Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 2:18 am
Cosas de Barrio

Sueños de cartón

Aún no amanece. Una niebla pertinaz enturbia las luces de la calle. Adentro, el agua de la pava apoyada sobre el calentador, está a punto de hervir. Mario se lava la cara y trata de sacarse las marcas del sueño, fiel reflejo del par de horas de descanso que tuvieron gusto a poco. Se ceba el primer mate y despierta a Kevin y a Braian, que ya están acostumbrados a dormir juntos, si hasta parece que se reparten equitativamente cada centímetro de ese colchón húmedo y roído.

Es un lunes frío. Más frío que otros lunes y que otros días, aunque en esa pieza improvisada en el primer piso de una casa ajena, todo es frío. Más aún desde que se el virus se la llevó a Sonia y sólo quedaron ellos tres. “Tomen el mate cocido y abríguense que en diez minutos nos vamos”, ordena Mario y trata de ensayar una sonrisa amable, como para entibiar una jornada que será larga e incierta. Pero no le sale, su rostro tenso y apesadumbrado no se permite mentir.

Ya en la vereda, libera el candado y le quita la cadena al carro. Los chicos se trepan sobre los fierros del receptáculo vacío que, si todo va mejor que ayer, en algunas horas más estará habitado de cartones y botellas de plástico. Mario se aferra al caño delantero para empezar a impulsar su ilusión de dos ruedas, en una esforzada tracción a sangre que ya le pasó factura a su columna obcecada y endeble. “¿Ocho más tres?”, le pregunta Kevin sin previo aviso a su hermano menor, desde la potestad que le otorgan sus 9 años. Braian se mira con detenimiento los dedos de ambas manos y apenas unos segundos después responde con otra pregunta “¿Once?”.

Falta apenas una cuadra para llegar a Provincias Unidas. Una vez allí, en media hora ya habrán cruzado la General Paz. Quizás esta vez Mario le gane de mano a la competencia y llegue antes que el resto a retirar los cartones del Mc Donald de Alberdi. Tal vez, incluso, el chico de la caja se apiade de ellos y les obsequie un café con leche. Las primeras luces del alba le marcan el camino. No hay sol, pero la claridad, al menos, le renueva las energías.

No hay caso, mañana habrá que salir más temprano. Los cartones del Mc Donalds ya no están. Ni se detiene a pedir el café con leche. Un par de chicos con guardapolvo blanco acompañan de las manos a su madre y se disponen a entrar al colegio. Kevin y Brain los miran de reojo, con una expresión que podría ser de envidia, pero es de tristeza. “¿Cinco más cuatro?”, insiste Kevin, pero su hermano está ensimismado en sus pensamientos y parece no escucharlo. “¡Ey! ¿Cinco más cuatro?”, repite el mayor, ahora alzando la voz. Entonces el pequeño reacciona y procesa la cuenta. No le hacen falta los dedos. Piensa en diez menos uno y responde con contundencia “¡Nueve, Kevin, nueve!”. “¡El culo te llueve!, retruca su hermano y ambos estallan en una carcajada, que les sirve al menos para despegarse por un rato las heridas de la nostalgia.

Un portero parece apiadarse de la suerte escasa que los envuelve, y le entrega a Mario un paquete enorme de cartones plegados que, junto a las botellas plásticas achatadas por los pies de los chicos, ocupa casi todo el carro. Ahora viajan más apretados pero el frío se siente menos. Mario sabe que la cena de hoy está asegurada. “Con postre y todo”, se dice. Ahora sí la sonrisa se le dibuja clara y genuina, por eso gira el rostro para contagiársela a sus hijos, que la replican instantáneamente en todo su esplendor.

De pronto todo parece encaminarse. En pocas horas más ya estarán de vuelta en casa y disfrutarán de una exquisita cena en familia. Pero eso no es todo, el miércoles, con la reapertura de las escuelas, Kevin y Braian volverán a la escuela. Entonces habrá más tiempo para practicar las cuentas. Irán de la mano de Mario, pero un duende con ojos de madre los seguirá de cerca.

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

cosasdebarrio@hotmail.com

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