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Galería Alberdi, un paseo con locales y visitantes

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Desde que abrió sus puertas en 1950, la Galería Alberdi se convirtió en una recorrida obligada para varias generaciones de mataderenses. Sin embargo, lejos del brillo y el esplendor de antaño, hoy el histórico paseo comercial de Juan B. Alberdi y Cafayate se encuentra sumido en el olvido, a merced de la recesión. Los pocos locales que aún se mantienen en pie deben soportar el costo de expensas que rondan el millón de pesos y convivir con personas que, desde hace años, mantienen tomados varios locales y oficinas del primer piso. Mientras tanto, en la Legislatura se impulsa un proyecto para declararla “patrimonio histórico” y preservar así la valiosa cúpula que se yergue en el patio central.

La Galería Alberdi supo ser durante décadas el paseo obligado para los vecinos de Mataderos. Sus coquetos y variados locales eran una invitación a sumergirse en el corredor central para recorrer en detalle cada vidriera hasta arribar al patio de comidas, ubicado en el corazón de la manzana, y deleitarse allí con la majestuosa cúpula que coronaba desde lo alto aquel encantador paseo comercial de la avenida Juan B. Alberdi 6267, a metros de Cafayate.

Hoy, sin embargo, la realidad es muy distinta. Aquella emblemática galería inaugurada en 1950 es apenas una sombra de lo que alguna vez supo ser. La sucesión de desaciertos en las administraciones sumado al complejo contexto de recesión, terminaron por convertir la carroza en calabaza.  De los 45 locales comerciales que se agrupan en planta baja, apenas diez continúan funcionando. El resto luce los carteles de “Se vende” o “Se alquila”, y detrás del vidrio un enorme vacío se apodera del espacio.

“La mayoría de los locales que siguen funcionando están desde hace años. Nosotros tenemos LC Indumentaria desde 1984 y VIP Indumentaria desde 1996, además está Casa Eli que es el más histórico y funciona desde 1962, Joyería Marín desde 1973, la disquería, la casa de depilación y el local de tatoo, todos comercios con mucha antigüedad”, cuenta Bettina Ibar, protagonista esencial de la realidad que hoy vive la Galería Alberdi.

Pero eso no es todo. Tras el largo pasillo, una puerta de rejas deja ver el patio central del paseo, que rodean otros 21 locales y oficinas. “Todo ese sector del fondo permanece cerrado”, aclara Bettina. Justo allí, en el primer piso, funcionó durante décadas un histórico salón de fiestas -que en ocasiones también supo ser local bailable- que desde hace más de veinte años permanece tomado, al igual que varias de las oficinas linderas. “El local más afectado es el 63, el del salón de fiestas, que es el más grande. El tema es que al haber fallecido el propietario y no tener herederos, no hay desalojo. Esa toma afecta incluso a algunos locales contiguos, que son propiedad de Alejandro Lipara, el hijo del fundador de la galería, Napoleón Lipara”, explica la Dra. Cynthia Domínguez, representante legal de algunos de los comerciantes del paseo.

“Esto comenzó en 2012 y el único desalojo que se hizo fue en 2017. El administrador intimó a los dueños de esos locales por falta de mantenimiento y conservación para que tomen cartas en el asunto e inicien los juicios de desalojo. A través de esa mediación se llegó a un acuerdo y se pidió el desalojo, que se concretó en 2017, pero al día siguiente los ocupantes volvieron a ingresar. Desde entonces la gente que toma ese lugar va rotando, no es siempre la misma”, amplía la Dra. Domínguez.

A partir de allí se vienen realizando sucesivos reclamos e incluso ha intervenido el Gobierno de la Ciudad, pero al no haber un dueño, no se puede pedir el desalojo de ese local principal, aunque sí el de los locales linderos. “Lipara no se hace cargo. No se entiende por qué sigue comprando locales y no los mantiene. Tal vez tenga la intención de transformar la galería en un edificio”, especula la Dra. Domínguez, y luego agrega “de hecho, tiene varios juicios por deuda de expensas. Y eso tiene que ver también con el mal manejo que hubo por parte de los administradores. Actualmente cada local paga casi un millón de pesos de expensas, de allí que sea muy difícil que se puedan alquilar los que están desocupados”.

Bettina pasa ese dato en limpio: “en la última liquidación de expensas tuve que pagar 782 mil pesos por un local y 809 mil por el otro. Y son locales chicos de treinta metros cuadrados. Las expensas están infladas, la administración nos aumenta para compensar por las unidades funcionales que no pagan”. Pero su caso no es el más complejo. “Mi local está ubicado al fondo de la galería, antes del viejo patio de comidas, y estoy pagando 1.152.000 pesos, una locura”, cuenta Analía Orlando, propietaria de un comercio de informática.

El actual administrador de la Galeria es Lam Administraciones, que por estas horas está intentando gestionar que la Legislatura porteña designe como “patrimonio histórico” a la Galería Alberdi, considerando el alto valor patrimonial de la cúpula, con la intención de preservar de esa forma la totalidad del paseo comercial.

“El estado actual de la galería es impresentable”, grafica Analía, y agrega que “muchas veces se sienten olores desagradables porque los locales tienen filtraciones y problemas de humedad”. Para Bettina, sin embargo, aún están a tiempo de revertir la historia. “Para los que conocemos el potencial que tuvo esta galería, sabemos que el estado actual no es bueno, pero estamos completamente comprometidos para que vuelva a ser ese paseo comercial que recordamos”.

El dolor de ya no ser

En sus orígenes, la Galería Alberdi supo tener dos accesos: el principal por Juan B. Alberdi 6267/6269 y el alternativo por Cafayate 1630/1636/1642/1650. Incluso llegó a contar con un tercer acceso sobre Manuel Artigas, que hace años fue loteado y hoy se encuentra cerrado y prolijamente modificado por viviendas.

De aquel brillo de antaño la galería aún conserva el particular solado sobre el acceso principal. El nombre de la Galería realizado en mármol y un diseño con mosaicos esmaltados simulando una esfera, que podría tratarse del logo comercial del paseo.

Pero eso no es todo. Durante algunos años funcionó en el patio central una calesita, que comenzó a girar a fines de los 60’ y vivió sus años de esplendor en los 80’, cuando sobre ese tramo de la avenida Alberdi se organizaban los corsos. El ocaso definitivo le llegó en la década del 90’, cuando finalmente fue retirada del predio.

En ese patio hoy apenas retumba el eco de la nostalgia. Y cada tanto, resuenan las voces destempladas de quienes habitan de manera irregular el salón de fiestas del primer piso y las oficinas linderas.

Un tema central en la agenda del centro comercial

El 4 de septiembre pasado se llevó a cabo una reunión de seguridad organizada por la Federación de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires (FECOBA) en la confitería Boulevard Alberdi, de la que además de los directivos de la entidad anfitriona participaron el comisario Ariel Pereyra, titular de la Comisaría Vecinal 9A; comerciantes locales y el presidente del Centro de Comerciantes de la avenida Juan B. Alberdi y adyacencias, Iván Zois.

Más allá de los diversos reclamos por la inseguridad existente en la zona, el tema central del encuentro giró en torno a la situación que atraviesa actualmente la Galería Alberdi. “Nos preocupa la situación de varios locales usurpados que funcionan como aguantadero y son un foco permanente de inseguridad”, expresó Zois.

Tras el encuentro, las autoridades de FECOBA y del Ministerio de Seguridad recorrieron la galería y tomaron nota in situ de los problemas planteados durante la reunión, al tiempo que se comprometieron a reforzar la seguridad en la zona.

Por de pronto, ya se han realizado diversas presentaciones en la Justicia y en la Comuna 9 y se aguarda que, a la brevedad, los funcionarios del área tomen cartas en el asunto. “Es de público conocimiento el estado de la galería y el Gobierno tendría que tomar las medidas necesarias para solucionar en forma definitiva este inconveniente”, concluye Analía. Y razón no le falta.

Ricardo Daniel Nicolini

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