El edificio en obra abandonado desde hace años de Juan B. Alberdi y Larrazábal se transformó en un foco infeccioso y en un riesgo latente para vecinos y peatones. Días pasados se desprendió un fenólico de los pisos superiores y de casualidad no se produjo una tragedia. Con cientos de inversores estafados y los responsables del proyecto inmobiliario en la cárcel, el destino de esa mole es un gran interrogante.
Desde hace siete años, un enorme esqueleto de hormigón y cemento se yergue incólume en la populosa esquina de Juan B. Alberdi y Larrazábal. Según consta en los registros del catastro municipal, la obra se puso en marcha el 24 de octubre de 2018, pero se encuentra paralizada desde hace dos años. Se trata de una estructura a medio terminar de ocho pisos de altura, que en sus orígenes prometía departamentos de uno y dos ambientes, cocheras subterráneas y lujosos locales comerciales en planta baja. Hoy, sin embargo, no es más que un foco infeccioso dominado por las ratas, próximo a convertirse en un elefante blanco en el corazón comercial del barrio de Mataderos.
La compleja trama que envuelve el caso se sintetiza en una palabra: estafa. Tal vez la mayor estafa inmobiliaria de la historia argentina, con más de 400 víctimas en diecisiete edificios de la Ciudad de Buenos Aires y casi ciento cincuenta millones de pesos en cheques sin fondo ¿La responsable? Induplack Fiduciaria, una empresa familiar a cargo del clan L’Abbate, encabezado por Vito Antonio L’Abbate –de 67 años- y sus hijos Emanuel Andrés, Santiago David y Juan Ignacio, junto al apoderado Patricio Gastón Flores, los cinco presos desde hace un año, acusados de integrar una asociación ilícita destinada a cometer múltiples estafas inmobiliarias. Según la investigación, la empresa vendía departamentos en construcción que jamás se entregaban y cada unidad tenía hasta seis dueños distintos.
La modalidad era clara: vendían departamentos en pozo a través de fideicomisos, con precios accesibles y planes en cuotas. Firmaban contratos ante escribanos conocidos y mostraban informes de avance de obra falsos. Las unidades se vendían hasta seis veces a distintas personas. Cuando aparecían reclamos, las respuestas eran evasivas, las fechas se corrían, o directamente dejaban de responder. Muchos damnificados descubrieron que los departamentos por los que habían pagado ya estaban ocupados por otros compradores con boletos previos. En algunos casos, incluso, las obras ni siquiera existían. La Justicia acusa a los L’Abbate de haber desviado los fondos para mantener el esquema a través de nuevas empresas.
Además del arresto, la Justicia dictaminó el embargo de cuentas bancarias, marcas, patentes, vehículos e inmuebles. Entre ellos, se identificaron dos propiedades clave: el domicilio fiscal en Montiel 1975, Mataderos, y una propiedad en Caaguazú 6144/54, de Liniers. “Se trata de una familia de varios años en el barrio, que solía operar en la zona”, explica Jorge, uno de los tantos damnificados que prefirió no develar su apellido para evitar represalias. “De ahí que varios de los que invertimos en ese edificio de Mataderos somos vecinos del barrio”, agrega.
Las estafas en cadena se sucedieron entre 2012 y mediados de 2024, cuando la fiscal Mónica Cuñarro pudo darle forma a la acusación y un año más tarde la jueza federal Paula González ordenó la detención de los involucrados, al comprobar que se trataba de una estructura “planificada y organizada para defraudar”.
El 18 de julio del año pasado, el Juzgado Comercial N° 26 dictó la quiebra de la constructora Induplack Fiduciaria s.a. Para los más de 420 damnificados que esperan respuestas judiciales desde hace años, la quiebra representa una nueva amenaza. El temor central es que no sirva para reparar a las víctimas, sino para beneficiar a los “acreedores privilegiados”: los socios, prestanombres y amigos de la familia L’Abbate. Según explican los denunciantes, están ante una posible maniobra de fraude concursal, con vaciamiento patrimonial y administración fraudulenta.
Por de pronto, los denunciantes crearon una casilla de mail para que otros damnificados se sumen al reclamo: damnificadosinduplack@gmail.com o vía Instagram @damnificadosinduplack.
De monumento a la estafa a un peligro para los vecinos
Quien transite por esa esquina podrá observar esa mole abandonada, cuyos accesos de obra se encuentran cubiertos por enormes paneles de madera promocionando las “facilidades” para acceder a un departamento. “Venta directa”, “anticipo + financiación”, postulan, aunque el render arquitectónico con la imagen del edificio terminado se observa oculto tras una sucesión de afiches publicitarios.
“Suelo pasar por allí cada día con el 117 para ir y venir de mi trabajo. Y hace unos días, en una tarde ventosa, vi volar un fenólico enorme que se desprendió de uno de los pisos de arriba del edificio que dan sobre Alberdi. Como el colectivo siguió su marcha por Larrazábal no sé en qué terminó la escena, pero les juro que me imaginé lo peor…”, le contó a este medio una vecina, sin poder ocultar su preocupación.
El corolario de aquella tarde fue bastante leve, si se tiene en cuenta lo que podría haber ocurrido con ese tablón desprendiéndose desde unos diez metros de altura sobre la avenida. “Cayó sobre el puesto y me rozó el brazo, pero por suerte no me pegó de lleno, ni a mí ni a ninguna de las personas que pasaban por la vereda”, expresó la florista a cargo del puesto ubicado justo al pie del edificio, en la esquina sudeste de Juan B. Alberdi y Larrazábal.
Sin embargo, otros tantos fenólicos ubicados en los pisos superiores suelen flamear los días de tormenta y se transforman en una amenaza constante para los cientos de peatones que a diario se desplazan por una de las zonas más transitadas de Mataderos, a media cuadra del icónico cine teatro El Plata.
Pero eso no es todo. Tras dos años de permanecer inactiva y abandonada, la obra se transformó en un nido de roedores y varios de los comercios y viviendas linderas dan cuenta de esta situación. “Es increíble que nadie haga nada con este adefesio. Para muchos vecinos, además de un monumento a la estafa, este edificio a medio terminar ya se transformó en el elefante blanco de Mataderos”, expresa Juan Carlos, que vive a un par de cuadras del lugar.
Mientras tanto, lejos de los dictámenes de la Justicia y de la bronca de los damnificados, en las redes sociales de Induplack -inactivas desde hace más de dos años- aún puede leerse: “Nos dedicamos a la gestión, control y administración del proceso completo de construcción de edificios”. Pero eso sí, a los L’Abbate ya son muchos los que los conocen como “los Cositorto de los departamentos”.
Ricardo Daniel Nicolini

Trabajaban con escribanias del barrio?