En este viaje al pasado, un recorrido por la mítica Biblioteca de Alejandría (quinta parte).
Por Alejandro Andrés Bressi (*)
En esta vigésima novena entrega –o papiro N° 29- les propongo conocer la ciencia, la filosofía y las artes en el corazón de la Biblioteca de Alejandría.
La antigua Biblioteca de Alejandría no fue solamente un depósito de libros, sino el centro intelectual más importante del mundo antiguo. Junto con el Museion (o Museo), una institución dedicada a la investigación y al conocimiento que reunió a científicos, filósofos, matemáticos, médicos, poetas y estudiosos de diversas regiones del Mediterráneo. Gracias al apoyo de los gobernantes ptolemaicos, Alejandría se convirtió en un lugar donde la ciencia, la filosofía y las artes florecieron de manera excepcional.
La Biblioteca y el Museion impulsaron el desarrollo científico mediante la observación, el razonamiento y la investigación sistemática. Muchos de los avances que surgieron allí influyeron en generaciones posteriores.
Uno de los personajes más destacados fue Euclides, considerado el “padre de la geometría”. Su obra Elementos organizó de forma lógica los conocimientos matemáticos de su época y fue utilizada como texto fundamental durante más de dos mil años. Sus contribuciones permitieron sistematizar la geometría, establecer métodos de demostración matemática, y sentar las bases de la matemática moderna.
Alejandría fue también un importante centro de observación astronómica. Allí trabajó Aristarco de Samos, quien propuso que la Tierra giraba alrededor del Sol, una idea revolucionaria para su tiempo. Otro científico destacado fue Eratóstenes, director de la Biblioteca, quien logró calcular con notable precisión la circunferencia terrestre mediante observaciones de las sombras proyectadas por el Sol en distintas ciudades. Asimismo, elaboró mapas más precisos del mundo conocido, introdujo el uso de paralelos y meridianos y hasta calculó dimensiones de la Tierra con una precisión sorprendente para el siglo III a. C.
Por otra parte, los médicos alejandrinos realizaron estudios anatómicos muy avanzados para la época. Entre ellos sobresalieron Herófilo, considerado uno de los fundadores de la anatomía científica; Erasístrato, pionero en el estudio del sistema circulatorio y nervioso, cuyas investigaciones mejoraron significativamente el conocimiento del cuerpo humano.
Alejandría se convirtió en un punto de encuentro entre la tradición griega y las culturas egipcia, persa, judía y oriental. Este intercambio cultural favoreció el desarrollo filosófico.
Los filósofos alejandrinos analizaban cuestiones relacionadas con la naturaleza del universo, el conocimiento humano, la ética y la conducta moral, y la relación entre razón y religión. La Biblioteca permitía acceder a textos provenientes de numerosas tradiciones, facilitando la comparación de ideas y el surgimiento de nuevas corrientes de pensamiento.
Las principales corrientes filosóficas presentes en Alejandría fueron el platonismo, inspirado en Platón; el aristotelismo, basado en las enseñanzas de Aristóteles; el estoicismo; y el epicureísmo. Estas escuelas discutían sobre la felicidad, la virtud, la razón y el funcionamiento del cosmos.
Siglos después, Alejandría se convirtió en uno de los principales centros del neoplatonismo, una corriente que intentaba armonizar filosofía, espiritualidad y religión. Entre las figuras vinculadas a esta tradición se destacó Hipatia de Alejandría, una de las intelectuales más importantes de la Antigüedad tardía. Hipatia enseñó matemáticas, astronomía y filosofía, convirtiéndose en símbolo del saber alejandrino.
Pero la Biblioteca también fue un centro fundamental para el desarrollo artístico y literario. Uno de sus principales objetivos era reunir todos los libros del mundo conocido. Se estima que almacenó cientos de miles de rollos de papiro. Gracias a esta labor se conservaron obras de autores como: Homero, Sófocles, Eurípides y Esquilo. Los eruditos alejandrinos copiaban, comparaban y corregían manuscritos para preservar versiones fiables de los textos.
En Alejandría nació la filología como disciplina académica. Los estudiosos analizaban textos antiguos, comparaban distintas versiones de una obra, corregían errores de copia y estudiaban la gramática y el lenguaje. Este trabajo permitió conservar gran parte de la literatura griega clásica.
Por entonces, la ciudad atrajo a numerosos poetas y escritores. Entre ellos Calímaco, quien elaboró los famosos Pinakes, considerados el primer gran catálogo bibliográfico de la historia. La poesía alejandrina se caracterizó por su refinamiento intelectual, la erudición, el cuidado del lenguaje y la innovación literaria.
Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían egipcios, griegos, judíos y pueblos de distintas regiones. Esta diversidad favoreció una intensa mezcla cultural que enriqueció las artes, la literatura, la música y la arquitectura.
La Biblioteca de Alejandría representó el ideal de reunir y difundir todo el conocimiento humano disponible. En ella, la ciencia avanzó mediante la investigación y la observación; la filosofía prosperó gracias al debate intelectual; y las artes encontraron un espacio para la preservación y la creación cultural. Por esta razón, Alejandría es recordada como uno de los mayores centros de saber de toda la Antigüedad y como un símbolo universal de la búsqueda del conocimiento.
Nos encontramos en la próxima entrega. Y recuerden que recibimos sus consultas, sugerencias y opiniones en el correo electrónico: alejandroandresbressi@gmail.com.
(*) Bressi es vecino de Liniers, bibliotecario profesional, exresponsable de la biblioteca José Hernández, profesor de inglés, historiador e investigador de las grandes bibliotecas de la historia.
