Periódico zonal del Barrio de Liniers para la Comuna 9
January 24, 2021 5:13 am
Cosas de Barrio

RINCÓN DE LETRAS

Una vez más le damos lugar a esta sección, dedicada a dar rienda suelta a la creatividad literaria de nuestros lectores. En esta oportunidad incluimos un impactante relato, elaborado por Inés Lucía Vendramín, con el que recrea la figura de un particular personaje que subyaga a propios y extraños, narrando apasionantes historias enmarcadas en la geografía barrial.
De esta forma, aquellos lectores que deseen remitir sus escritos literarios a esta redacción –en formato de cuento o poesía- para ser publicados en este espacio, podrán hacerlo vía mail a HYPERLINK “mailto:cdebarrio@hotmail.com” cdebarrio@hotmail.com o de manera postal a Carhué 723 2º “9” (1408) Ciudad de Bs. As.

El narrador de Liniers

En el aire detenido flotaba una larga historia de amores, desamores, envidias y triunfos, que un anciano deshilvanaba con destreza, tratando de revivir en anécdotas aquellos días del pasado. Pasado para el que creía ser merecedor de haber nacido.
Tenía por nombre Manuel, extremadamente serio, no reía nunca, amoldado a su contextura recia; el barullo diario del lugar parecía afectar su importancia. Cuando todo era quietud con expresión de cómica gravedad, comenzaba con la narración; era un placer escucharlo, aunque no se sabía si lo que partía de su boca, era cierto o no. Sus amigos, sin embargo, no lo desdecían; por otra parte, tampoco había motivos: para él hubiera sido una ofensa.
Durante más de treinta años subyugó a los escuchas que, atrapados en su original modalidad, olvidaban beber el tazón de café con leche que se enfriaba sobre la mesa de aquel barcito en Liniers.
A veces alguna anciana sensible al relato rompía a llorar con la misma facilidad con que también la hacían llorar los boleros románticos que cantaba en una época lejana. Otras mujeres jóvenes se lo disputaban, deseaban tenerlo de compañía, lo amaban por lo que había sufrido, por sus desgracias, por su aspecto gigantón.
En esto llegó a los oídos de alguien muy poco amigable, la frase que estaba anhelando: “La Ilíada enseña que lo que mueve al mundo es la cólera”. Corrió hasta el bar, vio a Manuel rodeado de un grupo que lo escuchaba emocionado. El tipo, conocido por su envidia, descargó toda su rabia en un solo grito:
-¡Bah… no es más que un viejo tonto!
Silencio de un instante eterno. De pronto Manuel se sintió vacío de recuerdos de su querido barrio, abatido por lo efímero de las palabras. Empalideció, miró a todos tristes, y se alejó del bar. Nunca más habló…
Lo encontré tiempo después, me saludó con un gesto y ni siquiera se detuvo. “Parecía un hombre a quien se le hubiese caído el mundo encima”, como alguna vez dijo W. Somerset Maugham.
Sin el anciano narrador, huérfano de historias y anécdotas, el barcito de Liniers se hundió en la desidia. Fueron despedidos con pocas lágrimas y mucho alivio, los viejos muertos. Los jóvenes prefirieron los celulares.
En lo que fue el jardín de la casa de Manuel, crecieron las ortigas alrededor de un árbol muerto de vejez. A través de una ventana, roto el vidrio por un ocasional granizo, se veía en un ángulo del comedor, el antiguo reloj a cuerda detenido a la hora…
Al lado de la cama quedaron (¿olvidadas?) sus ojotas gastadas.

Inés Lucía Vendramín

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