Una vez más le damos lugar a esta sección, dedicada a dar rienda suelta a la creatividad literaria de nuestros lectores. En esta oportunidad publicamos dos poemas. El primero se titula “Breve evocación de una noche” y, firmado con el seudónimo de Epifanio Céspedes, está ambientado en la particular geografía de los pasajes de Liniers. El otro, “Soneto al Buen Ayre”, está escrito por Natalia Fígoli y recrea un bonito homenaje al paisaje porteño.
De esta forma, aquellos lectores que deseen remitir sus escritos literarios a esta redacción –en formato de cuento, relato o poesía- para ser publicados en este espacio, podrán hacerlo vía mail a cdebarrio@hotmail.com o de manera postal a Rivadavia 10718 7º Piso Dpto. 34 (1408) Ciudad de Bs. As. El único requisito es que la historia transcurra en algún punto de nuestra entrañable geografía barrial.
Breve evocación de una noche
Calles donde nació la mansedumbre.
Casas que son meras ideas de la tarde laboriosa
para que las sombras
(esas negras glosas de la noche quieta)
se pongan a jugar cuando ya todo duerma.
(Hay otra forma intacta que ya se apresta al juego:
la promesa redonda de la luna).
Nada de esto existe; todo lo construyen mis pasos:
cada gato evasivo que se escurre
con un recelo que busco evitar pero que entiendo,
las fachadas que vuelve a encaramar mi hábito sereno
al volver a estas calles taciturnas
con la intención de perderse en cada esquina.
De a poco voy fundiéndome en tus formas,
entrando en el fácil laberinto de las Mil Casitas.
Epifanio Céspedes
Soneto al Buen Ayre
Esparcido su llanto vespertino
se entumece el rocío en su regazo;
vastas huellas dispersas del ocaso
van trazando en lo alto su camino.
Las luces espejadas sobre el río
propagan su belleza al infinito;
es el tibio candor de lo fortuito
que se mece en algún rincón sombrío.
Transitadas por flujos ondulantes
las solemnes arterias de concreto
que como ríos fluyen zigzagueantes
se pueblan con su espíritu secreto
de bandoneón; no hay hito semejante
al del Ayre porteño e indiscreto.
Natalia Fígoli
