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El día que Juan Pablo II fue local en Liniers

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Mientras la feligresía católica aguarda la llegada del Papa León XIV, reaparece el recuerdo de la misa que el entonces Sumo Pontífice brindó el 10 de abril de 1987 en el Estadio José Amalfitani, que se transformó en un hito en la historia barrial.

A días del arribo del Papa León XIV a la Argentina, la feligresía católica aguarda ansiosa la llegada de sumo pontífice y se prepara para recibirlo. La visita del máximo referente de la Iglesia se producirá treinta y nueve años después de la última vez que alguien de su jerarquía pisó suelo argentino.

Hasta el día de hoy sólo un Papa visitó nuestro país, fue Juan Pablo II, y lo hizo en dos oportunidades: en junio de 1982, en plena guerra de Malvinas; y en abril de 1987, ya en democracia, cuando vino a liderar la Jornada Mundial de la Juventud que se desarrolló en Buenos Aires. En ambas ocasiones hubo una particularidad: además de traer su mensaje de paz y unidad, el Papa polaco tocó suelo linierense.

La primera de las visitas fue esporádica y se extendió por poco más de treinta horas, entre la mañana del viernes 11 de junio de 1982 y la caída de la tarde del sábado 12. Tras el multitudinario acto religioso realizado en torno al Monumento a los Españoles, de Palermo, su Santidad se dirigió a la Basílica de Luján, donde unas horas más tarde brindaría una misa frente a una multitud bajo una persistente lluvia. Para llegar hasta allí, Juan Pablo II abordó el Papamóvil con el que transitó lentamente por una avenida Rivadavia colmada de fieles para, posteriormente, abordar el vagón presidencial del Ferrocarril Sarmiento en la Estación de Morón. Esa fue la primera vez que el Papa se bañó del cariño de los linierenses que lo aclamaban desde ambos lados de la avenida Rivadavia, al pie de la Estación.

Ya en la segunda visita, el vínculo entre Juan Pablo II y el barrio de Liniers sería bastante más contundente, y vale la pena narrarlo en detalle.

En horas de la mañana del viernes 10 de abril de 1987, montado en un descapotable, Su Santidad abandonó la Curia porteña y se cansó de agitar las manos saludando a los cientos de miles y miles de ciudadanos que abarrotaron las calles para aclamar y vitorear su paso. Los 18 kilómetros del trayecto entre la Curia y Liniers le demandaron casi cuatro horas de viaje. Completado el agobiante recorrido, el Papa arribó al estadio José Amalfitani, lo deslumbró el paisaje y sonrió feliz. 

El arquitecto Antonio Pérez, por entonces presidente de Vélez le dio la bienvenida en la puerta del club. Poco después, el Papa renovó su atuendo y se calzó una inmaculada sotana blanca junto a la tradicional casulla. Presuroso, Juan Pablo enfiló hacia el terreno de juego y pisó el verde césped como suele hacerlo el capitán de un equipo de fútbol. Ingresó con el pie derecho adelantado, se persignó y besó con dulzura la gramilla prolijamente cuidada por el inolvidable Lelo García.

Parado sobre el púlpito del enorme altar ofició el servicio religioso para una multitud estimada en 55 mil asistentes, entre la que se encontraban dos mil sacerdotes, 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura. “Pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo”, expresó durante su homilía.

Concluida la celebración, el Papa polaco bendijo a los feligreses y a las instalaciones del imponente santuario velezano y se retiró del teatro de Liniers envuelto en una ola de amor de la congregación cristiana.

En horas de la tarde de ese mismo viernes, Juan Pablo II brindó un discurso histórico en el Mercado Central de Buenos Aires, y una vez más, el barrio de Liniers fue protagonista.

Cuando el Sumo Pontífice encabezó el masivo “Encuentro con el mundo del trabajo” en el Mercado Central, la imagen original de San Cayetano fue trasladada especialmente desde el santuario de Liniers hasta el predio de Tapiales, como símbolo ineludible del discurso papal. Vale recordar que en toda su historia la imagen principal ha salido del templo en contadísimas ocasiones.

Tras aquel hito multitudinario en Liniers, el Estadio José Amalfitani se convirtió en el único en toda la República Argentina que recibió la visita de un Papa. Hoy en el Hall central de club se puede apreciar la placa que recuerda tamaño acontecimiento. Pero eso no es todo, en las instalaciones de la sede funciona desde entonces una pequeña capilla que lleva el nombre de Juan Pablo II.

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