Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
January 23, 2022 11:43 am
Cosas de Barrio

Cuando el puesto de la esquina es un bien de familia

Leonardo y José Bianco son padre e hijo. Juntos atienden la histórica parada de diarios de Rivadavia y Lisandro de la Torre

Desde hace casi medio siglo, la esquina de Rivadavia y Lisandro de la Torre está coronada con un puesto de diarios y revistas, por eso resulta extraño intentar imaginar ese punto neurálgico del barrio de Liniers sin esa caja metálica forrada de tapas multicolores que invitan a detenerse un instante para posar la vista en algún título.

En su interior, dos generaciones de canillitas le siguen dando cuerda al encanto del papel con tinta, haciéndole pito catalán al imperio de la era digital: allí conviven Leonardo Bianco, de 82 años, y su hijo José Bianco, de 57. “Antes de que se instalara el Banco Galicia, hace varios años en esta esquina había una farmacia grande. En ese entonces empezó a funcionar este puesto. Lo atendía un señor que despachaba diarios y revistas sobre la vereda, en un mostradorcito hecho con un banco. Ya en la década del 70’ mi papá lo compró con un socio y quedó oficializado como un puesto de diarios”, explica José, sin amilanarse por el ruido de las bocinas y los motores que desde temprano invaden la esquina.

La historia de Leonardo no escapa a la de tantos otros inmigrantes que llegaron desde Europa en busca de un futuro mejor. En su caso, en 1957 –con apenas 18 años- decidió abandonar su Nápoles natal para apostar al suelo argentino y ponerle una fichita al sueño americano. A poco de llegar al país comenzó a trabajar como operario en la fábrica Pirelli, pero al tiempo descubrió que ganaría más vendiendo diarios y revistas, y compró un puesto en Mataderos. “Unos años después lo vendió y compró éste”, resume su hijo José.

Hoy ambos se reparten en la atención de la parada, aunque la pandemia –y la marcada disminución en las ventas que se mantiene como una constante en los últimos años- los obligó a algunos replanteos. “Actualmente estamos de lunes a viernes de 6 a 19, y los sábados y domingos de 6 a 13.30. Pero cuando mi padre empezó acá, trabajaba de 4 a 21, te diría que vivía acá adentro. Luego, por la inseguridad y el Covid, redujimos el horario, además la ventas mermaron mucho de un tiempo a esta parte”, confiesa José y cuenta que su padre está a la mañana y él a la tarde.

Aunque los Bianco no tienen servicio de reparto, no cabe duda que el oficio del canillita es muy sacrificado. Llueva, truene, haga frío o calor, allí estarán acodados sobre el mostrador del puesto para regalarle una sonrisa al cliente o a quien se acerque a preguntar por una calle o por la parada de un colectivo. “Antes empezábamos bien temprano –explica el menor de los Bianco- porque la distribuidora Mariano Acosta, con la que trabajamos desde hace años, venía a esa hora”. Claro que muchas cosas cambiaron desde entonces. “Liniers siempre fue un importante lugar de paso, la gente hacía trasbordo, pasaba y compraba. Pero antes en ese horario había fábricas con tres turnos, mañana, tarde y noche, ahora ya no. A unas cuadras de acá, en Caaguazú y Cafayate, estaba la fábrica de jabones Guereño, y muchos operarios se bajaban acá del colectivo o del tren, entonces había mucho movimiento de gente. Me acuerdo que a las 7 yo esperaba el colectivo para ir al colegio y escuchaba sonar el pito de la fábrica, pero en 1995 cerró definitivamente”, evoca con un dejo de nostalgia.

José comenzó a meterse en el oficio cuando –como buen canillita- aún usaba pantalones cortos. “Arranqué cuando tenía 12 años –subraya- para suplir a alguien que se enfermaba o se iba de vacaciones. Pero en los 90’ me involucré de lleno, desde entonces comparto esta aventura con mi papá”.

Por entonces, el negocio aún era floreciente, pero a partir de allí, con el avance de los medios y las plataformas digitales, el papel con tinta se fue transformando en un mero reservorio para los nostálgicos. “En los últimos diez años, es decir, de 2011 a hoy, las ventas bajaron un 60%, y el descenso más marcado se produjo en los últimos dos, porque del 2019 al 2021, cayeron un 25%”, grafica José, apoyado en sus propias estadísticas. Entonces llegó el tiempo de empezar a diversificar el rubro y utilizar el puesto como vidriera para mostrar otros productos. “Empezamos a vender otras cosas: mates, barbijos, botellas de vino en cajas para regalar, mercadería que nos las provee la misma distribuidora”, aclara.

Hoy los diarios más vendidos en el puesto de una de las esquinas más transitadas de Liniers son Clarín y Popular, aunque las cifras no rozan ni por asomo a las que se observaban a fines del siglo pasado. Y si lo consulta por las revistas más vendidas, José responde con una sonrisa y una expresión tragicómica “está parejo, casi que no se vende ninguna…”. Y luego aclara “antes las más pedidas eran Paparazzi y Pronto, pero ahora la venta cayó mucho”.

– ¿Cambiarías este trabajo?

– Hoy por hoy, sí, pero sólo por una cuestión económica. Si hubiera más venta sería otra cosa. En cambio mi padre jamás dejaría de ser canillita, porque le encanta esto, ya está acostumbrado y se entretiene. Lo distrae hablar e interactuar con la gente, porque acá nunca estamos solos, siempre estamos acompañados y eso es lo mejor que tiene este trabajo. Por eso tengo la esperanza de que esto de a poco se vaya reactivando. Tal vez con algunos cambios, pero manteniendo la esencia.

Entonces toma un ejemplar de Cosas de Barrio y mientras se le dibuja una sonrisa ancha, asegura “eso sí, éste sigue siendo el más pedido”.

Josefina Biancofiore

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