Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
October 18, 2021 12:43 am
Cosas de Barrio

La peste de la nostalgia

En la novela “Cien años de soledad”, allí en el mágico pueblo de Macondo, cierto día se suscita una tragedia: una peste se instala repentinamente en el pueblo y desde entonces ya nada es lo mismo.  Esta peste –inesperada, artera, letal- es más que peculiar. Además de su alto poder de contagio y de la inexistencia de antídotos para contrarrestarlo, el virus produce insomnio en quien lo contrae. Pero eso no es todo, mientras el insomnio avanza, José Arcadio Buendía –uno de los protagonistas de la maravillosa obra de Gabriel García Márquez- cae en la cuenta de que hay un síntoma aún más perverso en aquella peste: las personas afectadas por el insomnio van perdiendo lentamente los recuerdos. Uno tras otro, inexorablemente.

Tal es el efecto de aquel virus incontrolable que, a medida que la pérdida de la memoria va haciendo mella en todos y cada uno de los pobladores, los habitantes de Macondo se ven obligados a tomar medidas en forma urgente. Así, como sabio del pueblo, José Arcadio Buendía decide poner en práctica un método tan simple como efectivo, en el afán por recordar las cosas antes de que sea demasiado tarde: comienza a etiquetar con carteles todos los objetos. Esto es una mesa, esta es una silla, ese es un plato, aquello una botella… Pero la peste avanza y los efectos de la desmemoria amenazan con agravarse. Entonces replica el método puertas para afuera y hasta les coloca carteles a los animales: esto es una vaca, por la mañana se la ordeña, la leche se hierve, se la mezcla con café y se bebe café con leche caliente….

La artimaña parece rendir sus frutos pero sólo por unos días, hasta que los efectos de la peste muestran otra variante viral en su devastador desastre cognitivo: ahora tampoco las personas recuerdan cómo leer.

Aunque esta genialidad narrativa de Gabo, que marcó el inicio del “realismo mágico” como género literario en el continente americano, esté ambientada en un pueblo ficticio y aparezca rodeada de elementos cuya existencia resulta al menos incomprobable, la realidad –se sabe- suele superar a la ficción.

Hoy la realidad global nos pone ante una encrucijada para la que no estábamos preparados, una peste aún más artera y letal que la que se ensañó con Macondo, que arrasa con todo a su paso, que nos arranca seres queridos y, con ellos, nos arrebata también gran parte de nuestros recuerdos más preciados.

Sin embargo, en esta peste no se impone la pérdida de la memoria que asoló a aquel pueblo mágico de “Cien años de Soledad” sino, paradójicamente, la añoranza del recuerdo. Una añoranza que cala hondo en cada uno de nosotros y nos retuerce el espíritu. La nostalgia que día tras día nos empuja a extrañar todo aquello que teníamos y no valorábamos.

La peste del Covid-19 socavó nuestra esencia, se llevó lo que, por derecho propio, creíamos inherente a nuestra condición de personas. Porque a la irreparable pérdida de vidas humanas –cuya cifra real resulta imposible calcular- se suman un sinfín de elementos que atentan también contra los sentimientos más profundos, esos que anidan en el corazón, que nos definen y nos dignifican.

La peste limitó las fuentes de trabajo, hizo añicos los sueños de progreso de miles de argentinos. Nos privó de estrecharnos en un abrazo fraterno con nuestros seres queridos, nos arrebató caricias, besos, encuentros, miradas…

Sin embargo, a diferencia de aquella peste de Macondo, a nosotros nos queda la memoria, el recuerdo permanente de todo lo que añoramos y estamos deseosos de recuperar. Nos queda la esperanza. Tal vez, como hacía José Arcadio Buendía, sea momento entonces de poner un cartel, un único cartel que nos recuerde cada día aquello que deseamos, tal vez entonces ese sueño se haga realidad ¡Feliz 2021 vecinos! Porque lo mejor, está por venir. 

Lic. Ricardo Daniel Nicolini

cosasdebarrio@hotmail.com

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