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Beromama, el único club del mundo con el nombre de una barra de amigos, cumple 87 años

Nacido en el entramado de los pasajes de Liniers, el club Beromama celebra hoy sus 87 años de vida, desde que el 11 de septiembre de 1939 comenzó a escribir una historia única e irrepetible. Para celebrarlo, el próximo sábado 19 las distintas generaciones de jugadores se darán cita en el predio que, ya lejos del barrio que lo vio nacer, el club posee en González Catán. Será momento de recuperar viejas anécdotas y vivencias, de esas que sólo los verdaderos amigos son capaces de atesorar.

Hay una historia que, como tantas otras, ya es parte de la mitología popular linierense. Esa historia cuenta que cierta tarde fría y lluviosa de 1939, una pelota de rugby salió disparada de los límites del campo de juego del club Pacif –hoy conocido como San Martín- y fue a parar justo al lado de Jorge Melo, quien junto al Ñato Boutell habían sido invitados a presenciar el partido. Ambos se miraron y un instante después, Melo se agachó y ocultó la ovalada debajo de su impermeable. La historia cuenta luego que esa guinda viajó en manos de Melo hasta la barra del barrio de las Mil Casitas, en Liniers, y terminó siendo la piedra fundamental del primer club atorrante del rugby argentino: el mítico Beromama, o para ser más preciso “Beromamacacumaospobichucacopripejopi”, tal como lo marca su denominación original –que luego arbitrariamente la Unión de Rugby de Buenos Aires obligó a acortar- a partir de la primera sílaba del nombre o el seudónimo de cada uno de sus fundadores. Jorge Melo –autor insoslayable de esa mítica gesta y destacado artista plástico de Liniers- era el “jo” que dibujaba la anteúltima sílaba.

Tal vez como consecuencia divina por aquel sutil robo iniciático, Beromama fue desde sus orígenes un club nómade. Sus integrantes se reunían en el club Liniers, pero las prácticas se desarrollaban en la inconfundible geografía de los pasajes de las Mil Casitas. Por entonces comenzó haciendo de local en la cancha de Curupaytí, donde competía por la Liga Católica. Pero dos años más tarde, en 1941, logró ser inscripto oficialmente en la Tercera División de la Unión Argentina de Rugby y doce meses después ya había logrado el ascenso a Segunda. El objetivo de llegar a Primera se cumplió en 1951, pero de allí en adelante el tricolor alternó entre Segunda y Tercera, hasta que en 1969 la Unión Argentina de Rugby decidió su desafiliación.

Allí surgieron los años más aciagos de un club sin cancha, pero sostenido por miles de historias que no estaban dispuestas a caer en el olvido. Tal vez por eso, en 1985, como el Ave Fénix, Beromama resurgió de sus propias cenizas. Nuevas generaciones de linierenses se sumaron a aquellos que ya habían lucido con orgullo la tricolor en el pecho y juntos lograron reflotar el espíritu de aquella barra de amigos, cuya mística se empecinaba en seguir recorriendo los pasajes de Liniers. Muchos querían que sus hijos jugaran con la camiseta que ellos habían defendido, pero para entonces estaban desperdigados en otros clubes, como Banco Hipotecario, Daom, San Cirano, Pucará, San Martín, Pueyrredón y San Fernando. No fue simple refundar Beromama, pero cuando se trata de recuperar la amistad, todo es posible.

Con un enorme trabajo en equipo -y la colaboración de una gran cantidad de vecinos- lograron adquirir el actual predio de 7 hectáreas que el club posee en González Catán, para montar finalmente allí su anhelada cancha. Desde entonces, Beromama compite en la Unión de Rugby de Buenos Aires y el club conforma un espacio de contención y pertenencia que le abre camino a nuevas generaciones de deportistas.

Pero allí no acaba todo, porque “los viejos”, los que alguna vez vistieron la tricolor azul, gris y roja, aún siguen despuntando el vicio en “Sentime XV”, el equipo que reúne a aquellos que ya colgaron los botines, pero continúan revoleando la ovalada y haciendo de la amistad y el compañerismo, la esencia de Beromama.

Con ese legado como bandera, el sábado 19 de septiembre desde las 11, los Beromama se darán cita en la sede del club (Dr. José Equiza -ex Cuyo- 7010, Barrio Los Ceibos, González Catán) para seguir disfrutando de esa magia que los unió para siempre.

Ah, un detalle. Veinticinco años más tarde de aquella inolvidable picardía de Jorge Melo, con Beromama compitiendo codo a codo con los grandes en los torneos de la URBA, la mítica pelota que significó el punto de partida, fue devuelta, y desde entonces está exhibida como un objeto de culto en la vitrina principal del club San Martín. Porque toda buena historia, merece un final feliz.

2 pensamientos en “Beromama, el único club del mundo con el nombre de una barra de amigos, cumple 87 años”

  1. Vivi momentos muy lindos durante toda mi infancia, adolescencia junto a toda mi familia los izaguirre, me pone feliz que siga en pie el club es un lugar sano lleno de historias q se llevan en el corazonnn de cada uno de nosotros.

  2. Una mañana en el colegio mi amiga Maru Riello me dice… Suppa querés jugar hockey? Y allí fuimos, a entrenar a alguna de las plazas del barrio con las mejores jugadoras del planeta jajajaaaa. Como una misión cuasi religiosa, Bea y Mirta, cada sábado o domingo nos esperaban en Ami y nos llevaban en micro a jugar los partidos. Durante el viaje, infaltables los cantitos de arenga para Beromama!!! , un lugar donde fuimos felices!

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