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En medio de una crisis institucional, Chicago descendió a la B Metropolitana

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El Torito cayó 2 a 0 ante Chacarita en San Martín y no pudo evitar el descenso a la tercera categoría del fútbol argentino. La desazón de los hinchas se transformó en furia y tras la derrota hubo incidentes en las inmediaciones del estadio República de Mataderos. Este duro golpe ocurre tras la renuncia del presidente Rodolfo Block y en el marco de una compleja situación institucional.

Nueva Chicago debía ganarle a Chacarita en San Martín para asegurarse la permanencia en el B Nacional. Caso contrario, dependería de una derrota de Patronato, que visitaba a Atlético Rafaela. Sin embargo, ayer por la tarde no ocurrió ni una cosa ni la otra. Los goles de Maxi Meléndez y Nicolás Pantaleone le dieron la victoria a Chacarita y condenaron al Torito a la pérdida de la categoría. Un destino que, visto en retrospectiva, resultaba inevitable.

Terminado el juego en San Martín, no tardaron en desatarse incidentes en los alrededores del estadio de Mataderos. Un grupo de hinchas protagonizó disturbios y mantuvo enfrentamientos con efectivos de la Policía de la Ciudad, luego de que intentaran forzar una puerta para ingresar al estadio. 

Los simpatizantes quisieron abrir por la fuerza la puerta 2, ubicada sobre Cañada de Gómez al 2700 lo que obligó a poner en marcha un operativo policial que terminó con tres detenidos, dos de los cuales fueron liberados rápidamente por disposición de la Justicia. Asimismo, entre otros incidentes, un hincha se cayó de un micro y quedó herido y una agente fue herida en la cara a raíz de un piedrazo que impactó en la ventanilla del móvil en el que se encontraba, por lo que debió ser traslada al hospital Santojanni para recibir atención médica.

El dolor de ya no ser

“Sabemos que hemos cometido errores que nos han llevado a esta situación en lo futbolístico. En análisis estamos todos y todos tenemos que cambiar”, reconoció el actual mandamás del Torito, Martín Lamarca, en la previa del partido decisivo. Hasta hace poco más de un mes, Lamarca -de 26 años y vecino de Mataderos- se desempeñaba como vicepresidente primero de Chicago, pero tras la inesperada renuncia de Rodolfo Block a mediados de septiembre pasado, se vio obligado a tomar las riendas del club. Más allá de reconocer desinteligencias en la gestión, Lamarca se apresuró a desmentir versiones que señalan eventuales quiebres internos, al asegurar que, pese a las diferencias de criterios, la Comisión Directiva se mantiene unida.

En cualquier caso, la debacle deportiva coincidió con un vacío institucional grave. El 16 de septiembre último, semanas antes de concretarse el descenso, Rodolfo Block renunció a la presidencia de forma indeclinable alegando graves problemas de salud, tras apenas nueve meses de gestión. Pero eso no es todo, su intempestiva salida se sumó a la dimisión del intendente del Polideportivo, Javier Rossi, ocurrida apenas unos días antes. En su carta de despedida Rossi expuso problemáticas cotidianas de la institución, denunciando persecución laboral, despidos injustificados, sueldos impagos y el hecho de haber tenido que poner dinero de su propio bolsillo para cubrir deudas del club.

En ese marco, el perfil de la actual Comisión Directiva de Nueva Chicago -con Roberto Vila como vicepresidente primero- está marcado por la fragilidad institucional, el quiebre de su estructura original y una profunda crisis de legitimidad ante sus socios tras consumarse el descenso.

Asimismo, la actual conducción del Torito está fuertemente condicionado por la presión política interna. La agrupación opositora Revolución Verde y Negra (que perdió las elecciones por escaso margen, con Matías Scavino y el juntista local Juan José Chaves a la cabeza) exigió formalmente por vía legal e institucional que la dirigencia aclare cómo quedó reorganizado el organigrama de cargos debido al desbande de directivos.

Por su parte, hinchas y socios señalan a la actual mesa chica como la principal responsable del armado de un plantel deficiente (remarcan el hecho de haber incorporado “futbolistas sin nivel”) y de la nula estabilidad en la dirección técnica, habiendo quemado cuatro entrenadores a lo largo de la temporada que concluyó con el descenso. En ese sentido, la actual dirigencia mantiene un absoluto hermetismo ante el masivo pedido de “elecciones ya” que impulsa gran parte de la masa societaria.

A resurgir como el ave Fénix

El descenso obliga a hacer una profunda autocrítica. Durante el campeonato pasaron cuatro entrenadores, el equipo nunca consiguió encontrar regularidad y las respuestas futbolísticas no llegaron cuando más se necesitaban. Ahora será tiempo de revisar lo sucedido, tomar decisiones y comenzar a construir un nuevo proyecto deportivo que permita dejar atrás rápidamente este capítulo. La herida está abierta y el descenso dejará consecuencias. Pero Mataderos tendrá que mirar hacia adelante. El Torito perdió una categoría, aunque conserva algo que no se modifica con una derrota: la identidad, el sentido de pertenencia y la ilusión de volver a estar donde su gente quiere verlo. La historia no termina acá, por el contrario, recién empieza.

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