El recuerdo de aquellos años en los que la casa de Pedro Aznar fue la usina creativa de los grandes éxitos de unas de las bandas más emblemáticas del rock nacional.
Cuando el rock progresivo y las letras de Pastoral ya eran un clásico de los 70’, otro grupo que haría historia en la música nacional comenzaba a gestarse allí donde el sol se duerme por detrás de la General Paz. Casualidad o no, como en el Pastoral de Alejandro De Michele, las calles y el perfume de Liniers volverían a ser clave para que, en este caso, Serú Girán hiciera germinar gran parte de sus éxitos más notables. Como si una porción de ese barrio escondido en un rincón del oeste porteño tuviese la fórmula mágica para transformar la oscuridad de aquellos ajetreados años setenta en una singular usina creativa.
Mientras los acordes de las canciones de Pastoral sonaban primero en la casa de Caaguazú y Tellier, de Alejandro De Michele, los de Serú Girán comenzaban a expandirse apenas tres cuadras más allá, desde el primer piso de Caaguazú y Cosquín, allí donde cada sábado, los padres de Pedro Aznar le abrían la puerta de su casa a tres jóvenes de pelo largo y sueños eternos.
“Yo vivía frente a las plazoletas de Humaitá y José León Suárez, y hacia fines de los 70’ era un clásico ver cada sábado a eso de las 15 a Charly García, David Lebón y Oscar Moro, con su afro embravecido, caminando por el pasaje Iñigo Carrera para ir cortando camino en diagonal hasta la casa de Pedro”. El que cuenta es Fabián Peroni, dibujante de Cosas de Barrio e histórico vecino de Liniers que, siendo apenas un adolescente, no podía creer estar viendo a sus ídolos pasando por la puerta de su casa. “Después, a eso de las 7 de la tarde -recuerda- volvían a pasar a pata, pero esta vez con Pedro, para ir a tomarse el 2 a la colectora de la General Paz. Vaya uno a saber dónde tocarían más tarde…”.
Aquellos ensayos en la casa de Liniers tenían un encanto especial. “La mamá de Pedro hacía unas tortillas de papa increíbles, y a mí las tortillas me encantan. Por eso yo iba casi todos los días de Belgrano hasta allá”, confesó recientemente el propio David Lebón en una entrevista televisiva. “Esa casa tenía algo mágico: se respiraba música. La primera vez que entré vi el cuadro con el diploma de profesor de guitarra, vi un piano. Con esa avidez y sensibilidad por la música, y esas tortillas de papa, era imposible no hacerse amigo de Pedro”, recordó el guitarrista a pura sonrisa.
Es que el vínculo de Pedro Aznar con la música parece trascender el tiempo y el espacio. Tenía apenas seis años cuando pidió que le regalaran el disco Revolver, de los Beatles. A sus padres, tangueros por excelencia, esa música les parecía un despropósito, pero igual accedieron y le dieron el gusto. Estaba claro que a Pedro lo atravesaba una pasión. Por eso, a sus nueve años, decidieron anotarlo para estudiar guitarra con Elba Vignaldo, una profesora del barrio especialista en guitarra clásica. Para entonces, el joven Pedro cursaba la Primaria en la Escuela Independencia Argentina y estrechaba vínculos con sus primeros amigos de la infancia, que mantendría a lo largo de la vida. “Aún conservo amigos del jardín. Hace unos días nos reunimos y hablamos de la importancia de la escuela pública, que te permite contactarte con chicos de diferentes estilos, tener tu experiencia en la diversidad”, afirmó en una entrevista. “La pasaba bomba escuchando música y leyendo. Cuando empecé a estudiar guitarra me quedaba tocando y sacando temas. O escribiendo poesías. Pero eso sí, sin dejar de ver a Batman en la tele. Tenía un mundo propio. No era que no disfrutaba el de todos, pero eran como dos mundos paralelos. Mi locura, era armar bandas de rock”, explicó el multiinstrumentista y cantautor.
Tenía 14 años cuando ingresó como bajista a “Madre Atómica”, el grupo de jazz rock que compartía con el Mono Fontana y Lito Epumer. Dos años más tarde se incorporaría al grupo Alas y en 1978 -con apenas 18 primaveras- empezaría a jugar en las grandes ligas junto a tres consagrados como Charly, Lebón y Moro, para darle vida a Serú Girán. Desde entonces, su nombre es una referencia insoslayable en la historia del rock nacional.
Alguna vez le preguntaron qué pasaría si aquel niño de seis años que pidió que le compraran Revolver de Los Beatles se encontrara con el hombre que es hoy. Y la respuesta del ex bajista de Pat Metheny no se hizo esperar: “creo que el pibe se asombraría y pensaría ‘guau, este tipo está haciendo todo lo que yo quiero hacer cuando sea grande’”.
Tal vez por eso, porque los sueños de la infancia jamás deben ser olvidados, Pedro y David decidieron volver a recrear aquellos míticos ensayos de la casa de Liniers, ahora adaptados a un cuatro ambientes de Belgrano, pero con la amistad y la pasión por la música como inexorable telón de fondo. Desde entonces, “Serú Girán por Lebón y Aznar” viene sonando a sala llena en el Movistar Arena y se apresta a girar por todo el país. Hay quienes aseguran que, en cada show, aún flota en el aire un inconfundible aroma a tortilla de papa.
Ricardo Daniel Nicolini
