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Miles de fieles desafían la tormenta y la distancia, y peregrinan a Luján

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Con la imagen de la Virgen como estandarte, una interminable caravana partió esta mañana desde Rivadavia y General Paz para recorrer a pie los sesenta kilómetros que separan ese transitado cónclave de Liniers, de la Basílica de Luján. Aunque las complejas condiciones meteorológicas dificultan aún más el trayecto, son decenas de miles los fieles que le dan vida a la tradicional travesía. Dos meses después de la multitudinaria celebración de San Cayetano, en la 52ª peregrinación a Luján, Liniers vuelve a convertirse en la capital de la fe.

Ni la intensa lluvia desatada desde la madrugada -y que amenaza extenderse hasta bien entrada la tarde- ni el cansancio, ni la distancia, se convirtieron en un impedimento para decenas de miles de fieles que desde muy temprano iniciaron la marcha en Liniers con la intención de arribar a la Basílica de Luján. Claro, todos llevan consigo el impulso de la fe y un catálogo de promesas, intenciones y agradecimientos, para que en horas de la noche la Virgen de Luján los reciba con los brazos abiertos y los vuelva a hermanar como pueblo.

“Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos”, es el lema elegido para esta 52ª edición de la tradicional peregrinación a Luján. Y es justamente la Virgen la imagen que sobresale a cada tramo de la caravana, a bordo de carrozas con parlantes desde las que los voluntarios de distintas parroquias arengan a los caminantes y los impulsan a seguir. Claro que allí suenan también ritmos pegadizos -como cumbias y música urbana- que, aunque no se escuchen en las misas, sirven para apurar la marcha de los peregrinos.

Lluvia mediante, entre ellos se distinguen los vendedores ambulantes de pilotos, que en pleno octubre se disponen a hacer su agosto.

Desde la Iglesia auguraban que esta nueva edición de la tradicional peregrinación a Luján marcaría un récord de asistentes. Sin embargo, la intensa lluvia desatada desde la madrugada hizo que muchos desistieran de la travesía. Es que la inminente llegada del Papa León XIV se ha transformado en un catalizador de la fe católica, para que muchos feligreses renueven su fe y sus lazos de hermandad y solidaridad.

Así lo entiende el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, que a las 7 en punto arribó al santuario de San Cayetano y se integró a la multitud. Para el arzobispo, la próxima visita del Papa encuentra a una Argentina con ganas de salir adelante pero también atravesada por enfrentamientos. “Creo que estamos todos muy entusiasmados con su llegada”, señaló. Y describió al país que, según entiende, encontrará León XIV: “Un pueblo esperanzado con ganas de salir adelante, un pueblo que no baja los brazos”. Pero agregó una demanda que considera central: “Al mismo tiempo, le quiere decir basta a la discriminación, a la intolerancia, al rechazo del otro porque piensa distinto”. Las descalificaciones, dijo, “están a la orden del día”. Frente a eso, planteó que existe una necesidad de volver a encontrarse. “Necesitamos unirnos”, sostuvo. “El Papa, que es el padre de todos, viene a confirmarnos en la fe”.

Para entonces, el centro de Liniers era un hormiguero de fieles que le hacían frente a la lluvia. Dos meses después de la multitudinaria celebración de San Cayetano, el populoso barrio del oeste vuelve a entronizarse como la capital de la fe.

Mientras tanto, muchos iniciaban la caminata con la firme esperanza de llegar a la Basílica, la misma que visitará León XIV en pocos días más. Los sesenta kilómetros que separan Liniers de Luján suponen unas intensas catorce horas de marcha, que a partir de los efectos de la tormenta seguramente se transformen en quince o dieciséis. Ampollas, pies mojados, frío y ropa empapada, son algunos de los impedimentos que se interpondrán en su camino, pero la fe, se sabe, mueve montañas. Y esta no es la excepción.

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