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Piden pan, no les dan

En sintonía con el accionar del Gobierno porteño, la Dirección del Santojanni prohibió que las religiosas del hospital continúen entregando viandas a jubilados e indigentes, tal como lo venían haciendo desde la Pandemia. Hasta entonces, 130 personas accedían diariamente a un plato de comida caliente.

Son las 12:15 de un mediodía gris. La garúa tenue le suma un manto hostil a la primavera linierense, que en ese sector del barrio tiene como marco el imponente edificio del hospital Santojanni. Sobre el lateral de la calle Patrón 6530, a metros de Cafayate, un cartel escrito con mayúsculas, sentencia: “No se entregarán más viandas”. La puerta cerrada precedida por las rejas termina de darle forma a un panorama tan desolador como elocuente.

Allí, desde el 28 de febrero de 2011 funciona la base de operaciones local de la congregación “Pequeñas hermanas misioneras de la caridad”, de la obra Don Orione, desde donde un grupo de abnegadas religiosas proyecta estrategias para tenderles su mano amiga a quienes más la necesitan. “El cardenal Bergoglio, luego Papa Francisco, nos envió a este hospital para continuar la obra de las religiosas de la congregación del Buen Pastor”, explicaba la Hermana María de los Ángeles, en la nota que le realizara este medio en junio del año pasado. Ella, junto a sus colegas María Beatriz, María Cristina y Julia, y la coordinación del Padre Adrián Ortigoza, conforman un equipo incansable de ayuda solidaria.

Sin embargo, el pasado jueves 8 de octubre fueron testigos de una decisión drástica e inesperada: la Dirección del hospital les prohibió que continuaran preparando las viandas que cada mediodía entregaban a vecinos jubilados, cartoneros y personas en situación de calle. Esas viandas comenzaron a entregarse hace seis años, cuando se desató la pandemia. “Empezamos a ver que había vecinos y gente de la calle que la estaban pasando mal -expresó la Hermana María de los Ángeles en aquella entrevista- entonces nos propusimos darles, al menos, un plato de comida caliente”.

Por entonces entregaban veinte viandas diarias, pero terminada la pandemia, lejos de disminuir, la cifra fue en aumento. A mediados del año pasado eran 85 las porciones de comida que entregaban diariamente y durante septiembre último el número trepó a 130.

De lunes a sábado entre las 11 y las 12, una larga fila de personas se formaba junto a la reja de Patrón y Cafayate para recibir un plato de comida de manos de las hermanas. Algunas, incluso, también se llevaban prendas de vestir y abrigo en buen estado, que otros vecinos donaban. Hasta que la semana pasada el acto de caridad llegó a su fin.

Al ser consultada por este medio, la hermana María de los Ángeles prefirió no explayarse al respecto. “No publiquen nada, por favor”, comenzó expresando, y ante la insistencia, agregó angustiada “nosotras habitamos dentro del predio, simplemente no podemos entregar más”.

El Padre Adrián Ortigoza, capellán del hospital, fue algo más concreto. “El Gobierno de la Ciudad prohíbe que se quede gente en situación de calle en la Guardia del hospital y ahora también que se entreguen viandas de comida”. Y luego agregó “desde la Dirección del hospital nos aclararon que dentro del predio del Santojanni no se pueden entregar viandas. Todavía me tengo que juntar con las hermanas para tratar de acomodar las cosas y ver cómo seguir… Sé que esas viandas les venían muy bien a mucha gente, pero lamentablemente no todos lo vemos así. Tengo entendido que algunos vecinos se acercaron a la Dirección del hospital solicitando que se deje de asistir a esa gente, quejándose por la suciedad en la zona”.

Y sobre el resto de la labor que las religiosas desempeñan en el hospital, sostuvo “por de pronto nos vamos a centrar en redoblar los esfuerzos para asistir a la gente que permanece internada en el hospital, como lo venimos haciendo con las hermanas desde hace años”.

Por su parte, el Dr. Carlos Falco, subdirector del Santojanni, atribuyó la singular decisión a las obras de ampliación que por estas horas se están poniendo en marcha en el hospital de Liniers. “Estamos afectados a la obra de refacción del hospital, hay mucho polvo en el sector de la capilla y el hogar del sacerdote y las monjas; por lo tanto, desde la Dirección, y en consenso con el Padre, se decidió postergar el otorgamiento de las viandas”.

Y ante la consulta de si la entrega se retomaría una vez concluidas las obras, sostuvo “es la idea, pero debemos garantizar las medidas de higiene ambiental”.

Caridad en tiempos de individualismo

“La caridad es la expresión de amor más grande”, había expresado el Padre Adrián Ortigoza, en la nota que le realizara este medio en junio del año pasado. Como capellán del hospital sabe del esfuerzo que vuelcan a diario quienes hacen de la solidaridad un acto de amor. “Acá se vive la misericordia a flor de piel”, subrayó por entonces. Él se unió al grupo a comienzos de 2024 y volcó toda su experiencia solidaria, ya que, además, colabora habitualmente con el comedor del santuario de San Cayetano. Junto a las Hermanas reivindica la ayuda solidaria como elemento constitutivo del entramado social.

Y en ese marco de casos de urgencia que deben asistir a diario, existen situaciones que se tornan ineludibles. “Es preocupante la realidad de personas jubiladas que están solas, sin familia, y necesitan una prótesis o una medicación, y el servicio de PAMI ya no se los cubre”, se apiadaba en aquella nota la Hermana María de los Ángeles e incluso advertía que “la situación del país no es buena, hay gente que carece de elementos básicos, que no le alcanza el sueldo o no consigue trabajo. Por eso todos tenemos que ayudarlos, debemos ser solidarios con la esperanza de que todo va a mejorar”.

En ese sentido, recordaba el mensaje de Don Orione, fundador de la congregación “siempre decía que sólo la caridad salvaría al mundo y que la felicidad está más en dar que en recibir. Queremos encender una luz de esperanza en medio de esta situación tan compleja que estamos viviendo, en medio del dolor de los que sufren, para que esa luz nos ilumine y nos reconforte”.

La mirada social y comprometida de las religiosas está íntimamente ligada a su fe católica.

La labor de las hermanas se centra en asistir a los enfermos internados en el hospital, a quienes ayudan en las comidas y en las tareas de aseo personal, además de colaborar con sus familiares, que muchas veces viajan desde el interior del país. “Solemos visitar a las personas internadas, les brindamos palabras de consuelo, las ayudamos a comer, les llevamos agua, ropa. En fin, estamos atentas a sus necesidades materiales y espirituales”, explicaba por entonces la religiosa.

Cuando la empatía escasea la crueldad se hace carne

La postura del Gobierno de la Ciudad se centra en desalentar y restringir la entrega de comida y asistencia en la vía pública, bajo el argumento de que “este tipo de ayuda genera dependencia y cronifica la situación de las personas sin hogar”. Si bien los registros oficiales no detallan una prohibición enfocada nominalmente en hospitales, la política del jefe de Gobierno, Jorge Macri, abarca de manera generalizada a cualquier institución o colectivo que reparta viandas o instale ollas populares en el espacio público.

A través del Ministerio de Espacio Público, el Gobierno porteño ha comenzado a labrar actas contravencionales de intimación contra organizaciones sociales, vecinos y agrupaciones que arman mesas u ollas populares en diversos barrios porteños. El argumento formal es el “uso indebido del espacio público” sin autorización previa.

Jorge Macri ha manifestado públicamente sus discrepancias con sectores de la Iglesia y agrupaciones solidarias. El mandatario argumenta que brindar alimentos y abrigo promueve que persistan en la calle en lugar de reinsertarse socialmente.

En este sentido, la postura del Ejecutivo porteño dictamina que toda asistencia alimentaria y habitacional debe centralizarse de forma exclusiva dentro de los Centros de Inclusión Social (paradores) y dispositivos oficiales del Gobierno de la Ciudad. El objetivo planteado por la gestión es lograr que las personas ingresen a los refugios para recibir un abordaje integral, que incluye tratamientos de adicciones y salud mental.

Por su parte, las organizaciones sociales, comedores y voluntarios critican fuertemente estas medidas. Denuncian persecución y hostigamiento a la solidaridad, y advierten que los paradores estatales muchas veces se encuentran saturados o no dan abasto frente a la creciente vulnerabilidad social.

Ricardo Daniel Nicolini

1 pensamiento en “Piden pan, no les dan”

  1. Lamentable decisión del Gobierno de la Ciudad. Se cierran a una realidad y practican la crueldad con la gente necesitada. Para reincertarse la persona tiene que primero cubrir sus necesidades básicas, sino no puede pensar en otra posibilidad, estará condenada a buscar comida para sobrevivir. Sr Macri, lea las Leyes de Maslow. Evidentemente a Ud lo asesoran muy mal. Lo siento por las hermanitas y por esa obra maravillosa que hacían.

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