Una vez más le damos lugar a esta sección, dedicada a dar rienda suelta a la creatividad literaria de nuestros lectores. En esta oportunidad publicamos un relato del exvecino de Liniers, Vernal Freitas, en el que -con pluma exquisita y mejor memoria- intenta echar luz sobre los inicios del centro murga “Los Mocosos de Liniers”. En “El redoblante de la memoria”, datos, nombres y recuerdos se agrupan con tono evocativo, para que el ritmo y el colorido de la decana murga de Liniers vuelvan a salir a escena contrariando los designios del almanaque.
De esta forma, aquellos lectores que deseen remitir sus escritos literarios a esta redacción –en formato de cuento, relato o poesía- para ser publicados en este espacio, podrán hacerlo vía mail a cdebarrio@hotmail.com o de manera postal a Rivadavia 10718 7º Piso Dpto. 34 (1408) Ciudad de Bs. As. El único requisito es que la historia transcurra en algún punto de nuestra entrañable geografía barrial.
El redoblante de la memoria
Leyendo un ejemplar de hace unos años, vi que un lector decía que, en su fundación, Los Mocosos de Liniers ensayaron en el potrero y luego se trasladaron al café de don Jaime. Dudé de la memoria del lector, ya que algo no cuadraba. Luego mi hija me envió una foto de una pintura realizada bajo uno de los puentes de General Paz y allí tuve otra sorpresa, aparecía como año de fundación de la Murga: 1953 y para colmo los murguistas vestían de rojo… Ni lo uno, ni lo otro, me dije.
De pronto se despertaron algunas de mis neuronas y decidí escribir antes de vuelvan a dormirse.
Los Mocosos se fundó en 1951. Por entonces, yo terminaba en el Colegio Nacional Mariano Moreno mi primer año –con materias para diciembre y marzo- y recuerdo que mi padre había tomado el trabajo de la construcción de un stand en la Feria de América que se realizó en Mendoza. Las clases terminaban el 20 de noviembre, viajamos unos días después, pero yo debía regresar en los primeros días de diciembre para los exámenes.
Ya en el barrio me encontré con Norberto “Nito” De La Llave, me contó que hacía un par de días estaban ensayando en su casa -en Cosquín al 1000, sobre la vereda del sol- y me invitó a integrarme al grupo. Allí nos juntamos unos quince jóvenes que ensayábamos en el patio a la caída del sol, bajo la mirada tutelar de la madre. Pero el sitio era pequeño y debimos trasladarnos a Cosquín, que recién estaba asfaltada y aún no pasaban vehículos. Dos días más tarde nos trasladamos al café de don Jaime –en la terraza- y esto se prolongó hasta el Carnaval.
El bombista era el Negro Oliva, guitarrista y folklorista. Los uniformes y levitas de los directores fueron confeccionados por las hermanas Lencinas, eran de color azul celeste, lo mismo que los instrumentos: abanicos, globos, y otros que no recuerdo. Los trajes del resto de los murguistas eran color bordó.
Con Nito fui una tarde a buscar el arpa, préstamo de Los Bohemios de Palermo, hasta una casa en Villa Devoto, caminando… El arpa era el contorno de una lira en madera de poco más de 80 cm cuadrados, encastrada en un asta de bandera. La pinté en la casa de Séptimo, sobre Estero Bellaco –de pibe fui aprendiz de letrista- y en el arpa se leía: Centro Murga Los Mocosos de Liniers.
El director era Nito de La Llave, de otros directores sólo recuerdo a Carmelo Pugliese, de quien guardo un gran recuerdo.
Séptimo y yo portábamos grandes abanicos detrás de los directores, delante de ellos, las “mascotas” vestidas como los directores. Recuerdo a un chiquito de unos tres años, hijo de un señor llamado Vaca. Del resto de los portadores de instrumentos no me acuerdo. Luis Vásquez cerraba el desfile con una gran llave que pujaba por ensartarla en un candado que llevaba otro murguista.
La chaqueta que luzco en aquella foto con Nito era bordó como el resto de los portadores de instrumentos, me la prestó uno de los integrantes de Los Bohemios, la calavera y las tibias no pude retirarlas.
El presidente de la murga era Hugo Ostrower, el tesorero era el Negro Ríos, ambos vivían frente al café, en la calle Carhué.
Puedo aportar un dato más de nuestras salidas. Señalar como un agradecimiento, que cada noche al terminar el recorrido, el Club Resurgimiento de Ciudadela nos daba una cena de papas y huevos duros, luego de la actuación en sus bailes.
Volviendo al inicio, considero que al señalar el 53 como año de fundación se tomó como referencia la etapa posterior –en la que no participé- cuando Carmelo Pugliese, Luis Vásquez, Tarantela y el bombista –no recuerdo el nombre- pero era muy conocido… ¿acaso Teté? recuperaron la agrupación, ya que el año anterior no había salido.
El transporte estaba a cargo de un colectivo –no recuerdo de quien- y el camión de Israel Levin (Botazo). Como hacen los abogados, doy hechos de mi adolescencia para justificar lo que afirmo.
Vernal Freitas
