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Nédar Gandón, el patriarca de Liniers

El entrañable vecino de Lisandro de la Torre y Ventura Bosch, celebró ayer sus primeros 100 años de vida. Antes del festejo familiar se entrevistó con Cosas de Barrio y se animó a bucear en sus recuerdos para contar su historia en el barrio, el cariño de su gente y su inagotable pasión por la V azulada. “Me considero un tipo feliz. Y te puedo asegurar que ocuparse de los demás, te hace más feliz todavía”, sostuvo a puro optimismo este verdadero emblema de Liniers, de activa participación en diversas entidades locales.

Poco después de haber hecho sonar el timbre, es el propio Nédar quien aparece detrás de la puerta e invita a pasar. Tras atravesar a paso firme el largo pasillo, café de por medio comienza una charla tan amena como enriquecedora. “Como diría Rodrigo, soy cordobés”, comienza aclarando el cumpleañero en la tarde del 23 de septiembre en la que celebra ni más ni menos que un siglo de vida. Y luego precisa “de Villa María”, estirando la primera “a” para recuperar esa tonada de la docta que perdió hace tiempo. “Hace ochenta años que vivo en Liniers, me vine a los 20, después de la colimba a hacer la carrera de marino mercante. Y al poco tiempo comencé a desempeñarme como capitán de ultramar”.

Poco antes había conocido en Córdoba a quien sería su esposa. “Lidia había ido a veranear allá y se hizo amiga de mi mamá”, recuerda.

– ¿Pero ella ya vivía en Liniers? Entonces no fue azaroso que hayas venido de Córdoba directo a Liniers… ¿Había una intención concreta en esa decisión, o no?

– Sí, sí, correcto. Lo que especulas, es correcto. A poco de llegar me instalé en Liniers Norte y al tiempo nos casamos en San Cayetano, donde ella ya era maestra de las monjas, y nos vinimos a vivir acá. Y bueno, hicimos nuestra vida, tuvimos nuestros hijos, nuestros nietos. Tuvimos la suerte de armar una linda familia.

– Esperá, esperá. No te apures. Dicen que los marinos tienen un amor en cada puerto ¿O son las malas lenguas?

– Bueno, digamos que son las malas lenguas (risas).

Durante su labor como capitán de ultramar, Nédar tuvo oportunidad de recorrer diversas partes del mundo. “Mis primeros viajes fueron a Aruba, Curaçao y Venezuela. Después estuve dos veces en el Golfo Pérsico, básicamente por el petróleo. Hay cosas que no cambian, el mundo se sigue moviendo por dinero y la mayoría de los conflictos también ocurren por lo mismo”, sostiene a pura sabiduría. Y luego remarca que “lo malo que tiene esta carrera es estar lejos de la familia, pero durante las vacaciones pasábamos mucho tiempo juntos y ahí compensaba mi ausencia”.

Esos viajes permanentes le permitieron, no obstante, afianzar su vínculo con el barrio. “A Liniers lo empecé a valorar cuando viajaba. Cuando uno se aleja añora lo que deja y valora la importancia de su patria chica, de sus calles, sus pasajes, su gente. Y ahí es donde aprendés a quererlo más, mirándolo desde lejos”.

De aquellos primeros años en el barrio, Nédar recuerda su calle “Tellier, ahora Lisandro de la Torre, era empedrada y bastante más angosta”; y sus salidas habituales a los cines linderos “disfruté de salas emblemáticas, como el Edison, el Capitolio y el Canadian”, destaca. Claro que el del cine para Nédar era un ámbito familiar. “A los 16 años trabajé en Córdoba pasando películas, reemplazando al operador habitual los días que tenía franco. Ya estando acá, inclusive, los primeros años llegué a pasar películas por las noches en varios cines de Quilmes y Bernal”.

Para entonces, la parroquia Nuestra Señora de las Nieves -que se ubica a la vuelta de su casa- era una pequeña capilla y aún no existía el instituto educativo que la circunda. “Yo por suerte pude contribuir bastante al crecimiento de la parroquia y del instituto. Lo digo con orgullo. Además, Lili -por Lidia, su esposa- también participaba mucho”.

Nédar ha sido desde siempre un vecino participativo y comprometido con las necesidades de su barrio. Muchas de ellas cristalizadas desde el Club de Leones de Liniers, que hoy ya no existe. “¿Sabes por qué? Simplemente porque no hubo renovación o no supimos renovarlo, una lástima. Todavía se puede ver el cartel en la que era la sede de Ramón Falcón y Pieres. Desde allí hemos impulsado campañas en favor del hospital Santojanni y organizamos varias jornadas de salud en San Cayetano. Muchísimo hemos hecho”, recuerda quien también participó de la creación de la Junta de Estudios Históricos de Liniers y trabajó por la recuperación para el barrio del predio de los Talleres Ferroviarios.

Su labor comunitaria se replicó también en el Colegio Nacional 13. “Lidia fue profesora fundadora del 13. Ella daba matemáticas. Nosotros, medio en joda, le decíamos el colegio de los Gandón, porque en aquellos años mi señora era ‘la Gandón de matemática’, mi hija, después de terminar ahí mismo el secundario, era la preceptora, y mi hijo era alumno. Ah, y como si fuera poco, yo era el presidente de la cooperadora…”.

Nédar tiene dos hijos, una mujer y un varón. “Mi hija se llama Linnet, que es una mezcla de Lidia y Nedar. Nos costó todo un sumario ponerle ese nombre, pero al final lo aceptaron y ella está muy contenta de tenerlo. El varón es Nédar Alejandro, pero usa el segundo nombre”.

– ¿Y el nombre tuyo de dónde viene? Porque no es muy común…

– No. En realidad, viene del francés Medard, que adaptado al castellano es Medardo. Pero mi nombre sería una mezcla rara entre esas dos acepciones. Digamos que soy bastante original (risas).

– ¿Cuál es el secreto para estar hecho un pibe a los 100?

– Bueno, eso de “hecho un pibe” es un poco mucho… En realidad, secreto no tengo ninguno, simplemente hacer las cosas bien. Yo he sido feliz. Y te puedo garantizar que ocuparse de uno y de los demás, da más felicidad todavía.

Por de pronto, Nédar sale a caminar todos los días acompañado de Claudia, que desde hace años lo asiste en su hogar. Él la define como “una salteña admirable”. Y hasta hace algún tiempo realizó actividad física. “Solía hacer bastante yoga, y creo que me ha ayudado bastante a tener la elasticidad que todavía conservo”, sostiene. Además, se informa periódicamente leyendo y mirando canales de noticias.

– ¿Cómo ves a la sociedad actual?

– A veces me parece que estoy en otro mundo, como si estuviera viviendo una especie de segunda vida. Las cosas cambiaron mucho… Yo creo que pesa siempre aquello de que todo tiempo pasado fue mejor, ¿no? Qué sé yo. Te juro que jamás me hubiera imaginado ver a un presidente insultando por televisión. Y ni que hablar de las formas del gobierno. Se han perdido los valores. Antes primaba la educación, el respeto por el otro, y ahora escasea demasiado…

Nédar habla desde la voz de la experiencia, esa que desde su vasta trayectoria en esta vida cobra una relevancia especial. “Como te imaginarás, pasé por varias épocas complejas del país, por varios gobiernos militares”, agrega, como si hiciera falta.

En sus habituales caminatas suele ingeniárselas para esquivar veredas rotas. “Hasta hace un tiempo las hacían de cemento, pero ahora ponen baldosas mal puestas y al mes ya están flojas. Y para gente de mi edad es todo un arte caminar sin caerse”, reclama, y razón no le falta.

A los cincuenta y pico Nédar dejó de navegar y tras rendir un examen de ingreso se convirtió en perito naval de la Prefectura, donde se desempeñó hasta jubilarse. “Me encargaba de inspeccionar la seguridad de los barcos y de peritar los naufragios”, recuerda. Y entre la gorra de capitán que aún conserva en un estante de su biblioteca, Nédar ostenta otro título, del que jamás pudo hacer uso. “En el período en el que no navegué -cuenta- estudié y me recibí de profesor de Historia y Geografía en Las Nieves. Pero como ya era grande no pude ejercer”. En Las Nieves también hizo varios cursos de computación, que hoy le permiten llevarse “bastante bien con la tecnología. Me le animo a los mensajes de whatsapp y todo…”.

Esa ductilidad le permite mantener un trato permanente con sus nietos: Guido, de 34 años; Ciro, de 32; y Martina, de 25. “Ella es bailarina, practica danzas desde los 9 años y ahora está en la universidad”, aclara, y no puede disimular la sonrisa.

– Después de tantos años en el barrio me imagino que tendrás la V azulada tatuada en el corazón…

– ¡Claro! Soy fanático de Vélez. Debo ser vitalicio de vitalicios ya… Ahora hace mucho que no voy a la cancha, pero sigo todos los partidos por la tele. Eso sí, en los 90’ no me perdí ni uno solo del equipo del Virrey. A Bianchi además tuve la suerte de disfrutarlo como jugador.

El sol de la tarde amaga con ocultarse por detrás de la General Paz. Es hora de emprender la retirada. En poco tiempo más, la familia de Nédar vendrá a celebrar el centenario del patriarca de Liniers. “Me hace feliz haber podido compartir tantas cosas en el barrio”, desliza, y antes de abrazo de despedida advierte “no apriete tanto compañero, que tengo que juntar aire para las cien velitas”.

Ricardo Daniel Nicolini

3 pensamientos en “Nédar Gandón, el patriarca de Liniers”

  1. Hermosa familia ,matrimonio que trabajo mucho el la parroquia de las Nieves a ellos los conozco desde chico Lidia fue muy amiga de mí madre cuando ambas participaban en la liga de Madres en dicha parroquia
    Nedar como te dije el 23 felices 100 años
    Fabián Gargaglione

  2. Gracias por este reportaje que refleja un poco el pensamiento de don Nedar, padre de mí querida amiga Lyned. Toda mí admiración y mí cariño. Siempre da gusto escuchar a un hombre tan lleno de vida. Y de sentido del humor.

  3. Felices jóvenes 100 años Nedar soy Beatriz la hija de Esther de la librería Anna en lisandro de la torre 250 a pocos pasos de su casa…siempre recuerdo a Lidia su esposa quien le dio clases de matemáticas a mi hermano Claudio que también siguió la carrera de Marino Mercante al igual que usted …también recuerdo a Linet yo tengo uno o dos años mas que ella y a su hijo….bueno estoy muy feliz de saber que ha llegado a los 100 años es un ejemplo de vida para todos.Beatriz Nigro

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