierta habilidad. “Cuando terminaba la jornada en el matadero iba a mi casa y dibujaba lo que podía. Con esos balbuceos empecé a buscar trabajo”.​

En aquellos años, 1937, 1938, los periódicos importaban material de los sindicatos norteamericanos y europeos, por lo que había que lograr impresionar a algún jefe de redacción para encontrar lugar en ellos. Breccia era perseverante, y mientras tanto, desde 1938 publicaba en una revista de barrio: Acento, que editaban sus hermanos y amigos. Así, con apenas 19 años, inició su carrera como historietista. Al tiempo, consiguió que se interesaran en su trabajo, aunque “pagaba muy poco; pero ese poco me permitió dejar el otro trabajo”, le contó alguna vez a este medio.

Sus primeras historietas fueron una tira cómica muda llamada Mr. Pickles -que no obstante nunca logró vender- y una sobre un detective chino: Mu-fa, de la que vendió diez tiras. Ese sería el puntapié inicial para su notable carrera.

Posteriormente colaboraría con ilustraciones e historietas en la revista Tit-bits para la editorial Láinez. Pero su trabajo comenzó a ser reconocido a partir de Vito Nervio, personaje que dibujó entre 1947 y 1959 (con guión de Leonardo Wadel), cuando debió sustituir al dibujante Augusto Cortinas.

A finales de la década del 50’ conoció al guionista Héctor Oesterheld, con el que realizaría algunas de sus obras más significativas, como Sherlock Time, su primera gran creación, previa a la aparición de “El Eternauta”. La evolución que se aprecia a partir de esta obra estaría motivada, en parte, por la rabia que le provocaron las palabras que una noche le espetara el también dibujante Hugo Pratt: “vos sos una puta barata, porque estás haciendo mierda pudiendo hacer algo mejor”.

Ese cachetazo tan duro como certero lo impulsó a sacar lo mejor de sí. Así le dio forma entonces a la adaptación de los mitos de Cthulhu, de H. P. Lovecraft, que realizó junto a Norberto Buscaglia y publicó por primera vez en 1974, considerada como una de las grandes obras maestras de la historieta, donde sorprende por su estilo expresionista.

Aunque Breccia siempre estuvo atraído por las historias de terror, y muchas de sus obras son adaptaciones de relatos de Edgar Allan Poe, Lovecraft, Ernesto Sábato o Bram Stoker; también desarrolló obras con un intenso contenido social y político en las que se atrevió a denunciar las dictaduras argentinas.

Además de trabajar con Oesterheld, Buscaglia y Wadel, Breccia les aportó sus dibujos a otros dos grandes guionistas argentinos: Carlos Trillo y Juan Sasturain, quienes, en años posteriores, le ofrecieron presupuestos más modernos a nivel narrativo.

Con todos ellos el inmenso historietista vinculado a Mataderos logró forjar una larga carrera repleta de obras maestras. Entre sus títulos imprescindibles están: Mort Cinder, una historieta publicada por entregas en la revista Misterix, que narra la historia de un anticuario londinense al que el destino lleva a conocer a Mort Cinder, el hombre eterno. Aquí ya se pudo ver el minucioso trabajo de claroscuro que caracteriza a Breccia, de fuertes contrastes; El Eternauta, también con Oesterheld, es unremake de un clásico argentino, donde comienzan los experimentos plásticos a la hora de representar lo extraño; Los mitos de Cthulhu, mencionada más arriba; El corazón delator, basada en el relato de Edgar Allan Poe; Un tal Daneri, ambientada en Mataderos, su barrio; Érase otra vez, una compilación de versiones perversamente irónicas de los cuentos de Grimm con un desconcertante uso del color; Drácula, una patética visión del monstruo gráficamente impactante como triste metáfora del fin de la dictadura; Perramus, su serie moderna de mayor recorrido, que convierte en personaje a Borges y reflexiona sobre la recuperación del país tras el regreso de la democracia; e Informe sobre ciegos,  la adaptación de un fragmento de la obra de Ernesto Sábato en Sobre héroes y tumbas.

En reconocimiento a su inconmensurable obra, cada 10 de noviembre, fecha en la que en 1993 falleciera Alberto Breccia, se celebra en Argentina el Día del Dibujante, en homenaje al inolvidable creador ligado afectivamente al barrio de Mataderos.

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