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“El pueblo está cansado de dirigentes que hablan de los pobres, pero están lejos de sus necesidades y se dan la buena vida”

El arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, volvió a manifestarse contra las políticas de exclusión, en la misa central de la fiesta grande de San Cayetano. Durante su punzante homilía, el sacerdote convocó a que “se multiplique la justicia social” y, en clara alusión al gobierno de Javier Milei, sostuvo que “la libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y la dignidad de cada persona”. Por estas horas, las primeras cuadras de Cuzco siguen estando repletas de fieles que, en el marco de una compleja situación económica, se acercan a pedir y agradecerle al santo del pan y del trabajo.

Una vez más, como cada 7 de agosto, el barrio de Liniers volvió a convertirse en la capital de la fe. Decenas de miles de almas embargadas por la emoción se dieron cita en el santuario de San Cayetano, allí donde la empatía se hace carne y la desazón se transforma en esperanza, para renovar su fe y rezarle al milagroso patrono de Liniers. Al calor de la imagen del santo del pan y del trabajo, el frío fue apenas una anécdota y la solidaridad se mostró como el denominador común de la jornada. “San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo”, fue el lema de este año, y la impactante escenografía que dominó el templo y sus alrededores desde la madrugada del jueves 6, no hizo más que demostrarlo.

Desde que, a la medianoche, al compás de las tradicionales campanadas, las puertas de hierro del santuario se abrieron de par en par para dar inicio a la festividad católica más convocante de la Ciudad de Buenos Aires, la fila de fieles fue incesante. Algunas horas antes, durante la noche del jueves, miles y miles de devotos se sucedieron a lo largo de más de siete cuadras de cola, donde se ubicaron con sillas plegables, ponchos y termos con mate o café. Entre ellos, un grupo de boy scouts distribuía mate cocido y tortas fritas, mientras en el escenario montado frente al santuario, distintos grupos musicales animaban la noche con repertorios religiosos y folclóricos.

Ya con las primeras luces del alba, comenzaron a acercarse manifestantes de la CTA, la UTEP y los diversos movimientos populares, que poco después marcharían por “paz, pan, tierra, techo y trabajo” desde la esquina de Cuzco y Rivadavia hasta la plaza de Mayo, en el marco de una manifestación que se inició en 2016 en rechazo a las medidas económicas del gobierno y se convirtió en una reedición de las congregaciones populares de 1930 y de la movilización organizada por la CGT en 1984, en terrenos adyacentes a la parroquia.

La misa central de las 11 volvió a estar presidida por el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva. Desde las escalinatas del santuario de Liniers, el sacerdote sostuvo -en una contundente y cruda homilía- que el pueblo está “cansado de promesas incumplidas y de dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y se dan la buena vida”, y advirtió que “la libertad económica no puede ser absoluta”, al citar al papa León XIV, en un mensaje directo al gobierno de Javier Milei.

Posteriormente denunció que “la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles”. En ese marco, recordó que el pueblo sufre el aumento de tarifas, alquileres y alimentos, y lamentó el silencio ante la precariedad salarial y la pobreza. “Mudos cuando no reclamamos pacíficamente que el sueldo no alcanza, y no decimos nada ante hermanos que revuelven la basura para comer”, subrayó.

En otro pasaje dirigido directamente a los responsables políticos, García Cuerva pidió no resignarse ni naturalizar la desigualdad: “El bienestar económico nunca va a llegar al ciudadano común si no hay empatía ni compromiso con los más necesitados”. Y solicitó a San Cayetano que ayude al pueblo a “trabajar por una Patria de hermanos donde nadie sea descartable”.

Con una cita sobre la exhortación apostólica Dilexit te del Papa León XIV, el arzobispo sostuvo que “la ayuda más importante para una persona pobre es promoverla a tener un buen trabajo”, mientras advirtió sobre los créditos que endeudan y la naturalización de la precariedad: “No queremos resignarnos a que el trabajo sea una mercancía ni a que haya que tener dos o más empleos para llegar a fin de mes”.

En ese escenario, reivindicó el pacto de confianza entre San Cayetano y su pueblo: “Somos tuyos y tú eres nuestro. Ayudanos a no dar la espalda ante el dolor de los que sufren”. El mensaje insistió en que la solución no pasa sólo por lamentar la pobreza, sino por “ofrecer lo poco que tenemos”, en un gesto de solidaridad capaz de multiplicarse.

En otro de los tramos del mensaje, volvió a retomar el pensamiento de León XIV y de la Doctrina Social de la Iglesia, que establece límites a la economía de mercado. Sin mencionarlo, fue una crítica velada al andamiaje del gobierno de Javier Milei. “La libertad económica no puede ser absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona”, expresó.

“Jesús sabe que siete panes y unos pocos pescados son muy poco para tanta gente, pero apuesta por la solidaridad y el compartir, porque lo poco que se pone en común se multiplica, como, por ejemplo, cuando cada noche muchas parroquias y otras organizaciones comparten un plato de comida caliente con quienes están en la calle”, afirmó, en un guiño que, esta vez, pareció apuntar al jefe de gobierno porteño, Jorge Macri.

Y agregó: “Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos de solidaridad. Que celebrar hoy a San Cayetano nos anime en el deseo de compartir lo que somos y tenemos, para que realmente todos se sientan invitados a la mesa grande de la Argentina”. Posteriormente, inspirado en León XIV, el arzobispo retomó un concepto que el propio Milei dice aborrecer, y convocó a que se “multiplique la justicia social”, que es “una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio”. Y exhortó a que “por intercesión de nuestro santo patrono, que en nuestro país se multiplique el diálogo, se multiplique la búsqueda de consensos, se multipliquen las oportunidades laborales para los jóvenes, se multiplique el bien común”.

Durante la homilía, García Cuerva también se refirió la confirmación de la visita del Papa León XIV a la Argentina, y anticipó que será una oportunidad para reforzar el mensaje sobre el trabajo y la dignidad humana. Con una cita del Sumo Pontífice, quien a su vez parafraseó al Papa Francisco, recordó: “Trabajando, nosotros nos hacemos más personas, florece nuestra humanidad, los jóvenes se vuelven adultos”. Y continuó: “Estas palabras nos recuerdan que en el centro de cualquier dinámica laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro, sino la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es funcional”. En ese sentido, expresó “esta centralidad, constantemente afirmada por la Doctrina Social de la Iglesia, debe tenerse muy presente en toda programación y planificación empresarial, para que los trabajadores y las trabajadoras sean reconocidos en su dignidad y reciban respuestas concretas a sus necesidades reales”, citó García Cuerva.

El final de las palabras del arzobispo porteño, tuvieron el tono de súplica. “Que San Cayetano -imploró- interceda para que estas palabras del Santo Padre se hagan realidad en nuestra Argentina”.

El símbolo de la devoción en el corazón de Liniers

La imagen de San Cayetano, oriunda de Italia, arribó al entonces incipiente barrio de Liniers en 1875, gracias a las hermanas del divino Salvador, que fundaron una capilla y un colegio dedicados al patrono de la Providencia. Posteriormente, en 1900 se construyó el templo y algunos años después, en 1913, fue consagrado como parroquia.

La devoción por San Cayetano se hizo popular a partir de la crisis de 1930, cuando ante la desesperación de los sectores obreros y populares, el párroco Domingo Falgioni organizó una pastoral que impulsó la veneración del santo, que a partir de allí se transformó en el patrono del pan y del trabajo. Desde entonces, se hizo tradición la concurrencia al santuario de una masiva cantidad de trabajadores locales y de países limítrofes, que cada 7 de agosto se acercan a pedir o agradecer por el trabajo y por sus intenciones particulares. Liniers, entonces, se viste de fiesta

Ricardo Daniel Nicolini

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